APUNTE DIARIO SOBRE LETRAS HIPNÓTICAS

Por Arturo Vásquez Urdiales

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El día de la madre ausente: manifiesto para los huérfanos y los hijos abandonados

En esta tierra que se cubre cada mayo de flores, de comidas caseras, de canciones con mariachi y de recuentos dulces en la voz quebrada de las abuelas, hay una sombra silente que no celebra. Es la del hijo que no fue sostenido. La de la niña que nunca escuchó su nombre en un arrullo. La del adolescente que busca en rostros ajenos el mapa imposible de una madre que no estuvo.

Celebramos con platillos y bombones, sí. Con rosas y desayunos a la cama. Con publicidad que nos recuerda el vientre que nos dio forma. Pero… ¿quién conmemora a los que fueron paridos al silencio? ¿A los que vieron una cuna sin abrazo? ¿A los que crecieron al borde del abandono, con la ternura colgada de un clavo invisible en la pared?

No hay, que sepamos, el Día Mundial del Huérfano y del Hijo Abandonado. No existe en el calendario una fecha para encender velas a la ausencia, para honrar las cicatrices que deja el amor que no se dio. Tampoco hay globos para el vacío. Pero ¿no deberían tener su propio altar los hijos del desamparo?

I. ¿Cuántos huérfanos hay en el mundo?

Según cifras de UNICEF, más de 140 millones de niños en el mundo han perdido a uno o ambos padres. Pero el número se desborda cuando se considera el abandono emocional, no solo físico. Hay huérfanos con padres vivos. Hay casas con risas mudas. Hay presencias que pesan más que una tumba. Y ese abandono —que no es muerte biológica sino desvinculación del alma— puede doler más que la misma orfandad.

En Latinoamérica, los efectos de la migración, la pobreza, la violencia y el desmembramiento de los núcleos familiares han generado millones de niños criados por abuelos, por vecinos, por instituciones. En África, Asia y Europa del Este, las cifras se multiplican tras conflictos armados, epidemias, y guerras civiles. ¿Qué hacemos como humanidad con este ejército silencioso?

II. ¿Qué dijeron los sabios?

Jean-Paul Sartre, con su mirada existencial, afirmaba que “el hombre está condenado a ser libre”, pero también parecía entender que hay condenas más crueles que la libertad: la de crecer sin la matriz que acuna, sin la caricia fundadora del mundo.

Simone Weil escribió: “La necesidad más profunda del alma humana es la de ser enraizada”. El niño sin madre —o con una madre ausente— es un ser desenraizado. Vive como hoja en vendaval. Su vida es un ensayo de apego perpetuamente aplazado.

Victor Hugo, en Los Miserables, bordó la historia de Cosette, la niña abandonada, criada en la sombra, cuya niñez fue arrancada por el descuido. A través de ella, nos dice que el abandono infantil es la herida original de la humanidad.

Gabriel Marcel, el filósofo de la esperanza, propuso que “ser es ser acogido”. Entonces, ¿qué es el niño no acogido? ¿Acaso no existe del todo? ¿O existe en una orfandad ontológica, siendo y no siendo al mismo tiempo?

III. Proponemos una fecha para el alma sin madre

¿Y si el 11 de mayo, al día siguiente de celebrar a todas las madres, instauráramos un Día Mundial del Huérfano y del Hijo Abandonado? No para competir con la ternura materna, sino para recordar que el amor no siempre llega, que el dolor también merece flores, que hay abrazos que se quedaron en espera.

Ese día no tendría regalos, sino lectura. No habría desayunos a la cama, sino cartas no enviadas. No habría pasteles, pero sí refugios del alma. Sería una fecha para hablar del abandono como fenómeno histórico, social, psicológico, místico.

Sería el día de la resistencia de los olvidados.

IV. Letras Hipnóticas para los que no tienen madre

Tú, que no conociste su rostro:
también eres hijo del cielo.

Tú, que creciste con el hueco en el pecho:
también puedes cantar.

Tú, que no supiste cómo era su voz:
imagina que fue el canto del viento.

Porque toda ausencia tiene su eco.
Y todo silencio, su partitura secreta.

Ser huérfano no es estar solo.
Es habitar la música triste del mundo.
Y transformarla en canto nuevo.

Te decimos hoy:
tú también mereces un día.
Tú también eres flor que brotó sin tierra.
Tú también eres poema nacido sin tinta.
Tú también eres madre de ti mismo.


Conclusión:

La historia ha glorificado la maternidad ideal, y está bien. Pero es momento de abrir espacio también a la maternidad que no fue, al hijo que sobrevivió sin guía, sin hombro, sin perfume de madre al dormir.

Proponemos un nuevo día en el calendario humano. Un día que reconozca a quienes fueron huérfanos del cuerpo y del alma. Porque la humanidad será más compasiva cuando aprenda a honrar también las flores que crecieron en la intemperie.

URDIALES Zuazubiskar fundación de letras hipnóticas AC quienes le invitamos a compartir esta columna y desarrollar un mundo mejor llenitito de buenos lectores agradezco mucho su atención y les deseo una jornada extraordinaria.©®

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