Por el Dr. Arturo Vásquez Urdiales

15 de diciembre de 2024

¿Será una moda decadente hacer un molde de su esfinter y convertirlo en chocolates?

En un mundo saturado de estímulos y obsesionado con la personalización, la noticia sobre la compañía británica Edible Anus, que comercializa bombones moldeados con la forma exacta del esfínter de sus clientes, se convierte en un espejo inquietante de nuestra sociedad. Según un artículo publicado en un diario británico, esta empresa no solo ofrece dulces únicos y hechos a medida, sino que ha ampliado su catálogo a joyería, como anillos que replican esta forma anatómica. La creatividad humana, llevada al extremo, se encuentra aquí con la decadencia cultural.

Dicho en palabras de a centavos, le toman un molde a su esfinter o como mejor quiera llamarlo y con ese Miles hacen bombones y chocolates y recientemente joyas.

La idea, aunque pueda parecer grotesca o caricaturesca, revela mucho más que un simple acto de extravagancia: es una radiografía de nuestra necesidad contemporánea de individualidad extrema y atención desmesurada. La intimidad más privada de un ser humano se transforma, casi literal y simbólicamente, en un objeto de consumo masivo. Un chocolate, en este caso, se convierte en una especie de memento de la obsesión con el “yo”.

Este tipo de fenómenos plantea preguntas fundamentales: ¿dónde están los límites entre el arte y la vulgaridad? ¿Hasta qué punto el deseo de personalización puede socavar el buen gusto o incluso la dignidad humana? En este caso, se supera el mero acto de consumir por placer y se adentra en un terreno simbólico donde el cuerpo, sus formas, y sus tabúes son transformados en productos de mercado.

No es un caso aislado. Edible Anus responde a una tendencia global donde el consumo se vuelve fetiche y el objeto más trivial se convierte en un símbolo de provocación. Estas prácticas reflejan una especie de vacío cultural, en el que la banalidad es disfrazada de innovación. Sin embargo, este vacío también abre el espacio para debates urgentes sobre los valores que sostienen nuestras sociedades.

A fin de cuentas, este tipo de iniciativas comerciales nos confronta con nuestra propia hipocresía: condenamos lo vulgar mientras no podemos apartar la mirada de lo extravagante. Quizás por ello estos bombones no son solo dulces; son metáforas del mundo en que vivimos.

*Fuentes: *Artículo en un diario británico sobre *Edible Anus*. *Y la liga de internet que le comparto por su quiere usted o esa persona amada un molde o un chocolate muy especial.*

Narrador Arturo Vásquez Urdiales quien le invita a compartir esta columna ©®

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