Apunte diario sobre letras hipnóticas.

De las calles de la ciudad de México a Salamanca

Por el Dr. Arturo David Vásquez Urdiales

He escrito con lágrimas, con noches en vela, con rabia y dulzura, con el corazón hecho jirones, con la pluma de la experiencia y la tinta del destino. He escrito porque escribir es resistir, porque resistir es vivir, y porque vivir —a pesar de todo— es un acto de creación.

Hoy, con el alma en la mano y la mirada en alto, recibo el Máster en Escritura Creativa en Español de la Universidad de Salamanca, España. Ni más ni menos. Esa Salamanca donde el idioma se pulió como piedra preciosa, donde Cervantes respiró el aire que todavía vibra entre estantes y claustros. No creo —ni en sueños— escribir como ese extraordinario autor del ingenioso hidalgo, pero sí fui a su misma escuela, que chingao decimos en México, tierra de chamanes y chalanes.

Y eso me basta.

Porque hace 45 años, era un niño de la Ciudad de México, con una infancia expuesta a la calle, al ruido de los mercados, a los golpes de la vida y al bullicio de un barrio donde la literatura parecía un lujo lejano.

Pero encontré en los libros el refugio, el refugio se hizo verbo, y el verbo me hizo hombre, vaya pues!

Desde entonces no he dejado de escribir.

Todos los días.

Mi proyecto vital: el “Apunte diario sobre letras hipnóticas”, ha sido mi faro, mi testigo y mi espejo, gracias a ustedes por leerme.

Por eso, hoy no sólo celebro un título, un cartón pues. Celebro un recorrido.

Celebro el valor de levantarse con una idea y acostarse con un párrafo.

Celebro cada vez que un niño abre un libro en vez de una red social.

Celebro cada vez que alguien dice: “quiero aprender”.

Celebro, sí, porque a pesar de los pesares, la educación es un acto de fe en el futuro.

Y aquí va mi humilde himno, en homenaje al espíritu del Señor de la Mancha:

“Soñar el alma, escribir sin miedo,
romper el viento con verbo y fuego,
subir la cuesta con tintero en mano
y gritarle al mundo: yo soy humano.”

Medio remendado Pero humano. Cada costura de cada herida es un triunfo y no me avergüenzo.

Invito a todos, desde estas líneas, a que sigan el derrotero de la educación.

Lean todos los días.

Edúquense todos los días.
Esfuércense todos los días.

No por títulos, ni por aplausos, sino porque hay dignidad en el acto de aprender, y belleza en el acto de enseñar.

Gracias, Universidad de Salamanca, por haberme recibido, por haber creído en mi voz.

Gracias a la vida por permitirme escribir esta historia,
una historia que comenzó en la calle
y que hoy se escribe desde un escritorio lleno de libros,
con una sonrisa,
y un diploma que dice:

“Máster de Escritura Creativa en Español”

en la lengua de Cervantes,
en la cuna del idioma,
y en honor a todos los que escriben desde el alma.

Gracias a la humanidad.

Arturo David Vásquez Urdiales.

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