Apunte diario sobre letras Hipnóticas
Por Arturo Vásquez Urdiales
Especial poemario para el 14 de febrero
— Tu nombre en mi lengua
La noche aprende tu nombre en mi lengua,
no lo digo: lo rozo.
Mi voz se vuelve pulso
y el pulso, hambre fina.
Te acercas como quien no pide permiso
a la gravedad.
El aire se hace denso entre los hombros,
la distancia —ese último pudor—
cede.
Hay un temblor antiguo en la piel despierta,
una promesa que no se escribe
sino que arde.
Tus manos no declaran: convencen.
Mi respiración te reconoce.
No es el alma la que manda ahora,
es el mapa secreto del calor,
la línea donde el tacto decide
y el tiempo se inclina.
Todo lo demás calla.
Somos un idioma sin vocales prudentes,
un rito breve y exacto,
una sed que sabe beber sin derramar.
La noche, cómplice, aprende a mirar sin ver.
Y cuando el mundo regrese con su orden,
quedará —debajo de la ropa del día—
esta certeza:
hubo un instante
en que el deseo fue ley
y la ley fue fuego.
— Arturo


