APUNTE DIARIO SOBRE LETRAS HIPNÓTICAS

El vertiginoso trayecto de la eÑe

Semillas de girasol 🌻 del español en castellano

QUIMERA

«Sembremos una semilla de sol… observemos si aparece una quimera.»

Por Arturo David Vásquez Urdiales

Para la niña Lety, que quería saber que es una Quimera

Hay palabras que nacieron para caminar entre la realidad y el sueño. No pertenecen del todo a ninguna de las dos orillas. Son puentes tendidos sobre el abismo de la imaginación.

Una de ellas es quimera.

Hoy la usamos para designar aquello que parece imposible: un proyecto irrealizable, una ilusión desmedida, una esperanza casi inalcanzable. Decimos que alguien persigue una quimera cuando intenta conquistar lo que los demás consideran imposible.

Pero la palabra guarda una historia mucho más antigua.

Procede del latín chimaera, que a su vez proviene del griego antiguo Χίμαιρα (Khímaira).

En la mitología helénica, la Quimera era un ser extraordinario: cabeza de león, cuerpo de cabra, cola de serpiente —o de dragón, según algunas versiones— y aliento de fuego.

Era una criatura imposible, formada por partes incompatibles, una ruptura de todas las leyes de la naturaleza.

No era solamente un monstruo.

Era la representación del imposible.

Quizá por eso la lengua terminó apropiándose de su nombre para designar aquellas ideas que parecen desafiar el sentido común.

Sin embargo, toda gran aventura humana comenzó siendo una quimera.

Lo fue cruzar los océanos cuando el horizonte parecía el fin del mundo.

Lo fue imaginar que una máquina más pesada que el aire pudiera volar.

Lo fue viajar a la Luna.

Lo fue erradicar enfermedades.

Lo fue escribir una enciclopedia.

Lo fue construir bibliotecas donde antes sólo había silencio.

La historia humana es, en buena medida, la historia de las quimeras que dejaron de serlo.

Existe además una curiosa ironía científica.

La biología moderna también utiliza la palabra quimera para describir a un organismo formado por células con distinta composición genética. Lo que comenzó siendo una criatura fantástica terminó convirtiéndose en un concepto técnico perfectamente válido dentro de la genética contemporánea.

La lengua, una vez más, demuestra que posee un extraño sentido del humor.

Las palabras viajan.

Mutan.

Sobreviven.

Se reinventan.

Y continúan nombrando aquello que apenas empezamos a comprender.

Las quimeras no siempre son peligrosas.

Muchas veces son necesarias.

Porque quien jamás imagina lo imposible termina aceptando como definitivo lo simplemente existente.

Las civilizaciones progresan gracias a quienes se atreven a pensar aquello que todavía no existe.

El inventor.

El científico.

El poeta.

El artista.

El filósofo.

Todos comienzan habitando una quimera.

Naturalmente, no toda quimera merece perseguirse. Existen también las ilusiones vacías, los espejismos que consumen una vida sin conducir a ninguna parte. La sabiduría consiste en distinguir entre la fantasía estéril y el sueño creador.

Ahí reside una de las tareas más difíciles del ser humano.

Saber qué imposible merece nuestro esfuerzo.

Quizá por eso el español conserva esta palabra con tanta elegancia. No condena el sueño; simplemente nos recuerda que toda realidad fue, alguna vez, una imaginación.

En Letras Hipnóticas nos gusta sembrar palabras como quien deposita semillas de girasol bajo la tierra. Algunas permanecerán dormidas durante años. Otras brotarán mañana. Y unas cuantas, las más inesperadas, florecerán cuando nadie las esperaba.

Hoy sembramos una.

Quimera.

Tal vez algún lector la encuentre dentro de sí mismo.

Tal vez descubra que aquello que el mundo llamó imposible era únicamente una semilla esperando la estación adecuada.

Porque, después de todo…

sembremos una semilla de sol… y observemos si aparece una quimera.

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