El vertiginoso trayecto de la eñe

Apunte diario sobre letras Hipnóticas

Por el Dr Arturo Urdiales

Urdemalas

Bribón, marrullero

La palabra Urdemalas no nació como un apellido común, sino como un sobrenombre. Está formada por el verbo antiguo urdir, que significa tramar, tejer, preparar con astucia o en secreto, y malas, es decir, malas artes, malas pasadas o malas tretas. En conjunto, Pedro de Urdemalas es, literalmente, Pedro, el que urde malas tretas.

Pero el español es mucho más rico que un solo nombre. Alrededor de Pedro florece toda una constelación de voces:

Pícaro: protagonista de la novela picaresca; ingenioso, superviviente.

Bellaco: en otro tiempo, bribón o malicioso; hoy puede usarse en tono jocoso.

Truhán: quien vive del ingenio, las burlas y las tretas.

Tunante: vagabundo astuto y simpático.

Bribón: pícaro o aprovechado.

Socarrón: quien esconde la ironía bajo una apariencia seria.

Ladino: originalmente, quien hablaba romance; después, persona muy sagaz y astuta.

Zorro: metáfora clásica de la astucia.

Artero: el que actúa con maña y disimulo.

Mañoso: habilidoso para resolver situaciones con ingenio.

Embaucador: quien convence mediante el engaño.

Tramposo: quien altera las reglas en su beneficio.

Fullero: el que hace trampas, especialmente en el juego.

Marrullero: astuto, calculador y disimulado.

Taimado: prudente y reservado con intención de sacar ventaja.

Sagaz: de inteligencia aguda y perspicaz.

Ingenioso: capaz de hallar soluciones inesperadas.

Lo fascinante es que el español no los considera sinónimos perfectos. No es lo mismo un pícaro que un bribón; no es igual un socarrón que un marrullero; no es lo mismo un truhán que un fullero. Cada palabra ilumina un rincón distinto del carácter humano.

Pedro de Urdemalas es, quizá, el único personaje capaz de reunirlas casi todas sin agotarlas. No era un ladrón de caminos: era un ladrón de solemnidades. No vencía con la espada, sino con la palabra. Y por eso, cuatro siglos después, sigue caminando por el idioma español, donde cada nueva generación le regala un nombre distinto, pero siempre le reconoce la misma sonrisa.

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