El equivalente de un mototaxi de Sídney a París

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Por Arturo Vásquez Urdiales

16 de enero de 2025

La historia de la familia Montin, que en 1956 cruzó 12,000 millas desde Sídney hasta París a bordo de una Lambretta, es un recordatorio brillante del espíritu humano en su máxima expresión.

Su travesía, que los llevó a desafiar climas extremos, carreteras precarias y barreras culturales, fue mucho más que un viaje físico; fue una odisea que encapsuló el deseo de conexión, descubrimiento y superación.

Ese pequeño scooter, (Mototaxi, Pero con un motor italiano de la mitad de la potencia de los que hoy conocemos) cargado con una familia y sus sueños, avanzaba con una valentía que parecía desafiar las leyes mismas de la lógica.

Atravesar los vastos desiertos australianos, las bulliciosas calles de la India y las antiguas rutas de Persia y Europa fue una hazaña de resistencia, pero también de belleza. Las fotos frente a la Puerta de la India no sólo capturaron un momento en el tiempo, sino que inmortalizaron el triunfo de la voluntad humana.

Sin embargo, la vida moderna nos ofrece contrastes desgarradores. En mi propio estado, Oaxaca, un grupo de mototaxistas ha sido prohibido de utilizar la recién inaugurada supercarretera que conecta la capital con Puerto Escondido.

Una obra majestuosa de ingeniería que promete acortar distancias y unir comunidades se convierte, paradójicamente, en un símbolo de exclusión.

Mientras los Montin usaban un vehículo modesto para cruzar continentes y unir culturas, hoy en día se les niega a los mototaxistas locales la oportunidad de recorrer un tramo de poco más de 100 kilómetros. ¿La razón? La inseguridad.

Pero uno no puede evitar preguntarse si esta “inseguridad” no es también una proyección de otros prejuicios sociales y económicos que marginan a los más vulnerables.

El contraste es abrumador. La Lambretta de los Montin conectó mundos, mientras que las restricciones actuales en Oaxaca desconectan a quienes más lo necesitan. ¿Qué hemos aprendido desde 1956? ¿Hemos perdido, como sociedad, la capacidad de ver en los pequeños vehículos y en sus conductores el mismo espíritu de aventura que alguna vez aplaudimos en historias como la de los Montin?

Quizá la pregunta más importante no es por qué prohibimos, sino por qué no fomentamos. ¿Qué pasaría si en lugar de cerrar caminos, abriéramos puertas?

Si en lugar de limitar el acceso, exploráramos formas de incluir y garantizar la seguridad de todos.

Tal vez, en ese acto, encontraríamos una chispa del espíritu que llevó a una familia australiana a desafiar continentes con nada más que una Lambretta (Mototaxi) y un corazón lleno de sueños.

El mototaxi de Sídney a París es una metáfora viviente de lo que podríamos ser si nos atreviéramos a avanzar juntos, sin importar los obstáculos. La pregunta es si estamos listos para arrancar el motor.

El contenido (narrativa de Sidney a París) lo tome de la red, lo de los mototaxistas no es una metáfora porque también -algunos- son bien traviesos.

Arturo Vásquez Urdiales ©®

Queridos 3 lectores:

Le invito a compartir tan interesante y profundo y craneado artículo.

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