Ayer me invitaron a desarrollar una historia (literatura de ficción policiaca y misterio) Pero al estilo mexicano.

No seremos Alfred Hitchcock y el barrio bravo de Tepito no se presta mucho para una conjura soviética con todo y bomba atómica, Pero sin lugar a dudas el proceso de ficción puede brincar en cualquier lado.

Entonces, he aquí el ensayo, si se puede crear ficción de espías soviéticos y mexicanos con bomba atómica incluida en el barrio bravo mexicano, a cómo chingaos no:

Más o menos así:

(Cuento con puro sabor a Tepito, lleno de misterio, códigos secretos y acción en las calles bravas.)


LA CONJURA ATOMICA EN EL BARRIO

Un thriller de espionaje en Tepito

Narrador: Arturo Vásquez Urdiales.

Capítulo 1: El mensaje encriptado

En el corazón de Tepito, donde los puestos de fayuca tapizan las banquetas y el regateo es un arte, un rumor corría entre las calles. No era sobre una mercancía nueva ni sobre una bronca entre bandos, sino algo más oscuro, algo que olía a pólvora y traición.

El mensaje había llegado de la nada. Un papelito doblado en cuatro, encontrado en el fondo de una caja de tenis piratas. Decía:

“Empezamos el día ya ahciendomela depedo.”

Nadie le dio importancia… hasta que la información llegó a los oídos de El Chogüis, un agente de la Seguridad Nacional, curtido en las sombras, experto en desactivar broncas antes de que estallen. Pero él solo no bastaba, así que llamaron al mejor: El Chepona, un cabrón con más mañas que un tahúr y un olfato que podía oler la tranza a kilómetros, empezando por los mandos.

El mensaje parecía inofensivo, pero los chidos del gobierno detectaron algo raro: tenía errores que no eran errores. Era un código. Un código que, según los archivos viejos de la Guerra Fría, los soviéticos usaban para organizar sabotajes en América Latina.

Y organizaron muchos.

Tepito, con sus calles estrechas y su movimiento constante, era el lugar perfecto para esconder algo grande. Y cuando los federales detectaron un cargamento de partes electrónicas y químicos raros entrando por la Merced, se encendieron las alarmas.

—Oye, Chogüis, ¿qué tal si estos cabrones no vienen a vender fayuca, sino a armar un desmadre choncho? —dijo el Chepona, chupando un bolillo para bajarse el susto.

—Si es lo que estoy pensando, carnal, no se trata de un simple explosivo… sino de una pinche bomba nuclear.

Y se le pusieron los ojitos singularmente con expresión de chale!

Los ojos de ambos se cruzaron. Si tenían razón, Tepito estaba a punto de convertirse en un campo de guerra. Y nuclear! Y no había cartas ejecutivas que lo fueran a librar.

El objetivo final era que a Donald le empezará a entrar un frío de a verdad, y ¿que importan unos 20 mil tepiteños cocinados y unos 25 millones de chilangos horneados? la cosa es que el peludo pelos de elote entre al aro ⭕, y los Rusos tomarán el poder por miedo sobre Wachinton.

Capítulo 2: El rastro de los soviéticos

El Chogüis y el Chepona comenzaron su investigación en las entrañas del barrio. No podían llegar como federales, o los iban a linchar. Así que se metieron con la banda, preguntando con cautela, bebiendo tepache y pulque en la pulqueria “los aromas de la dama” y “la hija de Moctezuma” y en los puestos de chochos y apostando en las maquinitas.

Tuvieron que comprar unas pastas y unas grapas ¿Ya que?.

La pista los llevó a una bodega en la calle de Matamoros, donde un grupo de “importadores” rusos operaba desde hacía meses. Oficialmente vendían vodka y relojes Raketa… pero la banda murmuraba que esos güeyes no eran simples comerciantes.

En la noche, el Chepona y el Chogüis se treparon al techo de la bodega y espiaron por una claraboya. Adentro, tres tipos discutían en un español mocho, con acento raro. Sobre la mesa, había planos, cables y algo que parecía una cápsula de uranio.

—No mames, carnal… estos cabrones no están jugando. —El Chepona sacó su celular y le tomó una foto a la escena.

Pero en ese momento, el techo crujió.

Uno de los rusos levantó la mirada.

—¡Chingada madre, nos cacharon! —susurró el Chogüis.

El ruso gritó algo en su idioma y sacó un fusil. La puerta trasera se abrió de golpe y aparecieron más cabrones armados. La trampa estaba puesta.

—¡Corre, perro! —gritó el Chepona, saltando del techo y cayendo sobre un montón de cajas de fayuca.

Balas silbaron en la noche, perforando las lonas de los puestos. Los agentes rodaron por el suelo y se cubrieron detrás de un puesto de celulares clonados.

—¡Hay que salir de aquí, carnal! — El Chogüis disparó un par de veces para abrirse camino.

A duras penas lograron perderse entre las calles, pero ya sabían la verdad: había una bomba nuclear en Tepito y los rusos estaban listos para hacerla estallar.


Capítulo 3: La desactivación y el final de la conjura

Los federales cerraron el barrio. Nadie entraba ni salía. La bodega fue rodeada, pero los rusos se habían movido.

*El Chepona, con su olfato de sabueso, recordó algo. En la foto que tomó, había un calendario con una fecha marcada: 31 de enero. Ese día, habría un evento grande en la Plaza del Estudiante, un concierto con miles de personas.

—No hay duda, carnal. Van a hacerla estallar ahí.

Se dirigieron al lugar a toda velocidad. Al llegar, vieron a dos de los rusos cargando una mochila sospechosa cerca del escenario. La bomba estaba ahí.

—¡Al suelo, cabrones! —gritó el Chogüis, sacando su arma.

Los rusos intentaron correr, pero la banda de Tepito, al ver que eran enemigos del barrio, les cayó encima. A uno lo amarraron con cables de bocina; al otro lo sometió un vago con un tubo, un profundo derechazo lo regreso a ver a Nikita Krushef, una serie de dientes y muelas no acompañarían más a una sonrisa rusa.

El problema era la bomba.

El Chepona abrió la mochila con cuidado. Un panel digital marcaba una cuenta regresiva: 00:02:45.

—¡Verga! — El Chogüis sintió un sudor frío en la nuca.

El artefacto estaba conectado a un viejo teléfono soviético. Todo estaba cableado con precisión militar.

—¿Qué hacemos, carnal?

El Chepona pensó rápido. Había leído sobre estos explosivos en un viejo archivo secreto. Si cortaban el cable incorrecto, se detonaría de inmediato.

—Estos güeyes usan una lógica inversa… No hay que cortar el rojo ni el azul. Hay que cortar el negro.

00:00:30.

El Chogüis sacó una navaja.

00:00:15.

Respiró hondo y cortó.

00:00:02.

La cuenta regresiva se detuvo.

La bomba estaba desactivada.


Epílogo: El fin del operativo

La noticia nunca salió en los periódicos. Todo se manejó en lo oscuro. A los rusos se los llevaron sin dejar rastro, y los agentes volvieron a la sombra.

En Tepito, la gente siguió su vida, sin saber que aquella noche estuvieron a punto de desaparecer.

El Chogüis y el Chepona se fueron a celebrar con un par de chelas y unos tacos de suadero de perro.

—Te rifaste, carnal —dijo el Chogüis, brindando.

—Nah, fue puro pinche instinto de barrio —respondió el Chepona, sonriendo.

Y así, en el barrio bravo, dos cabrones salvaron a México de una catástrofe nuclear… sin que nadie se enterara.

Fin del capítulo 1.

(Datos duros:

Las estimaciones varían, pero según informes de inteligencia de EE.UU., Rusia tiene una de las mayores presencias de agentes de inteligencia fuera de Rusia en México, principalmente operando desde su embajada en la Ciudad de México.

Cálculo Aproximado:

  1. Personal en la embajada: Rusia ha incrementado su personal diplomático en México en los últimos años, con decenas de empleados adicionales. Muchos de ellos podrían estar vinculados a actividades de inteligencia.
    Se estiman al.menos 4000.
  2. Agentes encubiertos: Se cree que el GRU (inteligencia militar rusa) y el SVR (servicio de inteligencia exterior) tienen una red de agentes operando fuera de la embajada, con un número desconocido pero significativo.

¿Qué hacen en México?*

Espionaje a EE.UU.: México es una base estratégica para vigilar intereses estadounidenses, debido a su proximidad y la gran cantidad de agencias e industrias clave.

  • Reclutamiento de fuentes: Intentan captar funcionarios, empresarios y expertos en tecnología o defensa.

Operaciones de desinformación: Influyen en medios y redes sociales para promover narrativas favorables a Rusia.

  • Vigilancia de opositores: Monitorean a grupos rusos en el extranjero y a posibles disidentes.

Si bien no hay cifras exactas, las agencias de inteligencia occidentales consideran que México es un punto clave para las operaciones rusas en América.))(‘)

(‘)Fuente : chatgtp.

El cuento es cuento, ficción literaria.

Nota importante del narrador:

No creo que existan bombas atómicas en México, es puro cuento.

Urdiales Zuazubiskar fundación de letras hipnóticas AC ©®

Le invito a compartir esta columna y desarrollar un mundo mejor llenitito de buenos lectores, agradezco mucho su atención

Arturo Vásquez Urdiales

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