Por Arturo Vásquez Urdiales

10 de noviembre de 2024

En el eco de noviembre, México extiende su memoria y devoción por aquellos que han partido, celebrando lo que conocemos como La Octava de Muertos. Este ritual, tan antiguo como profundo, se lleva a cabo en los rincones de los panteones de todo el país, entre ellos el panteón de Santa María del Marquesado, donde el folklore se funde con el aroma de las flores, y el murmullo de los rezos se convierte en un himno nacional de añoranza. Es un espacio en el que el tiempo parece suspenderse, y los vivos vuelven a caminar entre los recuerdos de quienes ya no están, pero que nunca se han ido del todo. Así, se cuenta que cada alma se despide una última vez antes de retirarse, con promesas de retornar el siguiente año, cuando el manto de cempasúchil vuelva a cubrir el suelo sagrado.

En este marco, propongo hoy una Octava de Letras Hipnóticas, en honor a una obra que captura el alma del misterio y el terror: “El monte de las ánimas” de Gustavo Adolfo Bécquer.

Bécquer, ese maestro de lo inexplicable, nos entrega una historia en la que lo sobrenatural se mezcla con el amor y el miedo, en una montaña donde las ánimas no encuentran descanso.

Un estudio a “El monte de las ánimas”

La leyenda se desarrolla en la ciudad española de Soria, en el Monte de las Ánimas, un lugar sagrado y maldito a la vez, donde siglos atrás tuvieron lugar sangrientas batallas entre templarios y nobles, cuyo odio fue tan feroz que la muerte no fue suficiente para calmarlos.

Desde entonces, cuenta la leyenda, sus almas se levantan en la noche de Todos los Santos, recorriendo el monte en busca de paz, de justicia o de venganza. Aquí Bécquer nos presenta dos personajes: Alonso y Beatriz, unidos por el amor y separados por la insensatez humana y la osadía de retar a las sombras.

El relato de “El monte de las ánimas”

Alonso, un joven noble, invita a su prima Beatriz a permanecer en la mansión de su familia durante la noche de Todos los Santos, cuando las almas despiertan en el Monte de las Ánimas. Beatriz, escéptica y curiosa, reta a Alonso a adentrarse en el monte y recuperar una banda azul que ha perdido. Movido por su amor, Alonso acepta el desafío y se interna en el monte oscuro y espeluznante, mientras Beatriz, segura en su habitación, se convence de que solo es un juego.

Sin embargo, la noche se llena de aullidos y voces que parecen susurrar desde el pasado. Al amanecer, Beatriz encuentra la banda azul sobre su cama y un terrible presentimiento se apodera de ella. Al día siguiente, se descubre que Alonso ha muerto en el monte, víctima de las ánimas que habitan el lugar. Beatriz, consumida por el miedo y la culpa, muere de terror poco tiempo después, y desde entonces, en el Monte de las Ánimas se dice que sus almas también vagan entre los muertos, atrapadas en ese ciclo eterno de amor y dolor.

Un eco que perdura

Esta historia, tan breve como impactante, nos invita a reflexionar sobre la delgada línea que separa el amor de la obsesión, el valor de la temeridad, y cómo el tiempo y la muerte no siempre son barreras suficientes para romper los lazos que los humanos establecen entre sí y con el mundo de lo desconocido. Tal es el poder de Bécquer: en pocas palabras, convierte al lector en un testigo de lo imposible, en un cómplice de los miedos más profundos y en un eterno explorador de lo sobrenatural.

Con esta octava de letras hipnóticas, que también es un tributo a nuestras propias leyendas de aparecidos, rendimos homenaje a las almas errantes, esas que en su soledad y su dolor nos recuerdan que el mundo de los vivos y el de los muertos no son más que reflejos de un mismo espejo, y que quizás, como Alonso y Beatriz, todos quedemos atrapados alguna vez en los montes invisibles de nuestra conciencia.

URDIALES Zuazubiskar fundación de letras hipnóticas AC © ®

Queridos 3 lectores, les invitamos a compartir esta columna y desarrollar un mundo mejor llenitito de buenos lectores; agradezco mucho su atención

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Dr. Arturo David Vásquez Urdiales
Arturo David Vásquez Urdiales Zuazubiskar es notario público, abogado y escritor oaxaqueño. Fundador de la serie Apunte diario sobre letras Hipnóticas y autor de obras como Los siete ojos del gato negro y La piedra del tiempo, su estilo mezcla historia, mística, crítica social y visión futurista. Con más de 35 años de trayectoria jurídica, ha sido Consejero Jurídico del Estado de Oaxaca y hoy encabeza la Notaría Pública número 100. Su escritura explora los umbrales entre lo real y lo invisible. También es creador del idioma universal Zawki y promotor de la Fundación de Letras Hipnóticas AC.

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