Por Arturo Vásquez Urdiales

Las siguientes puntadas no son mías. Las caché de la red, de repente no conocía al autor Pero lo aplaudo y lo investigué:

Ramón Gómez de la Serna.

La red les dice

SINLOGISMOS:

El les llamó

Greguerías

Aquí algunos simpáticos ejemplos

El humorismo consiste en ver las cosas desde un ángulo agudo.

El verbo lavar no se conjuga. Se enjuaga.
Olvidar es recordar sin pena.

La caridad empieza por casa. Y ahí termina.

Uno se desinfla cuando se pone a recordar.

Cuando no se tiene nada que decir, no hay que decirlo.

Hay cosas que no entiendo… el sánscrito, por ejemplo.

El amor llega como champán y se va como vino.

El burro es una opinión en cuatro patas.

Cuando un empleado público pierde el conocimiento pasa a ser un empleado privado.

La cebra es un animal entre rejas.

Hay personas que piensan como uno, pero hay personas que piensan como dos.

La bisagra es un fósil de mariposa.

Suicidarse es muy peligroso. Uno puede sobrevivir.

El vinagre es un vino que se fue.

El dinero no hace la felicidad, pero la compra hecha.

La calumnia es una verdad dicha por nuestros enemigos.

En el triángulo amoroso siempre hay un triángulo obtuso.

Eva era tan celosa que le contaba las costillas a Adán.

Nada sale tan caro como un enemigo gratuito.

Parece mentira que un cuarto de baño sea más grande que medio baño.

¡Cuidado con el café! Puede estar cargado.

El pimiento es un ají sin carácter.

La mediocridad es el arte de no tener enemigos.

Lo complicado del amor es que uno quiere aunque no quiera.

El mejor amigo del hombre es otro perro.

Dos radios no hacen un diámetro, sino un escándalo.

La imitación se produce por limitación.

Caín eliminó él solo a una cuarta parte de la humanidad.

El verdadero primer amor es el último.

La vejez consiste en alejarse de uno mismo.

Los últimos serán los primeros… al salir del ascensor.

Casarse con una rica es contraer patrimonio.
Maquillarse es matar el tiempo.

Amor sin amor, se paga.

Hábito es la claudicación de la inteligencia en favor de la costumbre.

Todos los imbéciles flotan.

La hora de la muerte no dura sino un segundo.

Cuando un gato se rasca parece que fuera a tocar el contrabajo.

Dios está en todas partes. Por eso no se le ve en ninguna.

La soledad consiste en estar rodeado de imbéciles.

Los biógrafos son buitres que se alimentan de cadáveres.

El dinero es una enfermedad hereditaria.

Las arrugas son ríos por donde corre el tiempo.

Los muertos descansan porque se pasaron la
última noche en VELA.

Se puede ser muy arrogante con solo levantar un poco la nariz.

Para las serpientes, los faquires son hombres encantadores.

El contrabajo se transporta como su nombre lo indica.

No es que la tortuga viva mucho, es que vive más despacio.

El Infierno de Dante consiste en leer la Divina Comedia.

El único príncipe realmente azul murió al nacer. Tenía cianosis.

Todo primer amor llega después del matrimonio.

Es más fácil improvisar un prestigio que un discurso.

La verdadera opinión pública se expresa en reuniones privadas.

La cebra está enjaulada dentro de sí misma.

Como muchos hombres ricos, el capullo es un gusano envuelto en seda.

Una conducta ejemplar conduce gloriosamente al anonimato.

Vi un faquir tocando la flauta. ¡Me encantó!

Las verdaderas relaciones públicas se hacen en privado.

Dormir consiste en entrenarse para la muerte.

“Lolita”, no recomendable para mayores de 45 años.

El gran amor de Hitler fue una tal Luisa. A ella dedicó su libro “Mi Lucha”.

La Ley es del derecho del más fuerte.

Lo bueno del juicio final es que va a ser sin abogados.

Pasan los aviones y el cielo se llena de cruces.

¡Esos ojos que miran con los brazos abiertos!

Las solas tienen agonía de alfombra.

Los japoneses miran recordando.

Nadie tiene la culpa de tenerla.

El incrédulo solo cree en la duda.

Siempre hay que hacer un esfuerzo para olvidarse de recordar.

Me gusta la sonrisa con que nos mira el piano.

La tristeza nos llena el alma de naufragios.

¿A quién espera la jirafa?

En materia de amor solo sufre el que quiere.

En materia de amor, poder es querer.

El lenguaje del amor es monosilábico, gutural y aglutinante.

Nadie nos conoce tanto como las toallas.

Las focas tienen cara de funcionario insobornable.

El remiendo es la cicatriz de la pobreza.

Todos los suicidas se equivocan de víctima.

Los retrógados tienen el corazón a la derecha.

“Dejad que los niños vengan a mí”. (Herodes)

La verdad es que todo el mundo miente.

La vaca muge como si hubiera comprendido algo.

En el arcoíris se han juntado las almas de los payasos muertos.

La raya en el pelo es la cicatriz de la costumbre.

El chaleco es la Venus de Milo del ropero.

El difunto es un muerto que vive en los demás.

El bizco es el único ser capaz de mirarse de perfil.

En los manicomios el cliente nunca tiene la razón.

Capacidad es aquello que nos permite dar órdenes en vez de trabajar.

La monogamia consiste en soñar con todas las mujeres, menos con una.

¡Cómo extraña uno ese recuerdo que no ha llegado todavía!

Los libros de Medicina no deberían tener apéndice.

La borrachera es el día libre del otro yo.

Al orador se le conoce por las cosas que no dice.

La vejez nos encorva por la ley de la grave-edad.

Aconsejar consiste en perder un amigo por las buenas.

Greguerías.

Lo que tienes entre manos no es un texto anónimo, ni una colección huérfana de ingenio: es un jardín de relámpagos que pertenece, en su gran mayoría, a una sola pluma.

El autor que respira detrás de esas frases es el gran Ramón Gómez de la Serna.

Él no las llamaba “sinlogismos”, sino greguerías: pequeñas detonaciones del lenguaje, donde el humor y la metáfora se entrelazan como serpientes luminosas.

Fue en el Madrid de principios del siglo XX donde este escritor —excéntrico, visionario, casi alquimista del idioma— decidió que la realidad no debía explicarse, sino torcerse levemente… hasta revelar su lado secreto. Así nacieron estas frases: no como chistes, sino como revelaciones breves.

Ahí está su sello inconfundible:

“La bisagra es un fósil de mariposa.”

“Las arrugas son ríos por donde corre el tiempo.”

“El dinero es una enfermedad hereditaria.”

Ese modo de mirar —oblicuo, punzante, casi infantil y al mismo tiempo filosófico— es pura esencia de Gómez de la Serna.

Ahora bien… no todo el listado es estrictamente suyo.

Algunas frases han sido deformadas, adaptadas o mezcladas con ocurrencias populares, añadidos de tradición oral o reinterpretaciones modernas que han circulado por décadas en periódicos, cafés, programas de radio y, finalmente, en la red. Es el destino de lo brillante: multiplicarse hasta perder firma.

Pero el espíritu… el corazón… la arquitectura invisible de ese texto…

le pertenece a él.

Y si uno se detiene a escucharlas con calma, como quien oye gotas caer en una catedral vacía, descubre algo más profundo:

no son frases para reír,
son frases para ver.

Porque donde otros miran objetos,
Ramón Gómez de la Serna miraba metáforas.

Y donde otros describen el mundo,
él lo reinventaba en una línea.

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