Apunte diario sobre Letras Hipnóticas.

Por Arturo Vásquez Urdiales.

Madrid tiene la extraña costumbre de esconder sus lecciones más profundas en las esquinas más pequeñas. No en los palacios. No en las academias. Las esconde en los callejones, en las tabernas, en los muros donde alguna vez alguien escribió una frase que sobrevivió más que los discursos de cien gobernantes.

Don Francisco de Quevedo, poeta inmortal y vecino mal educado, acostumbraba aliviar la vejiga siempre en el mismo rincón.

Los propietarios, desesperados, pintaron una cruz en el muro. Nadie se atrevería a faltarle el respeto a un símbolo sagrado.

Olvidaban que estaban tratando con Francisco de Quevedo. El poeta miró la cruz, sonrió y siguió haciendo exactamente lo mismo. Los vecinos añadieron entonces una advertencia:

“Donde se ponen cruces no se mea”.

A la mañana siguiente apareció la respuesta escrita debajo:

“Donde se mea no se ponen cruces”.

La cruz no transformaba la realidad. La realidad terminaba transformando la cruz. La advertencia no resolvía el problema. La advertencia intentaba ocultarlo. Y las paredes tienen una manera muy cruel de recordar la verdad, porque sólo conocen hechos, no discursos.

¿Por qué me acordé.?

He recordado esta vieja historia mientras observo los acontecimientos de nuestro tiempo. Las naciones también tienen esquinas donde se repiten los mismos errores. Y México, ay México, parece empeñado en pintar cruces sobre un muro que huele cada vez peor.

El 6 de mayo de 2026, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, advirtió que su gobierno ejecutaría operaciones terrestres unilaterales en México si el país no intensificaba el combate al tráfico de drogas, afirmando que los grupos criminales “gobernaban” México. Trump acusó al país de ser “el epicentro de la violencia de los cárteles de la droga en la región”. La respuesta de la presidenta Claudia Sheinbaum fue, en esencia: “Envíen pruebas”.

Suena razonable, ¿verdad? Pedir pruebas antes de actuar. El problema es que las pruebas no son el problema. El problema es que mientras México pide pruebas, los cárteles siguen haciendo su agosto. Y no es que falten cruces pintadas.

Las hay a montones. Días antes, la administración Trump había presentado solicitudes de detención provisional contra diez funcionarios y exfuncionarios de Sinaloa, incluido el gobernador hoy con licencia Rubén Rocha Moya, acusados de delitos relacionados con narcotráfico. Sheinbaum declaró que “no hay ningún riesgo” en que estos acusados se entreguen a Estados Unidos.

No hay ningún riesgo. Como no había ningún riesgo en la cruz pintada.

El gobierno presume de resultados: 43,438 detenidos por delitos de alto impacto entre octubre de 2024 y enero de 2026, más de 327 toneladas de droga aseguradas, una reducción del 42% en homicidios dolosos.

Aún hay madres buscadoras.

La presidenta afirmó que México ha trasladado a más de 90 personas perseguidas por autoridades estadounidenses que se encontraban en cárceles mexicanas. De esas 90, no se tiene una evidencia clara de haberse sacado del país preservando el debido proceso.

Sin embargo, también hay otro número: entre enero de 2018 y mayo de 2026, México presentó 269 solicitudes de extradición a Estados Unidos y no ha sido entregado ninguno de los solicitados. 269 solicitudes. Cero entregas. Mientras tanto, México exige reciprocidad. El canciller Roberto Velasco informó que el gobierno de Estados Unidos no ha aceptado ninguna de esas 269 solicitudes.

Si bien en noviembre hay elecciones intermedias en el país del norte, en México hay muertos a diario y la crisis política/seguridad hacen un binomio de decrecimiento de -0.28 en el PIB. Que lamentable que la puntada de cambiar el PIB por MDF (Medidas de Felicidad) no pegó.

269 cruces pintadas. Cero albañiles. Y -0.28 % de decrecimiento.

La respuesta, una reforma inmediata para, por decreto, declarar nulas las elecciones si sospecha de intervención extranjera.

Que se haga justicia en los lomos de mi compadre.

Lo que se diga recuerda a Quevedo y sus singulares vecinos, ese Quevedo era un loquillo.

En medio de las tensiones, el secretario de Seguridad Nacional de Estados Unidos, Markwayne Mullin, visitó México para fortalecer la cooperación en seguridad. Sheinbaum informó que ambos países acordaron “seguir colaborando conjuntamente en el marco del respeto de nuestros países”.

¿Y los 10 funcionarios acusados? ¿Y las pruebas que exige México? ¿Y los cárteles que supuestamente gobiernan el país? Todo queda para otra reunión. Otra cruz pintada.

— Se las van a aplicar!!!!!

La geopolítica, como la vejiga de Quevedo, no espera.

Las grandes potencias actúan movidas por intereses, no por sentimentalismos. Cuando perciben amenazas a su seguridad, reaccionan. A veces con diplomacia. A veces con presión económica. A veces con misiles. Trump no ha tenido reparo en alardear de ellos: “Vamos a usar misiles, son extremadamente precisos, directo a la sala. Y será el final de ese miembro del cártel”.

Está como el posible tirador del rifle de balines de la feria de Santiago Minas, hombligo del mundo y Villa de María Santísima:

Le urge jalar el dedo.

La soberanía no es un discurso. La soberanía es capacidad.

Capacidad para gobernar, para impartir justicia, para garantizar seguridad. Y sobre todo, para hacer que la ley sea más fuerte que quienes desean destruirla. No para pedir pruebas mientras los problemas se multiplican, porque claramente enredado ya está, y para enredos nosotros. En ocasiones la burocracia mexicana encuentra 29 problemas en cada solución.

Este escritor de letras Hipnóticas no duda de la capacidad de resolver, Pero también de enredar. Al fin, México es México. Y claro que los graves problemas de México no se resuelven con esta tinta electrónica. Todos debemos de poner nuestro granito.

Hasta Quevedo salió raspado. No falta paisano que no le entendió bien. Ponen no un granito de arena. Sino uno de pólvora.

Ese Güerito ¿Que se toma?

El presidente de Estados Unidos ha declarado que Sheinbaum es “muy buena persona” y tiene una “voz hermosa”. Pero eso no le ha impedido asegurar que los criminales mandan en México. La misma persona que dijo que los cárteles “gobernaban” México advirtió que está dispuesto a lanzar misiles.

Cómo mi paisano de Santiago Minas, le urge jalar el dedo.

Esperar pruebas de un gobierno que amenaza con intervenir militarmente mientras sus propias agencias señalan la gravedad del problema es como pedirle a Quevedo que use un baño público.

Que Quevedo deje de orinase en la calle.

Es

Un acto de fe.

Quevedo se murió hace 400 años.

Las 269 solicitudes de extradición respondidas con silencio son una cruz más. Las 10 órdenes de detención contra funcionarios sinaloenses son otra cruz más. Los 43,000 detenidos son otra cruz más. Los 400 mil muertos y desaparecidos más. El país está lleno de cruces. Lo que no abundan son soluciones, si amenazas. También las evidencias que todos sabemos.

Quizá por eso la vieja frase de Quevedo sigue viva después de cuatro siglos. Porque no habla de una pared madrileña. Habla de nuestra tendencia a decorar los problemas en lugar de resolverlos.

A pintar cruces donde deberíamos limpiar. A confundir la apariencia con la transformación.

Y la historia es despiadada con quienes caen en esa ilusión.

Porque tarde o temprano llega el momento en que las paredes hablan.

Y cuando hablan, no citan discursos ni conferencias. Sólo muestran los resultados.

Así que la enseñanza de aquella esquina madrileña es más sencilla de lo que parece.

Si queremos preservar una casa, debemos reparar sus cimientos. Si queremos preservar una nación, debemos fortalecer sus instituciones. Porque los símbolos tienen una función noble, las leyes también. Pero ninguno sustituye la realidad.

Y la realidad, como descubrieron los vecinos de Quevedo hace siglos, posee una costumbre incorregible: siempre termina diciendo la última palabra. Y cuando la dice, suele recordarnos esa verdad incómoda y antigua:

Donde se mea no se ponen cruces.

Pero si de verdad no hay ningún riesgo, como asegura nuestra presidenta, quizá lo que huele mal no es el muro.

Quizá es todo lo demás.Por lo pronto salud por Quevedo. Y para mis queridos habitantes del humo, incorregibles chilangos, uno es el señor de las semillas Miguel Angel de Quevedo y otro es Francisco de Quevedo. Los 2 ilustres y los 2 con riñones, Pero no es lo mismo.

La diferencia principal es su época, nacionalidad y área de conocimiento. Francisco de Quevedo fue un célebre escritor español del Siglo de Oro (Barroco), mientras que Miguel Ángel de Quevedo fue un destacado ingeniero, arquitecto y ecologista mexicano de los siglos XIX y XX.

La cosa está así: los detalles más importantes de cada uno:

Francisco de Quevedo (1580 – 1645)

Época y lugar: Siglo XVII, España.

Profesión: Poeta, novelista y político.Obra: Es uno de los autores más importantes de la literatura en español.

Cultivó el conceptismo y escribió obras maestras como La vida del Buscón y sonetos satíricos (famosa es su rivalidad literaria con *Luis de Góngora) y filosóficos como _Amor constante más allá de la muerte.

Enlace útil: Conoce más sobre su vida en Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.

Miguel Ángel de Quevedo(1862 – 1946)

Época y lugar: Finales del siglo XIX y mitad del siglo XX, México.

Profesión: Ingeniero civil, urbanista y ambientalista.

Obra: Conocido como el “Apóstol del árbol”. Pionero del ecologismo en México, famoso por detener a los médanos de Veracruz plantando árboles y por fundar los emblemáticos Viveros de Coyoacán en la Ciudad de México.

Enlace útil: Lee sobre su legado natural en Biodiversidad Mexicana.

Y no raye el mueble y patee al perro que está amarrado.

X: @Arturo_Vasquez_U

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