Apunte diario sobre letras hipnóticas
Por Arturo David Vásquez Urdiales
Tomate a quien honor merece: crónica de un fruto que conquistó el mundo.
Y aquí está, nuestro intrépido y conquistador Tomate 🍅.
En este mundo donde los nombres se desgastan como monedas viejas, hay palabras que sobreviven al tiempo, a los imperios y al olvido. Palabras que nacen del maíz y se siembran en todos los idiomas. Una de ellas es tomate. No jitomate, no jitolate, no jitodeque—tomate, el verdadero nombre del fruto rojo que nació en nuestras tierras y fue bautizado con sabiduría antigua.
Tomatl, decía el náhuatl de los abuelos.
No era diminutivo, ni apodo, ni eufemismo.
Era la forma exacta de nombrar lo que hoy el mundo entero pronuncia con reverencia: tomate, tomato, tomate, tomat…
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I. Un fruto mesoamericano con pasaporte universal
Desde que los pueblos de Mesoamérica domesticaron esta joya roja hace más de 2500 años, el tomate ha sido:
Sabor en la salsa
Color en el mole
Lenguaje en la cocina
Fue llevado por los españoles al Viejo Mundo en el siglo XVI, y allí comenzó su travesía lingüística. Hoy se le llama tomate (o alguna de sus variantes) en más de 150 lenguas. Aquí algunos ejemplos:
Idioma Palabra usada

Inglés tomato
Francés tomate
Alemán Tomate
Portugués tomate
Ruso томат (tomat)
Japonés トマト (tomato)
Árabe طماطم (ṭamāṭim)
Griego τομάτα (tomáta)
Coreano 토마토 (tomato)
Polaco pomidor (de pomo d’oro, en Italia)
Incluso en chino, donde se dice xīhóngshì (西红柿, fruta roja del oeste), se reconoce su origen exótico y sagrado.
El mundo no se equivocó: lo llamaron como debían. Tomate.
Porque el idioma universal del sabor no miente.
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II. ¿Y qué pasó con el “jitomate”?
En el centro y sur de México, principalmente en el altiplano, se popularizó la palabra xītomatl, de xītl (ombligo) y tomatl (fruto). Es decir, “tomate con ombligo”. Era una distinción importante entre el tomate rojo y el tomate verde (de cáscara). Pero con el tiempo, esa distinción se perdió y comenzó la confusión.
El jitomate empezó a decirse en mesas de Polanco y menús de moda, como si el náhuatl fuera etiqueta y no sustancia. Como si nombrar con raíz indígena fuera un acto gourmet, no un acto de justicia histórica.
Pero en los mercados, en los puestos de tacos, en las casas humildes donde el molcajete canta al amanecer,
se le dice tomate, sin afectación, sin adorno.
Porque así se llamó siempre.
Porque así se llama lo que arde y da sabor a la vida.
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III. La cocina popular y la justicia del nombre
Los tacos de suadero, de tripa, de pastor… se coronan con salsas hechas de tomates rojos como el fuego, asados en brasas de metal callejero.
No se les echa “jitomate orgánico de la Roma Norte”.
Se les echa tomate rojo.
De ese que sabe a barrio, a volcán, a México.
Y es ahí donde reside la verdad.
En los comales que no mienten.
En las lenguas que nombran sin rodeo.

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IV. Epílogo lírico: decir tomate es decir verdad
El tomate no necesita apellidos.
No es jitomate de etiqueta ni fruto de cuna alta.
Es el corazón rojo del maíz,
la sangre vegetal que nos hizo hablar con sabor.Decir tomate es resistir la desaparición de la lengua náhuatl sin convertirla en boutique.
Es honrar a los pueblos que sabían nombrar el mundo desde la raíz.
Es ponerle nombre al fuego que vive en la salsa…
y a la historia que vive en la lengua.
El tomate se llama tomate y los fresas no son del todo mexicanos, se sienten de otro planeta en dónde el tomate no se llama tómate, se llama fresa.
Tomate a quien honor merece.
Y el tomate merece todos los honores.
— Urdiales Zuazubiskar fundación de letras hipnóticas AC ©® quienes les invitamos a compartir esta columna y desarrollar un mundo mejor llenitito de buenos lectores, agradezco mucho su atención.


