¿Cómo resumir el idioma castellano a seis minutos y contando?
Apunte Diario de Letras Hipnóticas expone antes ustedes el discurso presentado por el Doctor Arturo David Vásquez Urdiales en el Congreso MagnusOpus 2025 – Claustrum Doctoralis Universum Vitalis

“El español frente al espejo digital“
¡Oh!, girón de patria, solitario, arisco,
como los jaguares que trepan tus riscos,
ya que me dejaste
el consentimiento de hablar de tu poesía,
deja que mi verso sea repique y trino
para tu ostracismo,
o la cantinela de los pajarillos
para tu jauría,
o la nebulosa estrella que derrama estrellas
para tus abismos.
—Álvaro Carrillo
Vengo a hablarles del español,
no como lengua muerta ni como monumento,
sino como sangre que corre, como raíz viva,
como madre de un continente que aún está naciendo.
Este idioma que fue pólvora y evangelio,
que fue cruz y fue lanza,
hoy es también pantalla, chat, suspiro breve.
Pero resiste.
Porque como el viento en los cañones de la sierra,
el español nunca se calla.
José Martí nos lo dijo:
“La palabra no es para encubrir la verdad, sino para decirla.”
Y aquí estamos,
diciéndola con rabia, con ternura, con memoria.
Este idioma nuestro,
que Cervantes reinventó desde una celda,
que convirtió la locura en lucidez,
y al rucio de Sancho en metáfora del pueblo,
sigue cabalgando por los caminos de América
y llega, intacto, a las pantallas de nuestros hijos.

Pero el español no es solo Castilla.
Es también el Popol Vuh que susurra:
“Todo estaba en suspenso… el cielo estaba en calma.”
Es Canek, que grita:
“El alma maya no se compra ni se doma.”
Es Junípero Serra,
que fundó Los Ángeles, San Francisco, Santa Fe,
sin saber que estaba sembrando también
una lengua que hoy sobrevive en los barrios latinos,
en los grafitis de Boyle Heights,
en las rimas del Bronx,
en los suspiros escritos por madres que cruzan desiertos con un hijo en brazos.
Es también Rulfo,
que nos enseñó que la voz puede venir del más allá,
que la tierra puede hablar con lengua seca
y aún así decirnos todo.
Y es José María Bradomín,
el feo, católico y sentimental,
el que supo que en cada confesión habita una novela,
y en cada pecado, una belleza.
El problema no es que el español haya llegado a las redes.
El verdadero problema es que la gente ha dejado de leer.
Y cuando no se lee, un poco de nosotros muere.
Como el bosque.
Como la selva.
Como el alma.
Por eso, hoy, en este Congreso,
declaro solemnemente a todos los hombres y mujeres de habla hispana: Embajadores de la Palabra.
Y la palabra —como en el principio de los tiempos—
se hizo verbo, y el verbo se hizo sujeto, y el sujeto, predicando, creó el mundo.

Países de habla hispana:
“Mientras que tus hijos como los Atridas se escarnian, se odian y en sus tropelías vierten el alarde de su sangre estéril sobre los redaños de tu geología, porque tus recuerdos a Moloch adoran y porque es tu selva caja de Pandora… y aún así no mueres, Patria mía…”
Nosotros, los oaxaqueños,
tenemos que decirle al mundo:
“¡Yo soy Latinoamérica, yo soy México! Y hablo con la voz de mi fértil suelo, de mis agrestes montañas, de mis fecundos bosques y de mi tierra erosionada; con los cafetos y la copra señoreando el cielo con la brisa de un mar intensamente azul, que retrata entre sus aguas las alturas; también con el agrio dulzón de mis piñas derramando sus mieles en las bocas que rezan un rito de emoción…”
De amor, de desconsuelo…
Hablo por mis muertos y por mis vivos. Hablo para que no muera la lectura, para que el escritor no calle, para que no paren nunca las rotativas.
Un pueblo que lee es un pueblo que vive.
Invito a leer.
Invito a escribir.
Invito a recordar que un pueblo que lee
es un pueblo que escribe.
Y un pueblo que escribe
es un pueblo que no muere.
A ustedes, legisladores, pensadores, creadores,
les pido:
Dedíquenle más presupuesto a las bibliotecas, a los libros, a los contenidos que siembran conciencia.
Porque no hay mayor inversión
que formar lectores.
Hoy más que nunca,
necesitamos volver a leer
como quien bebe agua pura,
como quien siembra maíz,
como quien abraza a un hijo.
El español, señores,
no es pasado.
Es presente.
Y es promesa.
Gracias.



