Por Arturo Vásquez Urdiales

Circe convertía a los hombres en cerdos, pero ¿acaso no es la más realista de los mitos? ¿No hay, en su magia, una metáfora implacable sobre la fragilidad de la voluntad humana?

La historia es conocida: Odiseo y sus compañeros, tras escapar de monstruos y tempestades, llegan a la isla de Eea, donde la diosa-hechicera Circe los recibe con una hospitalidad engañosa. Los marinos, agotados, caen en la trampa. Ella les ofrece vino y carne suculenta, pero dentro de la copa se esconde un hechizo: el olvido de sí mismos, la disolución de su voluntad. Y en un instante, con un toque de su varita, los hombres se convierten en cerdos.

No es gratuito que Homero haya imaginado este destino. La Odisea, más que una narración de aventuras, es un mapa de las flaquezas humanas. Circe no destruye a los hombres, simplemente revela lo que ya estaba dentro de ellos: el hambre ciega, el deseo de placer, la docilidad ante lo cómodo. No los mata, los degrada. Se vuelven bestias, pero bestias satisfechas, encerradas en su propio letargo.

Falsifican, hieren, ofenden, mienten, engañan, desilucionan. La maldad humana parece no tener límites.

El moly y la resistencia

Pero Homero no deja la metáfora en la desesperanza. Entra en escena Odiseo, el hombre astuto, el que duda pero avanza. Sabe que no puede confrontar a Circe con fuerza bruta; necesita otro tipo de arma. Y entonces aparece Hermes, el mensajero de los dioses, con un remedio: el moly, una hierba negra con una flor blanca, mágica y rara. Solo los dioses pueden arrancarla de la tierra.

El moly es el símbolo de la resistencia contra la corrupción del espíritu.

Odiseo lo bebe y se vuelve inmune al hechizo.

Cuando Circe intenta doblegarlo, él la enfrenta con la espada desenvainada.

No es la violencia lo que la somete, sino la capacidad de no ceder.

Circe, sorprendida, se rinde. En un giro inesperado, no solo lo respeta: lo ama.

Odiseo se queda un año en su isla, y no como un prisionero, sino como un huésped.

¿Qué nos dice este pasaje?

Que el hombre que resiste al embrutecimiento no solo se salva, sino que obtiene un poder inesperado: la admiración de quien intentaba destruirlo. Circe no lo odia por su desafío, lo ama porque es el único que ha demostrado ser algo más que un animal disfrazado de hombre.

Los cerdos de la modernidad

Este mito, tan antiguo, resuena con fuerza en la actualidad. ¿Cuántos hechizos de Circe nos acechan? No necesitamos a una diosa mitológica para ver a los hombres convertidos en cerdos.

La distracción masiva, la publicidad, las redes sociales que nos adormecen con su flujo interminable de estímulos, las ideologías prefabricadas que convierten a los individuos en rebaños obedientes.

¿No es el mundo moderno un banquete de Circe donde pocos recuerdan quiénes son?

El peligro de Circe no es su crueldad, sino su sutileza.

No necesita cadenas ni cárceles; basta con un vino dulce, un poco de complacencia, un toque de olvido.

Y, como en la Odisea, no todos advierten la trampa.

Solo Euríloco, el más escéptico de los marinos, intuye el peligro y huye a avisar a Odiseo.

¿Cuántos Eurílocos quedan hoy en día?

El camino de Odiseo

El héroe de Homero no es el más fuerte ni el más veloz, sino el más lúcido. Odiseo es el que ve, el que duda, el que no se deja seducir sin antes preguntar.

Su viaje es una lucha constante contra la tentación de dejarse llevar.

Mientras sus compañeros se convierten en bestias, él busca caminos.

Mientras los demás se conforman con el letargo, él enfrenta a los dioses con inteligencia.

¿Quién tiene hoy el moly que impide la degradación? ¿Quién conserva la capacidad de decir no al hechizo que convierte a los hombres en algo menos que humanos?

El mito nos recuerda que la resistencia no es solo una cuestión de fuerza, sino de conciencia.

Odiseo se va de la isla de Circe porque sabe que la lucha no termina ahí.

El viaje sigue. Enfrentará el Hades, las Sirenas, el azote de Poseidón.

Y sin embargo, sigue avanzando. Es el héroe que, a pesar de todo, no se rinde.

En un mundo donde muchos eligen ser cerdos, todavía hay quienes prefieren ser Odiseo.

Circe en corto:

Era hija de Helios, el dios del sol, y de Perseis, una ninfa.

Vivía en la isla de Eea.

Era famosa por sus conocimientos de brujería, herboristería y medicina.
Usaba pociones mágicas y una varita para transformar a sus enemigos en animales.
También tenía poderes de control mental.

Relación con Odiseo

En La Odisea, Circe transformó a la tripulación de Odiseo en cerdos.

Odiseo y Circe se enamoraron y tuvieron tres hijos: Agrius, Latinus, y Telegonus.

Representación artística
Circe ha sido una figura fascinante en el arte y la literatura.

En la cerámica griega se la representa en escenas de La Odisea.

Durante el Renacimiento, Circe se convirtió en un tema popular para pintores y escultores.

Otros significados
En la tradición judeocristiana, Circe se vio como una tentación para el héroe en su regreso al hogar.

Dato: los Latinus semos nietos de Circe. Pero también de Odiseo.

El sábado y domingo investigamos. Nos vemos lunes en más letras hipnóticas

Urdiales Zuazubiskar fundación de letras hipnóticas AC ©® quienes les invitamos a compartir esta columna y desarrollar un mundo mejor llenitito de buenos lectores, agradezco mucho su atención.

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