Apunte diario sobre letras hipnóticas
Por Arturo David Vásquez Urdiales
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Existe un territorio donde el absurdo reina con sabiduría, donde el sinsentido se convierte en espejo del sentido común, y donde el humor es más certero que cualquier tratado filosófico. Ese territorio lo fundaron, lo delimitaron y lo amueblaron con instrumentos disparatados los geniales Les Luthiers.
Sus frases, recogidas como salmos de una Biblia del disparate lúcido, se leen como aforismos para una civilización que sospecha de todo, incluso de sí misma:
“El amor eterno dura aproximadamente unos tres meses”
“Todo tiempo pasado fue anterior”
“Errar es humano, pero echarle la culpa a otro es más humano todavía”
“La esclavitud no se abolió, se cambió a ocho horas diarias”
“Los honestos son inadaptados sociales”
Cada sentencia tiene la precisión de un bisturí y la contundencia de un mazazo suave: una crítica disfrazada de chiste, una carcajada que revela la grieta del sistema.
El arte del juego serio
Les Luthiers entendieron, como nadie desde Quevedo y Gómez de la Serna, que el juego de palabras no es un juego menor. Es un ajedrez lingüístico donde el peón se ríe del rey y la reina da jaque mate al aburrimiento. Así, nos entregaron perlas como:
“La pereza es la madre de todos los vicios y como madre, hay que respetarla”
“Hay un mundo mejor, pero es carísimo”
“No te tomes la vida en serio, al fin y al cabo no saldrás vivo de ella”
Esta última debería estar esculpida en mármol a la entrada de cada universidad, juzgado y hospital del mundo. Porque la solemnidad, ese virus que infecta las instituciones, es la antítesis de la sabiduría.
Inventemos, pues, nuestros propios evangelios luthierianos

Siguiendo su ejemplo, añadamos nosotros a la sinfonía del disparate algunas frases que bien podrían haber salido de sus libretas o de nuestras sobremesas inspiradas:
“Si dos van en un caballo, por lo menos uno va en ancas… y el otro en problemas.”
“La sabiduría popular es tan sabia que nadie la escucha.”
“A falta de pan, buenas son las excusas.”
“El trabajo dignifica, pero sólo si lo ve tu jefe.”
“Cuando el río suena… probablemente Spotify esté abierto.”
“A Dios rogando, y con el Wi-Fi funcionando.”
“El que madruga encuentra todo cerrado.”
“Hay dos tipos de personas: las que dividen el mundo en dos tipos de personas y las que no.”
“No hay mal que por bien no venga… pero a veces el mal se queda a vivir.”
“Nunca digas nunca, salvo cuando digas ‘nunca más me emborracho’, porque ahí nadie te cree.”
Una filosofía envuelta en celofán cómico
Lo que Les Luthiers hacen, y lo que aquí intentamos replicar humildemente, es el arte de vestir la filosofía con bata de payaso. Su humor es una forma de mirar el mundo con ojos de niño y lengua de viejo sabio. Porque cuando dicen:
“Tener la conciencia limpia es síntoma de mala memoria”
…nos recuerdan que detrás de cada carcajada hay una verdad incómoda, y detrás de cada broma, un espejo que muestra lo torcido del alma colectiva.
La sonrisa como resistencia
En un tiempo donde la indignación es moda y la solemnidad es negocio, reír es casi un acto subversivo. Les Luthiers lo sabían. Por eso sus frases sobreviven al tiempo como los buenos vinos: con cada año, fermentan un poco más la lucidez.
Así que cuando la vida nos encierre en una oficina de ocho horas o nos condene al cementerio de las rutinas, no olvidemos el consejo definitivo:
“Hay dos palabras que te abrirán muchas puertas: Tire y Empuje”.
Y que entre la ironía como brisa en la ventana. Porque el que no ríe… está obedeciendo demasiado.
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