Apunte diario sobre Letras Hipnóticas

Por el Dr. Arturo Vásquez Urdiales

Manual para desaparecer

Hay días en que escribir no es sumar palabras, sino quitar peso.
Días en que la literatura deja de ser espejo y se vuelve umbral.

Este texto nace de esa necesidad: no decir más, sino ser menos para ser mejor.

Manual para desaparecer no propone una huida, sino una transformación.

Desaparecer del ruido heredado, de los enojos que se vuelven identidad,
de las muletas mentales que nos detienen cuando creemos avanzar.

Aquí, el silencio no es vacío: es pacto.

Renacer no es olvido, es memoria depurada.

Lo que sigue no es un poema de despedida,
sino de arribo.

Como en los viejos viajes imposibles,
cuando después de la noche, el miedo y el mar abierto,
alguien gritaba desde la proa —no para terminar,
sino para comenzar—:

tierra a la vista.

Con mucho sentimiento y en agradecimiento a una vida mejor te presento:

Manual para desaparecer

I
Desaparezco
no como quien huye
sino como quien afina.
Me quito el ruido del nombre,
las etiquetas sudadas,
la herrumbre de los días mal vividos.
Desaparezco
de lo que fui cuando me defendía de todo,
cuando el enojo era bastón
y la costumbre, muleta.

II
Desaparecer es un arte lento.
Primero se caen
las pequeñas furias —
esas que se creen carácter—,
luego las grandes mentiras
que llamé destino.
Se desprenden
como vendas viejas,
como mapas falsos
dibujados por el miedo.

III
Desaparezco
del hombre que cargaba culpas ajenas,
del que confundía peso con fuerza,
del que llamaba realidad
a la jaula.
Desaparezco
del “así soy”,
del “ya es tarde”,
del “no se puede”.

IV
Aquí el manual es claro:
—quítate lo que no eres—.
No grites.
El grito también estorba.
Deja que la garganta aprenda
la ciencia de callar sin rendirse.

V
Y entonces ocurre:
donde faltaba el yo
aparece el arcángel.
No con alas visibles,
sino con espalda recta.
No con espada,
sino con rumbo.
Un ser sin lastres,
sin ataduras mentales,
convencido de que renacer
no es metáfora
sino pacto.

VI
Dios ya me había firmado una vez
en el vientre de mi madre.
Hoy vuelve a firmar
con tinta de furia lúcida,
con la determinación
del viajero que no regresa
porque ya entendió.

VII
Este yo anterior
queda atrás
como una costa borrosa.
El nuevo no presume:
camina.
No arrastra:
avanza.
No se explica:
existe.

VIII
Y cuando la nave cruje,
cuando el miedo intenta volver
disfrazado de prudencia,
resuena el viejo grito
—antiguo como el porvenir—
de los almirantes siderales:

Tierra a la vista.

IX
No es la tierra de antes.
Es un continente nuevo
donde el alma no estorba,
donde el silencio ya no es huida
sino origen,
donde desaparecer
fue la única forma
de llegar.

X
Este Yo Soy
Renace, hoy, prudente y fuerte
Tierra a la vista
Y descubre un Continente

XI
En el Reino de todos los tiempos
Se contienen todas nuestras culpas y errores
También los logros y dulces sabores
Yo soy un nuevo humano
Yo soy un nuevo pueblo
Yo renazco en una nueva patria
Yo soy éxito, triunfo, felicidad, esperanza

Yo hoy no odio
Yo hoy perdono
Yo hoy amo
Yo hoy soy tu hermano
Yo hoy soy aquella persona que se perdió de niño
Y renaciendo:
Y que te encuentro a ti
Gratitud

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