Por Arturo Vásquez Urdiales
22 de diciembre
*Es increíble que por estos días le dices a cualquiera de cristal “juega” cómo medio de expresión que claramente significa que ya estamos de acuerdo en algo y que hay que poner manos a la obra y te dicen con increíble desfachatez: que es “juega”.
Increíble también que ahora es “buen día” en el estilo de Buenos Aires, y los mexicanos siempre hemos usado el español extensivo y apreciativo de desearle a todos “buenos días”, sin límite y generosamente, hoy y siempre, no limitar al hoy simple y fantasma, pero ese es otro apunte.
Otro apunto es también el jitomate, de cuando acá, sus altezas, le dicen jitomate al pobre y sencillo tomate que hasta en inglés es tomate, no dices ketchup de jitomate, verdad, pero la banda es castrosa. Así con la expresión “juega”. Así:
Hay palabras que, como relámpagos, prenden fuegos en el alma y encienden el motor de la vida. Entre ellas, pocas tienen el brío del “juega”. Esa sílaba breve, casi un susurro urgente, encierra un llamado tan poderoso que sacude estadios, encumbra héroes y derrumba titanes. “Juega” no es solo un verbo; es un grito, una orden, un compromiso. Es el sí de los audaces, el rugido del instinto que deja atrás las dudas.
Capítulo I: El verbo que todo lo mueve
Imagina el clamor de un estadio, ese rugir que parece el eco de mil tormentas. En medio del caos, el balón rueda hacia un delantero indeciso. Entonces, desde la banca, el entrenador grita con toda su fuerza:

“¡Juega!”*
En ese instante, “juega” no significa simplemente mover la pelota; significa “actúa, arriesga, toma las riendas de tu destino”. Es un conjuro que desata la acción, un recordatorio de que el momento de ser valientes es ahora, porque después solo quedará la amarga sombra de lo que pudo ser.
En el tenis, un entrenador alza la voz: “Juega”.* Y aunque parece un consejo, en realidad es una sentencia:
“No pienses en el saque ni en el viento. Agarra la raqueta como si fuera una espada y defiende tu reino.”
Esa es la magia de “juega”: transforma la pasividad en acción y el miedo en impulso.
Capítulo II: Juega, porque la vida es un deporte sin banca
Pero no todo es fútbol, tenis o básquetbol. “Juega” también rige la vida diaria. Es lo que susurras a un amigo cuando duda:
“¿Acepto ese trabajo?”
“¡Juega!”*
No porque sepas si le irá bien o mal, sino porque entiendes que, en la danza cósmica de la vida, el único error verdadero es quedarse inmóvil.
¿Nunca te ha pasado? Estás en una reunión de amigos, y alguien propone:
“¿Nos lanzamos otra ronda de tacos?”
Sin dudarlo, alguien exclama: “¡Juega!”. Ese “juega” no solo significa “hagámoslo”, sino que lleva implícito un compromiso:
“Estamos juntos en esto, y si engordamos, será con orgullo.”*
Incluso en los momentos más simples, como cuando decides entre pedir postre o no, un valiente grita: “¡Juega!”*. Y de pronto, estás compartiendo un pastel de chocolate que sabe a triunfo.
Capítulo III: “Juega” es más que acción; es filosofía
El “juega” no se detiene en las canchas ni en las sobremesas. Es un lema de vida. Es el recordatorio de que el tiempo no se detiene, y si tú no actúas, alguien más lo hará. El “juega” nos enseña que no podemos vivir esperando el momento perfecto, porque lo perfecto es lo que hacemos ahora, con lo que tenemos.
En el fondo, “juega” es una afirmación de fe: fe en el instante, fe en ti mismo, fe en que el riesgo es mejor que la inacción. Cuando alguien grita “¡Juega!” lo que está diciendo es: “Confío en que el mundo se mueve contigo, no contra ti.”*
*Así, querido lector, la próxima vez que escuches este grito —en un estadio, en una mesa de amigos, o incluso en el silencio de tu mente— no lo tomes a la ligera. Responde con valentía, porque la vida, como el deporte, no se detiene por los indecisos. Y si hay algo que nos enseñan las letras hipnóticas, es que el juego, como la existencia misma, se gana jugándolo.
Y por favor, diga usted “buenos días”, no “buen día”, que argentino no es. Y Tomate, que “ji” es el prefijo Náhuatl para “lugar” y usted no se come su salsa de “lugar de tomates”. En fin…
Arturo Vásquez Urdiales
Desde la tribuna de lo extraordinario, donde la palabra “juega” resuena como el eco de un alma que jamás se rinde.


