Por Arturo Vásquez Urdiales.

23 de enero de 2025

A propósito de racismo y del señalamiento a mexicanos y latinos de infinidad de calificativos, todos francamente degradantes, nuestro país ya es experto y ¿Por quién? He aquí los antecedentes históricos, para dar sentido a la respuesta: por nosotros mismos!.

Si bien la sociedad novohispana acuñó los Montes de las castas. Fue la sociedad en su conjunto la que le siguió al rol. Es peligroso calificar a un grupo social o partidario de determinado conglomerado de tal o cual forma, ya que alienta al vecino a hacer lo mismo, y lo peor, a creer ciegamente en las etiquetas puestas en casa, este es uno de los gérmenes y cimientos de la permisividad discriminatoria, la falta local de respeto.

Allá en el tiempo:

En los cimientos del sistema colonial implantado por el Imperio Español en América, se erigió un modelo de clasificación social que no solo buscaba organizar a la sociedad, sino legitimar la desigualdad. Este sistema de castas, basado en la raza y el lugar de nacimiento, articuló un orden jerárquico que vinculaba la ascendencia de una persona con su valor social y humano. Más que un simple mecanismo administrativo, las castas fueron una firma indecente que calificó a los humanos en una escala arbitraria, promoviendo la exclusión y la discriminación como normas sociales.

La Nueva España, como gran parte de las colonias americanas, era un mosaico de diversidad cultural y étnica. Sin embargo, esa riqueza fue sometida a una lógica que pretendía homogenizar y controlar. Españoles peninsulares, criollos, indígenas, africanos y los descendientes de las mezclas entre ellos fueron clasificados en una intrincada red de denominaciones. Cada término, lejos de ser solo una etiqueta, encerraba una historia de opresión y una imposición de límites a la movilidad social.

La pirámide del sistema de castas

En la cúspide de esta estructura jerárquica estaban los españoles, divididos en dos grupos:

  1. Peninsulares: Nacidos en España, ocupaban los cargos más altos en el gobierno y la iglesia.
  2. Criollos: Hijos de españoles nacidos en América, quienes gozaban de privilegios, aunque quedaban subordinados a los peninsulares.

Por debajo de ellos se encontraban los indígenas y los africanos. Mientras los indígenas eran considerados “súbditos naturales” de la Corona, los africanos eran esclavizados y tratados como propiedad. Entre estos grupos, surgieron las castas, resultado de las mezclas interraciales.

Las principales castas

El sistema fue minuciosamente detallado, asignando nombres específicos a las combinaciones de orígenes. A continuación, se describen las castas principales:

Mestizo: Hijo de español e indígena. Representaba la primera mezcla y fue común en la sociedad colonial. Aunque inicialmente se les consideraba inferiores a los españoles, los mestizos lograron cierta movilidad social con el tiempo.

Castizo: Hijo de mestizo y española. Su proximidad al “linaje español” les permitía mayor aceptación social.

Zambo: Hijo de africano e indígena. Este grupo enfrentaba un alto grado de discriminación y pocas oportunidades.

Mulato o Pardo: Hijo de español y africana. Su posición variaba según las circunstancias, pero generalmente se les relegaba a trabajos manuales.

Morisco: Hijo de mulato y española. Su tono de piel más claro les daba mejores oportunidades que a los mulatos, aunque aún lejos de la élite social.

Coyote o Cholo: Hijo de mestizo e indígena. Representaba un retorno a las raíces indígenas y ocupaba un lugar bajo en la jerarquía.

Chino: Hijo de mulato e indígena. Este término reflejaba la complejidad del sistema y la dificultad para categorizar a las personas.

La complejidad de las mezclas

El sistema de castas no se detenía en las mezclas iniciales. Cada nueva combinación daba lugar a una nueva categoría, en una obsesión por clasificar que rayaba en lo absurdo. Algunas de estas denominaciones incluyen:

Salta atrás: Hijo de chino con india.

Lobo: Hijo de salta atrás con mulata.

Gíbaro o jíbaro: Hijo de lobo con china.

Albarazado: Hijo de gíbaro con mulata.

Cambujo: Hijo de albarazado con negra.

Sambaigo: Hijo de cambujo con india.

Campamulato: Hijo de sambaigo con loba.

Tente en el aire: Hijo de campamulato con cambuja.

No te entiendo: Hijo de tente en el aire con mulata.

Torna atrás: Hijo de no te entiendo con india.

Una forma más amplía:

De coyote con india – chamizo o chamiso
De chamizo con mestiza – coyote mestizo
De chino con india – salta atrás
De salta atrás con mulata – lobo
De lobo con china – gíbaro o jíbaro (no debe confundirse con la tribu amazónica de los jíbaros)
De gíbaro con mulata – albarazado
De albarazado con negra – cambujo
De cambujo con india – sambaigo
De sambaigo con loba – campamulato
De campamulato con cambuja – tente en el aire
De tente en el aire con mulata – no te entiendo
De no te entiendo con india – torna atrás
La denominación «tente en el aire» representaba con claridad lo inútil de la práctica del sistema de castas, incluso pocas décadas después de la conquista. En términos metafóricos, una persona perteneciente a esta casta «flotaba» como en el limbo, incapaz de echar raíces, sin identidad propia.

Tente en el aire:

La denominación «tente en el aire» ilustra la inutilidad de este sistema. Una persona de esta casta, figurativamente “flotando” en el limbo social, simbolizaba la incapacidad de las autoridades coloniales para controlar una sociedad cada vez más diversa.

El impacto y la controversia.

Aunque el sistema de castas pretendía ser rígido y ordenado, la realidad en la Nueva España era mucho más compleja. Las clasificaciones eran difíciles de aplicar debido a la diversidad cultural y la interacción constante entre los grupos. Además, las diferencias económicas y el acceso al poder político a menudo superaban las barreras raciales, desafiando la estructura jerárquica.

Historiadores como Ángel Rosenblat y Gonzalo Aguirre Beltrán fueron los primeros en estudiar este fenómeno en profundidad en el siglo XX. Sin embargo, su interpretación ha sido cuestionada por estudios recientes, que señalan que el sistema de castas pudo haber sido más una construcción conceptual que una realidad estricta. Pilar Gonzalbo, Berta Ares y Joanne Rappaport han argumentado que la rigidez del sistema fue exagerada por la historiografía moderna, y que en muchos casos, las categorías eran fluidas y dependían del contexto social.

Una práctica indecente.

La sistematización de las castas fue mucho más que una herramienta administrativa: fue una forma de justificar la explotación y la exclusión. Al vincular la raza con el comportamiento y el estatus social, este sistema despojó a millones de personas de su humanidad, reduciéndolas a etiquetas.

Hoy, aunque el sistema de castas ya no existe como tal, su legado persiste en las sociedades latinoamericanas, donde las desigualdades raciales y económicas aún reflejan las jerarquías coloniales. Recordar esta práctica no solo es un ejercicio histórico, sino un llamado a reflexionar sobre las formas en que clasificamos y excluimos a otros en la actualidad.

En palabras de las mismas castas, el “tente en el aire” sigue siendo un recordatorio de que ninguna jerarquía basada en la apariencia o el origen tiene fundamento sólido. Es hora de abandonar las etiquetas y construir una sociedad más justa y equitativa.

A propósito de la imagen publicada:

Cuadro de castas

Obra pictórica perteneciente al género de cuadros llamados “de castas” o “escenas de mestizaje”, cuya factura predominó a lo largo del siglo XVIII en México, probablemente a partir de la influencia de las ideas de los Ilustrados, y en un afán por clasificar y dar a conocer en Europa la naturaleza humana de los habitantes de las tierras americanas. Está formado por una serie de pequeños recuadros en los cuales se representa una pareja formada por un hombre y una mujer, y un hijo o hija, para ilustrar el mestizaje que se dio entre los variados grupos étnicos que conformaron la sociedad novohispana, fundamentalmente indígenas, españoles y africanos. Los personajes aparecen sobre un fondo neutro y visten trajes característicos de cada grupo social, de acuerdo con su posición económica y su categoría dentro de la jerarquía social de aquella época. Debajo de cada recuadro, como es costumbre en estos lienzos, puede observarse una leyenda con el nombre de la casta, que hace alusión al origen étnico de cada uno de los sujetos representados. Su formato corresponde a una variante en la acostumbrada representación, que casi siempre consistía en un cuadro de grandes dimensiones para cada escena de mestizaje. (1) Por las características pictóricas de esta obra, estudiosos del tema señalan que pudo haber sido ejecutada hacia el último cuarto del siglo XVIII, aunque la indumentaria de los personajes pertenezca a una época más temprana. También afirman que la ausencia de rasgos definidos en la ejecución de las personas representadas impide que su factura se atribuya a algún pintor conocido. (2) Por su importancia, esta obra ha sido consignada en varias publicaciones, aparece por primera vez registrada a principios del siglo XX en un libro de García Icazbalceta, según lo atestigua María Concepción García Sáiz, (3) quien también lo consigna en su conocida obra sobre las castas mexicanas. Ha ilustrado también otras publicaciones, el libro Tepotzotlán. La vida y la obra en la Nueva España, del Museo Nacional del Virreinato. (4) Se presume que los cuadros de castas son un género pictórico exclusivamente de factura americana, y que fueron elaborados bajo los criterios científicos de las nuevas ideas de la Ilustración y su obsesión por observar, clasificar y coleccionar todo tipo de elementos naturales. Su aparición destaca porque irrumpen con temas profanos y terrenales en un ambiente pictórico fundamentalmente de temas religiosos. Elaborados por pintores de renombre y también anónimos, estos cuadros por lo general representan escenas cotidianas, en las que aparecen también representadas frutas o paisajes propios de la región y utensilios de trabajo tanto domésticos como de oficio. La clasificación étnica o racial que aparece en estos cuadros y que casi siempre abarca dieciséis tipos de mestizaje, nunca fue utilizada en la práctica, según revelan testimonios documentales de la época; más bien denota el ambiente científico que permeaba el siglo XVIII en la Nueva España y la necesidad de los novohispanos de reflejar el carácter multirracial de su patria, como un pretexto por recobrar lo propio y distintivo de su sociedad y de su naturaleza. (5) A continuación se presentan las distintas inscripciones que aparecen representadas, de acuerdo con el número localizado en el extremo superior de cada recuadro: 1. Español con india, mestizo. 2. Mestizo con española, castizo. 3. Castizo con española, español. 4. Español con mora, mulato. 5. Mulato con española, morisco. 6. Morisco con española, chino. 7. Chino con india, salta atrás. 8. Salta atrás con mulata, lobo. 9. Lobo con china, gíbaro. 10. Gíbaro con mulata, albarazado. 11. Albarazado con negra, cambujo. 12. Cambujo con india, sambaigo. 13. Sambaigo con loba, calpamulato. 14. Calpamulato con cambuja, tente en el aire. 15. Tente en el aire con mulata, no te entiendo. 16. No te entiendo con india, torna atrás.

(1) Mónica Martí, “Los cuadros de castas: un precoz afán ilustrado de clasificación”, en Boletín del Museo Nacional del Virreinato, núm. 14, p. 3. (2) María Concepción García Sáiz, Las castas mexicanas. Un género pictórico americano, p. 180. (3) Ibídem. (4) Miguel Fernández Félix (coord.), Tepotzotlán. La vida y la obra de la Nueva España, pp. 30 y 31. (5) Roberto Moreno de los Arcos, “La ilustración mexicana”, en María Concepción García Sáiz, Las castas mexicanas, op. cit., p. 19.

Óleo sobre tela, siglo XVIII. Pintor anónimo
Acervo Museo Nacional del Virreinato-INAH.

Arturo Vásquez Urdiales

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Muchas gracias.

2 COMMENTS

  1. Señor Licenciado. Estimado compañero; como siempre muy atinado e interesantes tus artículos. Propio de personas con gran capacidad intelectual y dispuestos a compartir sus conocimientos. Mi modesto pero sincero reconocimiento. Saludos y que estés bien. Lic. Izquierdo.

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