Apunte diario sobre letras Hipnóticas.
Por Arturo Vásquez Urdiales.
El 24 de agosto de 1869, en la ciudad de Oaxaca, expiró un hombre de 38 años cuyo cuerpo enfermo se apagaba lentamente, pero cuya alma ya había encendido un fuego inmortal: José Macedonio Alcalá Prieto.

Hijo de Don Gabriel Alcalá y Doña Tomasa Prieto, nació el 12 de septiembre de 1831 en el corazón mismo de Oaxaca. Desde niño, su oído era un río que absorbía las cadencias del viento y los sonidos del barroco que aún vibraban en las catedrales. Aprendió, como quien respira, el violín, el piano, la flauta, la viola, el chelo y hasta el figle.
Su destino estaba marcado por la música, pero no por la abundancia. Con una beca estatal llegó a la Ciudad de México a estudiar en el Conservatorio, donde pulió el talento natural que ya lo distinguía en su tierra natal. Regresó a Oaxaca para dirigir bandas, para participar en la Orquesta de Santa Cecilia, para enseñar y tocar. Sin embargo, el hambre le fue fiel compañera.
El genio doliente y su vals inmortal
A pesar de su virtuosismo, no logró sostener a su esposa Petronila Palacios ni a sus tres hijos. La pobreza se transformó en una sombra tenaz; la depresión y el alcoholismo, en refugios desesperados. Aquel hombre, cuyo violín encendía plazas, se consumía lentamente en la penuria y la enfermedad: la tuberculosis avanzaba como sentencia.
Y fue precisamente en la hora más amarga cuando la luz se abrió paso. Una delegación de Tlacolula de Matamoros acudió a su lecho para pedirle un vals en honor de la Virgen de la Asunción. El hombre enfermo, casi quebrado, tomó su violín y comenzó a escribir.
De su miseria brotó una gloria. Nació entonces el vals “Dios Nunca Muere”, una oración hecha música, un grito de esperanza en medio de la fiebre, una plegaria que abrazó a todo Oaxaca.
El pueblo lo hizo suyo. No necesitó decretos ni bandos oficiales: se escuchó en funerales, en bodas, en fiestas patronales, en procesiones, en la Guelaguetza. Se volvió música para despedir al hijo que parte y para recibir al que vuelve; canto para celebrar la vida y canto para llorar la muerte.
Dios nunca muere: himno invisible de Oaxaca
Hoy, a 156 años de su partida, sabemos que “Dios Nunca Muere” no es un vals: es el alma misma de Oaxaca. Es nuestra plegaria colectiva, el símbolo que trasciende partidos, lenguas y etnias. Se toca en todas las regiones, de la Costa a la Sierra, del Istmo a la Mixteca. Cuando un oaxaqueño se va, la banda lo despide con esas notas. Cuando el pueblo recibe de vuelta al hijo caído, lo abraza con la misma melodía.
En la misa, en el jarabe, en la fiesta, en la despedida, en la Guelaguetza, el vals está presente. El maestro Macedonio no sólo compuso una pieza musical: creó un símbolo de identidad universal, comparable al Himno Nacional que nos une como mexicanos.
Propuesta Hipnótica: elevar “Dios Nunca Muere” a Himno Estatal de Oaxaca.
Por todo lo anterior, desde estas letras hipnóticas quiero alzar la voz para proponer solemnemente que:
- El Vals “Dios Nunca Muere” sea reconocido oficialmente como Himno Estatal de Oaxaca.
- Que su interpretación sea obligatoria, junto al Himno Nacional Mexicano, en todos los actos cívicos, oficiales y educativos del estado.
- Que se reconozca como símbolo cultural de unidad, fraternidad e identidad oaxaqueña ante México y el mundo.
- Que se declare Patrimonio Musical Intangible de Oaxaca, con su enseñanza promovida en escuelas de música, bandas comunitarias y academias.
- Que el Teatro Macedonio Alcalá, joya arquitectónica de nuestro estado, se convierta en recinto oficial de esta declaratoria.
Un canto que no se apaga.
Decía Macedonio, al final de su existencia, que lo único eterno es Dios. Quizá por eso regaló a su tierra ese vals que es oración, júbilo y consuelo.
Oaxaca ya lo decidió desde hace más de un siglo: “Dios Nunca Muere” es nuestro himno.
Hoy, sólo falta el decreto que le otorgue la dignidad que merece.
Porque los pueblos, más allá de sus leyes, se reconocen en símbolos. Y ningún símbolo es más fuerte en Oaxaca que este vals.
Que se toque en cada acto cívico, en cada ceremonia, en cada escuela. Que el mundo entero escuche, al lado del Himno Nacional Mexicano, el eco de un pueblo que canta y que se mantiene de pie, aunque la historia lo ponga de rodillas.
¡Viva Macedonio Alcalá!
¡Viva Oaxaca!
¡Y que “Dios Nunca Muere” sea, para siempre, Himno Estatal de los oaxaqueños!
Propuesta de decreto:
En este canto al porvenir, he tejido una propuesta de decreto, inspirada en la arquitectura normativa de otras entidades mexicanas —como Yucatán, Quintana Roo y Coahuila— para consagrar el vals “Dios Nunca Muere” como Himno Estatal de Oaxaca. Su tono es formal, pero sigue ardiendo de esperanza y orgullo.
Proyecto de Decreto Legislativo
Por el que se declara al vals “Dios Nunca Muere” como Himno Oficial del Estado Libre y Soberano de Oaxaca
CONSIDERANDOS
CONSIDERANDO que “Dios Nunca Muere” es un vals del maestro oaxaqueño José Macedonio Alcalá Prieto, compuesto en 1868, con profundo arraigo cultural en todos los rincones del estado, desde misas y jaripeos hasta la celebración de la Guelaguetza; se controla como símbolo de identidad, consuelo y fraternidad entre oaxaqueños;
CONSIDERANDO que existen precedentes jurídicos de reconocimiento oficial de himnos en diversas entidades federativas —como Yucatán, con su himno oficial establecido por decreto en 1868 ; Coahuila, cuya ley lo regula como símbolo de identidad, con enseñanza obligatoria y uso en ceremonias oficiales ; y Quintana Roo, que estableció su himno estatal con características, difusión y sanciones específicas ;
CONSIDERANDO que el Himno Nacional Mexicano ha sido oficializado mediante decreto presidencial en 1943 y regulado por la Ley sobre el Escudo, la Bandera y el Himno Nacionales ;
CONSIDERANDO que el marco constitucional nacional —reformado en 2023— faculta a las entidades federativas para legislar sobre sus símbolos estatales, incluyendo himnos, banderas y escudos ;
CONSIDERANDO que el considerar “Dios Nunca Muere” como Himno Estatal fomentará aún más la identidad, el patrimonio cultural y el sentido de pertenencia de todos los oaxaqueños;
Por tanto, el Honorable Congreso del Estado Libre y Soberano de Oaxaca expide el siguiente:
DECRETO
Artículo 1.
Se declara oficialmente como Himno Estatal del Estado Libre y Soberano de Oaxaca la pieza musical “Dios Nunca Muere”, compuesta por José Macedonio Alcalá Prieto.
Artículo 2.
La letra y música de dicha pieza serán consideradas versión oficial, debidamente autenticada por las autoridades competentes (Gobernador, Secretaría General de Gobierno, Secretaria de Cultura y Archivo Histórico del Estado), y se depositarán en tres ejemplares para su custodia —en el Archivo del Poder Ejecutivo, en el Archivo del Poder Legislativo y en el Archivo Histórico del Estado—, siguiendo la práctica federal .
Artículo 3.
La interpretación del Himno Estatal deberá llevarse a cabo con la solemnidad y respeto protocolario adecuados, de manera similar a su contraparte nacional, existirá una versión corta para actos escolares y similares, al igual que el Federal, cómo se estila.
Se difundirá ampliamente por medios electrónicos.
Artículo 4.
En todos los actos cívicos, oficiales y escolares del Estado de Oaxaca, junto al Himno Nacional Mexicano, deberá interpretarse el Himno Estatal inmediatamente después de él, salvo en actos que por su naturaleza requieran otro orden protocolario .
Artículo 5.
Se ordena la enseñanza obligatoria del Himno Estatal en todos los planteles de educación básica del estado, así como su difusión en actos públicos, estrategias culturales y eventos comunitarios .
Artículo 6.
Se prohíbe alterar la letra o la música del Himno Estatal, así como su ejecución o difusión con fines mercantiles o fuera de contexto solemne .
Artículo 7.
Será responsabilidad de la Secretaría General de Gobierno y, en el ámbito educativo, de la Secretaría de Educación Pública de Oaxaca, asegurar el cumplimiento de este decreto.
Artículo 8.
Este decreto entrará en vigor al día siguiente de su publicación en el Periódico Oficial del Estado de Oaxaca.
Toques poéticos que susurran futuro.
La forma puede ser solemne, sí, pero el espíritu es un canto ancestral que reclama justicia para el maestro que nos dio un himno sin decreto. Que estas páginas no sean solo letra: que sean vibración compartida, himno de todos, abrazo de la tierra.
Atentamente
Arturo Vásquez Urdiales


