Código de Ética de Letras Hipnóticas
Del Vertiginoso trayecto de la ñ y de Semillas de 🌻 del español en castellano.
Por Arturo David Vásquez Urdiales
Se pide al diarismo comunicólogo publicar su código de ética.
Nombrar a un procurador del lector a guisa de interventor.
Pues bien:
Yo, caminante del vertiginoso camino de la ética:
Nombro como procurador interventor de Letras Hipnóticas a….
Vamos por partes :
Ética
Semillas de girasol 🌻 del español en castellano
Ética: la costumbre de hacer el bien cuando nadie nos obliga
Hay palabras que parecen tan familiares que dejamos de preguntarnos de dónde vienen. Una de ellas es ética.
La voz ética procede del griego antiguo ἠθική (ēthikḗ), derivada de ἦθος (êthos), palabra que significaba originalmente carácter, modo de ser, manera habitual de vivir. No se refería a una ley escrita ni a un reglamento impuesto desde fuera, sino a aquello que una persona llega a ser por la repetición constante de sus actos.
Los romanos tradujeron esa idea mediante el latín ethica, mientras que la palabra moral proviene de mos, moris, que también significa costumbre. Desde su origen, ambas palabras caminaron juntas: la ética reflexiona sobre cómo debemos vivir; la moral reúne las costumbres con las que una comunidad intenta vivir.
Aristóteles enseñó hace más de dos mil trescientos años que la ética no consiste en aprender definiciones, sino en formar el carácter. Nadie se vuelve justo leyendo un libro sobre justicia, sino practicándola. Nadie se vuelve honesto por firmar un código, sino comportándose con honestidad incluso cuando nadie lo observa.
Por eso, un código de ética nunca debería ser un documento para decorar una pared. Debe ser un compromiso con uno mismo.
Todos necesitamos ética. El escritor cuando escribe. El periodista cuando informa. El médico cuando decide un tratamiento. El juez cuando dicta una sentencia. El notario cuando da fe. El empresario cuando administra recursos. El maestro cuando educa. El científico cuando investiga. Y el gobernante cuando ejerce el poder que la sociedad le ha confiado.

Mientras mayor es la responsabilidad, mayor debe ser la exigencia ética.
La ética no consiste en exigir que los demás digan lo que queremos escuchar. Consiste en actuar de manera que nuestras propias palabras puedan sostenerse frente al tiempo, frente a la verdad y frente a la propia conciencia.
Quizá esa sea la semilla de hoy.
La ética no nace del miedo al castigo. Nace del respeto por la dignidad humana.
Y el Duende Urdiales, caminante del vertiginoso trayecto de la ñ, sonríe mientras recoge esta palabra del polvo de los siglos para volver a sembrarla. Porque sabe que los pueblos no se construyen únicamente con leyes. También se construyen con mujeres y hombres cuyo carácter vale tanto como su palabra.
Nuestro Código de Ética
La ética no es un uniforme que se viste para exigirle al prójimo. Es una manera de caminar. No se proclama desde un estrado; se demuestra en cada palabra, en cada acto y en cada silencio.
Letras Hipnóticas nace con una convicción sencilla: escribir para comprender mejor al ser humano, no para dividirlo; investigar para acercarse a la verdad, sabiendo que la verdad exige humildad; defender la libertad de expresión, recordando siempre que la libertad encuentra su mayor fortaleza cuando va acompañada de responsabilidad.
Por ello, esta columna adopta los siguientes principios:
- Buscar la verdad con honestidad intelectual, distinguiendo con claridad los hechos comprobables de las opiniones y reflexiones personales.
- Investigar antes de afirmar. Rectificar cuando existan errores y reconocerlos con transparencia.
- Respetar la dignidad de todas las personas, incluso de quienes piensan distinto. La crítica podrá ser firme, pero nunca deshumanizante.
- Defender la libertad de expresión como un derecho fundamental, entendiendo que la censura empobrece a la sociedad y que el debate respetuoso la enriquece.
- Promover el pensamiento crítico antes que el pensamiento único. Ningún lector debe sentirse obligado a coincidir; basta con que encuentre motivos para reflexionar.
- Reconocer que el idioma español pertenece a todos sus hablantes. Las palabras no son propiedad de una ideología, de un gobierno ni de una generación.
- Rescatar del olvido palabras, historias, personajes y episodios que ayuden a comprender mejor nuestra cultura y nuestra condición humana.
- Procurar que el humor jamás sustituya a los argumentos, aunque muchas veces sea el mejor vehículo para acercarse a ellos.
- Entender que el escritor también aprende de sus lectores. Nadie posee el monopolio de la razón.
- Recordar siempre que la ética no consiste en exigir a los demás aquello que uno mismo no está dispuesto a practicar.
Este código no pretende ser perfecto. Pretende ser un compromiso cotidiano. Porque la ética no vive en los discursos, sino en la conducta.
Y quizá convenga recordar una reflexión final.
Una sociedad necesita códigos de ética para periodistas, escritores, médicos, jueces, notarios, empresarios, maestros, científicos, gobernantes y servidores públicos. Mientras mayor sea la responsabilidad confiada a una persona, mayor debe ser también la exigencia ética que asuma libremente.
La ética no aumenta ni disminuye con el cargo. Lo que aumenta es la responsabilidad de quien lo ejerce.
El Duende Urdiales continuará recorriendo el vertiginoso trayecto de la ñ, rescatando palabras del polvo de los siglos. No aspira a que todos piensen igual. Aspira, simplemente, a que nadie deje de pensar.
Porque la ética, al final, no consiste en obligar a otro a decir lo que queremos escuchar. Consiste en vivir de tal manera que nuestras propias palabras resistan el juicio del tiempo.
Nombramiento de procurador sensor:
Decreto humorístico de Letras Hipnóticas
Con fundamento en la libertad de pensar, de leer y de sonreír, se nombra Procurador Honorario de la Conciencia de Letras Hipnóticas al señor que vende tortas de la esquina; Subprocuradora de la Sabiduría Popular a la señora de los tamales; Visitador General del Sentido Común al repartidor de Didi; Inspector de la Realidad Cotidiana al carnicero; y Consejeros Permanentes al bolero, al taxista, al panadero, al barrendero, al albañil, al maestro, al campesino, al médico, al estudiante y a toda persona de buena fe.
Ellos no revisarán manuscritos para censurarlos. Revisarán nuestras ideas con algo mucho más valioso: la experiencia de la vida diaria.
Porque el mejor censor de un escritor no es el poder. Es el lector libre.
Y el mejor código de ética no es el que impone un gobierno ni una empresa, sino el que cada persona es capaz de cumplir cuando nadie la está observando.
Con mucha Pero mucha ironía:
El último de los moicanos etílicos:
Arturo.


