El mes del amor

A qué Cupido tan.. carbón…

Por Arturo Vásquez Urdiales

03 de febrero de 2025

Cupido, ese bribón alado de pañales sospechosamente inmaculados, ha vuelto a hacer de las suyas. ¡Y no en el buen sentido! A estas alturas de la historia, ya deberíamos haberle hecho una auditoría.

¿Cuántos corazones rotos le debemos a su mala puntería? ¿Cuántos amores imposibles, romances fugaces y enamoramientos tóxicos son obra de su flecha torcida?

Porque no nos engañemos: ese angelito con cara de querubín renacentista claramente no es un profesional.

O está borracho, o le fallan los lentes, o le da igual y dispara a lo loco, como si su única misión en la vida fuera sembrar el caos emocional.

Y no es por alarmar, pero hay rumores de que usa un algoritmo peor que el de las aplicaciones de citas. Sigo pensando que trae de socio al sicario de Baco.

Y si creían que Cupido actuaba solo, permítanme desmentir esa ingenuidad. No, no, no… ese pillo no opera sin compañía.

Si hay alguien que lo abastece de valentía líquida, que le sopla malas ideas al oído y le ayuda a desparramar corazones por el mundo, ese es Baco.

Sí, el mismísimo dios del vino, la fiesta y la resaca emocional.

Porque, seamos honestos, ¿cuántos romances no han nacido gracias a la influencia de Baco? Esos amores de bar, de madrugada, de copas de más y de lucidez de menos.

Y ahí está Cupido, acechando en las sombras, esperando el momento perfecto para soltar una flecha cuando las víctimas ya están mareadas y vulnerables.

Porque, claro, la combinación de flechazo y brindis es letal: primero la pasión desenfrenada, luego la cruda realidad y, al final, el despecho con banda sonora de baladas tristes.

Y con los años, el juzgado, la pensión y el tendedero.

El hombre, ¡Ho pobre iluso! Víctima de los vaivenes terroríficos de los caprichos de los Dioses!

Olímpicos canallas.

Lo peor es que estos dos operan como un dúo de sicarios emocionales.

Baco adormece la razón, Cupido dispara y, cuando uno menos lo espera, ya está enviando mensajes que nunca debió escribir o jurando amor eterno a alguien cuyo nombre apenas recuerda.

Y luego, cuando el hechizo se desvanece, ahí está Baco para ofrecer otra copa y decir con tono cómplice: “Olvida el drama, ¡vamos por otra … ronda!”.

Así que no se dejen engañar: el amor a primera vista es casi siempre obra de Cupido y Baco en complicidad.

Si quieren saber si es amor de verdad, esperen a que pase el efecto del vino… y de la flecha.

O la cruda.

Hablemos claro: Cupido es un dios sin regulación. ¿Qué clase de divinidad traviesa, en pleno siglo XXI, sigue utilizando arcos y flechas cuando el mundo ya maneja inteligencia artificial? Lo mínimo que debería hacer es actualizarse: un formulario digital, un estudio de compatibilidad, algo de ética profesional.

Pero no, él sigue lanzando flechazos a la vieja usanza, sin garantía de devolución ni servicio al cliente.

¿Y qué decir de su primo en desgracia, Eros?

Es que eros es Romano. Latino pues. El otro desmadrosito es griego.

Más que dios del amor, parece gerente de marketing de una industria clandestina de emociones adulteradas.

Promete pasión eterna, pero solo entrega desvelos, malos entendidos y deudas en restaurantes caros. Un charlatán de la vieja escuela.

Y de la tarjeta de crédito ni hablamos .

Así que, queridas víctimas del amor errático, si en este mes sienten un flechazo inesperado, antes de caer en sus redes pregúntense: ¿fue Cupido o fue el exceso de café y la falta de sueño? Porque en esta era de cibernética y redes sociales, el amor ya no es solo cuestión de destino… también es cuestión de un algoritmo fallido o un travieso dios con pésima puntería.

¡Feliz febrero y que Cupido no los agarre en curva!

Salud.

Feliz inicio de semana 🎉.

Arturo ✓

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