Narrador Arturo Vásquez Urdiales

19 de diciembre de 2024

Explicación breve

En un acto de humildad y gratitud hacia la Divina Presencia y los Altos Hermanos Iluminados que nos han permitido revelar apenas un fragmento del conocimiento Profundo del Universo, el cual desconocemos.

Reconocemos que estas palabras son un regalo para el bien del hombre y para inspirar bondad en su corazón, siempre bajo la guía del Elevado Maestro Ariel.


Oración

:

Con humildad pedimos disculpa y damos gracias a la Divina Presencia y a los Amados Hermanos por permitirnos compartir un destello de la verdad eterna, bajo la guía del Elevado Maestro Ariel, para la gloria del bien y la bondad en el hombre.

Ego Sun:

Cum humilitate veniam petimus et gratias agimus Divinae Praesentiae et fratribus dilectis, qui nobis concesserunt scintillam veritatis aeternae communicare, sub ductu Elevati Magistri Ariel, ad gloriam boni et humanitatis benignitatem.

Apunte:

En el abismo del tiempo, donde los ecos de órdenes sagradas y hermandades silenciosas resuenan con el murmullo de lo eterno, nos encontramos frente a la Rubedo, la fase final de la transmutación alquímica.

Más que una etapa de la Gran Obra, es el clímax donde el plomo del espíritu humano se convierte en oro puro, el instante en que lo mundano se sublima en lo divino.

La Rubedo: el fuego de la iluminación

En la alquimia, la Rubedo simboliza el amanecer del alma tras cruzar las noches de la Nigredo y las purificaciones de la Albedo.

Este rojo profundo no es simplemente el color del fuego: es la sangre de la vida, el soplo divino que recorre nuestras venas. Es aquí donde el iniciado se encuentra con el Altísimo, cuyo nombre está velado, pues pronunciarlo sería desatar la creación misma.

Los rosacruces, guardianes de este conocimiento, entendieron que la Rubedo es tanto un estado del alma como del cosmos. En sus textos secretos, el color rojo se asocia con la presencia del Espíritu Santo y la consumación del matrimonio místico entre el alma y la divinidad.

La afrenta y la purificación

La transmutación no es un regalo, sino una afrenta. Cada paso del iniciado está marcado por pruebas que desafían su cuerpo, mente y espíritu. En los ritos de las órdenes cuyo nombre está prohibido, se decía que aquel que buscara la iluminación debía enfrentarse a la Abyssus, un vacío interno donde las sombras del ego buscan devorar la luz naciente.

La afrenta es necesaria: solo al atravesar el fuego del caos, el iniciado puede despertar a su verdadera naturaleza. Las órdenes templarias enseñaban que la espada no solo corta el cuerpo, sino también las ilusiones del mundo. Así, el templario, como el alquimista, debe ser forjado en el yunque de la adversidad.

El conocimiento secreto de las órdenes

Las órdenes rosacruces y templarias no eran meros grupos de místicos. Eran arquitectos de lo sagrado, custodios de los misterios celestes. En sus rituales, el lenguaje y los símbolos eran claves para desbloquear puertas a otras dimensiones del ser. El sigillum rubedo (sello rojo) era el emblema de la culminación espiritual, un símbolo reservado solo para aquellos que alcanzaban la maestría en la Gran Obra.

En el silencio de sus reuniones, los hermanos iluminados invocaban a los elevados arcángeles y a la presencia del Altísimo con palabras de poder, cuyo eco resonaba más allá de este plano. Los textos sagrados rosacruces hablan de estas invocaciones en latín, cuidadosamente pronunciadas para abrir los cielos:

“Adveni, Altissime, in rubro sigillo tuae gloriae! Fiat lux in tenebris! Adjuva nos, Michael, Raphael, Gabriel, et sancti fratres illuminati. Fiat voluntas tua sicut in caelo, et in terra.”

(Ven, Altísimo, en el sello rojo de tu gloria. Hágase la luz en las tinieblas. Ayúdanos, Miguel, Rafael, Gabriel, y santos hermanos iluminados. Hágase tu voluntad así en el cielo como en la tierra.)

*Estas palabras, pronunciadas en un círculo de protección trazado con el polvo de la *lapis philosophorum* (piedra filosofal), no solo llamaban a la protección divina, sino que abrían el camino para que el iniciado pudiera ascender por la escalera mística hacia el infinito.

La conexión metafísica con los alquimistas

Los hermanos alquimistas veían en la Rubedo una unión con el Todo.

En sus tratados, la piedra filosofal no era solo un objeto físico, sino un estado del ser en el cual lo limitado se disuelve en lo eterno. Esta piedra, según la tradición, contenía la clave para comprender la creación, la transformación y la eternidad.

En sus reuniones secretas, los rosacruces y alquimistas utilizaban símbolos como el fénix, que representa la resurrección, y el uroboros, la serpiente que se devora a sí misma, como recordatorios de que todo fin es un comienzo.

El proceso alquímico era más que una metáfora: era un ritual que involucraba tanto al cuerpo como al alma. Cada paso era guiado por invocaciones a los arcángeles, que actuaban como guardianes del umbral entre este mundo y el siguiente:

“Sancte Raphael, medicus Dei, ostende nobis iter in tenebris. Sancte Michael, custos celestis, defende nos a malo. Fiat Rubedo in aeternum!”

(San Rafael, médico de Dios, muéstranos el camino en las tinieblas. San Miguel, guardián celestial, defiéndenos del mal. ¡Hágase la Rubedo para siempre!)

La eternidad en un símbolo

Al observar la Rubedo, entendemos que los cuentos como Caperucita Roja son más que simples relatos: son mapas cifrados de la transformación del alma. El bosque es la prueba, el lobo es el desafío, y la capa roja es el llamado a la transmutación.

En las órdenes secretas, los hermanos iluminados nos recordaron que el conocimiento no es un privilegio, sino una responsabilidad. Somos llamados a atravesar el fuego, a enfrentar la afrenta y a invocar al Altísimo con humildad y devoción. Solo entonces, tras cruzar el abismo, podremos llevar la luz al mundo.

“Ad gloriam Altissimi et pacem perpetuam, fiat transmutatio nostra!”*

(Para la gloria del Altísimo y la paz eterna, ¡hágase nuestra transmutación!)

La Rubedo bajo la mística de las órdenes iniciáticas

En las órdenes iniciáticas y alquímicas, la Rubedo es el momento culminante de la Gran Obra, un proceso simbólico que representa la transformación espiritual del ser humano. Es el punto en el que el iniciado, tras pasar por la oscuridad de la Nigredo (muerte y disolución) y la purificación de la Albedo (iluminación y claridad), alcanza la realización plena y se une con lo divino.

Rubedo*, que significa “enrojecimiento”, simboliza el despertar del espíritu y la manifestación de la luz interna en el mundo físico. En esta etapa, el ser humano deja de ser un aprendiz y se convierte en un maestro, unificado con el cosmos y en sintonía con la verdad eterna. Es el equivalente a la resurrección espiritual, el matrimonio místico entre el alma y lo divino, donde el fuego interior arde con la pureza del oro alquímico.

Para los místicos, la Rubedo no solo es el fin del camino, sino el inicio de un servicio sagrado: llevar luz y sabiduría al mundo.

Narrador Arturo Vásquez Urdiales Zuazubiskar quien le invita a compartir esta columna.

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