Por Dr. David Vásquez Tovar
Letras Hipnóticas | 30 de julio de 2026
Tiflis — Moscú — La página más perturbadora de la biografía de Stalin


I. La página más perturbadora

La página más perturbadora de la biografía de Iósif Stalin no es una lista de ejecuciones, una orden de prisión o una fotografía de la Gran Purga. Es un poema sobre el amanecer.

Antes de que el nombre «Stalin» se volviera inseparable del terror, Ioseb Besarionis dze Jughashvili —el joven georgiano que llegaría a gobernar la Unión Soviética con puño de hierro— fue un adolescente que escribía versos bajo la tierna firma de «Soselo». Sus líneas hablaban de flores que se abren, de luz lunar, de bosques, de pájaros y de cantores errantes. El futuro gobernante que reduciría a los seres humanos a expedientes, cuotas y confesiones entró por primera vez en la vida pública no como revolucionario, sino como poeta publicado.

Esa contradicción no es redención. Es algo mucho más aterrador: la prueba de que la sensibilidad puede coexistir con la capacidad futura de construir una máquina de terror implacable. El joven que buscaba la belleza abandonó el verso regular cuando la política revolucionaria lo consumió. «Soselo» desapareció. Los alias cambiaron. La organización clandestina, los arrestos y el exilio reemplazaron la ambición literaria.

Como escribió el crítico literario Donald Rayfield, el poema sin título sobre el laúd y el veneno contiene «una convicción paranoica de que los grandes profetas solo podían esperar conspiración y asesinato: una convicción que resulta demasiado evidente en los últimos veinte años del gobierno de Stalin, marcados por envenenamientos recurrentes, reales e imaginarios». El joven poeta ya vislumbraba un mundo donde la verdad era recibida con veneno.


II. El seminarista que escribía versos

En 1894, Jughashvili ingresó en el Seminario Teológico Ortodoxo de Tiflis, la actual Tbilisi. Allí, como muchos niños georgianos, había crecido con el poema épico nacional, El caballero en la piel de pantera, que conocía de memoria. Leía apasionadamente la poesía popular de la época, especialmente la de Rafael Eristavi y Akaki Tsereteli y —una vez que aprendió ruso— la de Nikolay Nekrasov. En el seminario, devoró a Goethe y Shakespeare en traducción y podía recitar a Walt Whitman de memoria.

Fue entonces cuando comenzó a escribir poesía romántica en georgiano. En 1895, a la edad de diecisiete años, su obra impresionó al célebre poeta Ilia Chavchavadze, una de las figuras más importantes de la literatura y la política georgiana. Chavchavadze publicó cinco de sus poemas en su revista, Iveria, atribuidos al seudónimo Soselo. Más tarde aparecería un sexto poema, «Viejo Ninika», en el semanario socialista Kvali («El arado»).

Los primeros cinco poemas aparecieron entre junio y diciembre de 1895, firmados como «I. J-shvili» o «Soselo» (una forma diminutiva y cariñosa de Soso, el apodo familiar de Jughashvili). Fueron leídos ampliamente y se convirtieron en pequeñas joyas de la literatura georgiana, apareciendo en antologías de la mejor poesía del país antes de que nadie hubiera oído hablar de «Stalin».


III. La poesía de Soselo: los poemas completos

Los versos en sí mismos —simples odas a la mañana, a los lirios y a las escenas rurales— reflejan el entorno intelectual temprano de Stalin más que cualquier agenda revolucionaria. El biógrafo Robert Service los describe como «bastante estándar para la poesía romántica de principios del siglo XIX», «muy convencionales, muy estandarizados y más bien autocomplacientes». Pero el crítico literario y biógrafo Donald Rayfield, quien tradujo los poemas al inglés, señaló que la imaginería romántica era derivada, pero que la habilidad técnica de Stalin era innegable. «No es de extrañar —reflexionó— que el decano de las letras y la política georgianas, Ilia Chavchavadze, estuviera dispuesto a imprimir este poema y al menos otros cuatro».

A continuación, los poemas completos en su traducción al español, tal como fueron publicados en Iveria entre 1895 y 1896:


Sin título

(Publicado en Iveria, 1895)

Por esta tierra, como un fantasma
vagaba de puerta en puerta.
En sus manos, un laúd
que tañía dulcemente.

En sus melodías soñadoras
como un rayo de sol,
se sentía la pura verdad
y el amor divino.

La voz hizo latir los corazones
de muchos,
corazones que se habían
petrificado.

Iluminó las mentes de muchos,
mentes que habían sido arrojadas
a la oscuridad.

Pero en vez de gloria,
donde el arpa tañía,
la muchedumbre le servía al paria
un vaso lleno de veneno…

Y le decían: «Bebe esto,
maldito seas,
¡que este es tu destino!
¡No queremos tu verdad,
ni tus sonidos divinos!»


Mañana

(Dedicado al príncipe Rafael Eristavi; publicado en Iveria, 1895)

El capullo de rosa se había abierto
y sus pétalos extendidos rozaban los de la violeta,
el lirio se despertaba
e inclinaba su cabeza movido por la brisa.

En lo alto de las nubes la alondra
cantaba un himno de trinos
mientras el alegre ruiseñor
decía con dulce voz:

«Llénate de flores, oh tierra hermosa,
alegra el país de los íberos,
y tú, georgiano, mediante el estudio
lleva la alegría a tu patria».


Sin título (variante de «Mañana»)

(Publicado en Iveria, 1895)

El capullo rosado se abre.
Rápido se tiñe de pálido azul violáceo
Y, agitada por la brisa ligera,
La lila del valle se inclina sobre la hierba.

La alondra ha cantado con su oscuro azul
volando más alto que las nubes
mientras el melodioso ruiseñor
canta una canción a los niños.


A la Luna

(Publicado en Iveria, 1895)

Muévete incansable,
no inclines tu cabeza,
disipa la bruma de las nubes,
grande es la provincia del Señor.

Sonríe benigna a la tierra
que se extiende a tus pies;
canta una nana al glaciar
colgado del cielo.

Ten por seguro que otrora,
lleno de aflicción, un hombre
oprimido
se esfuerza de nuevo por alcanzar la
montaña pura,
cuando la esperanza lo exalta
así, amada luna, como antes.


IV. «Si alguno de los poemas de Stalin contenía una advertencia al lector, es este»

El poema sin título sobre el laúd y el veneno es el más revelador de todos. Stalin, a los diecisiete años, ya vislumbraba un mundo «paranoico» donde «los grandes profetas solo podían esperar conspiración y asesinato». El joven poeta se imagina a sí mismo como un profeta no honrado en su propia tierra, un cantor errante envenenado por su propio pueblo. El crítico literario Donald Rayfield escribió: «Si alguno de los poemas de Stalin contenía un avis au lecteur —una advertencia al lector—, es este».

El cuarto poema explora el «contraste entre la violencia en el hombre y la naturaleza y la gentileza de los pájaros, la música y los cantores». En el poema «A la Luna» encontramos a un «hombre oprimido» que se esfuerza por alcanzar «la montaña pura» cuando «la esperanza lo exalta». Ya en su adolescencia, el futuro dictador anticipaba el destino de quienes se atreven a decir la verdad: el veneno, el destierro, la muerte. No es profecía. Es, quizás, la primera manifestación de una paranoia que décadas después devoraría a millones.


V. El poeta que se convirtió en verdugo

Nada en esos poemas tempranos puede explicar honestamente lo que siguió. La poesía no contiene un germen secreto de dictadura, y las flores no se convierten inevitablemente en tumbas. Precisamente por eso la historia hiere tan profundamente.

El joven que había buscado la belleza abandonó el verso regular cuando la política revolucionaria lo consumió. Para 1912, ya utilizaba el nombre de Stalin. Después de la muerte de Lenin, convirtió la ventaja política en poder absoluto. Bajo su gobierno, la colectivización forzada ayudó a producir una hambruna catastrófica, la policía secreta adquirió una vasta autoridad punitiva, millones entraron en el sistema Gulag, poblaciones enteras fueron deportadas y la Gran Purga sometió a la sociedad mediante arrestos, ejecuciones y miedo.

La traición no fue solo a las personas, sino al lenguaje mismo. El joven poeta había escrito porque las palabras podían llevar sentimientos privados; el dictador exigió más tarde que las palabras sirvieran al Estado. Los escritores aprendieron que una frase podía destruir una carrera, convocar a la policía o convertirse en evidencia en un interrogatorio. El arte fue forzado bajo la disciplina del partido, mientras que el elogio se convirtió en una forma de supervivencia. Algunos poetas fueron encarcelados, silenciados o asesinados; otros mutilaron sus propias voces para seguir vivos.

Stalin, que entendía el ritmo, la imaginería y el poder intoxicante de un nombre, presidió un sistema que transformó la literatura de un lugar de libertad interior en otra habitación vigilada. Fue un asesinato biográfico a escala de civilización: no solo controlar lo que la gente decía, sino enseñarles a temer lo que pensaban.


VI. El proyecto secreto de 1949

En 1949, según los relatos de los biógrafos de Stalin y los historiadores literarios, Lavrenti Beria organizó en secreto que destacados poetas, entre ellos Borís Pasternak, prepararan una edición rusa de los poemas juveniles como un tributo por el septuagésimo cumpleaños del gobernante. Stalin detuvo el proyecto. Ya fuera por vergüenza, por cálculo o por negarse a exponer al olvidado «Soselo», no permitió que esa voz anterior se alzara junto al gobernante en que se había convertido.

Los poemas sobrevivieron de todos modos. También lo hizo la contradicción insoportable.

Una vez, escribió sobre la luz del amanecer descendiendo sobre la tierra. Décadas después, innumerables familias esperaron durante la noche el sonido de pasos en las escaleras. El amanecer del poeta fue impreso en tinta; la oscuridad del dictador fue escrita en nombres desaparecidos.


VII. El legado del Soselo olvidado

Los poemas de Stalin, que se convirtieron en pequeños clásicos georgianos antes de que nadie supiera quién era Stalin, nos confrontan con una verdad incómoda: la sensibilidad y la brutalidad pueden cohabitar en la misma alma. El joven que escribió sobre el capullo rosado y la alondra cantora fue el mismo hombre que, décadas después, firmaría órdenes de ejecución y destruiría las vidas de millones.

Bajo Jruschov, en las décadas de 1950 y 1960, el poema «Mañana» se imprimió en los manuales escolares georgianos sin atribución; bajo Brézhnev, se convirtió en el poema titular de toda una biblioteca escolar elemental, y se le devolvió su firma original, Soselo, con una nota a pie de página que indicaba la fecha de nacimiento de Stalin y que el poema fue escrito y publicado cuando Soselo tenía quince años. La nota ocupaba más espacio que la información de que «estuvo durante tres décadas al frente del Partido Comunista y del gobierno de la URSS».

En 1901, el clérigo georgiano M. Kelendzheridze incluyó uno de los poemas de Stalin firmado como «Soselo» en un libro educacional sobre lengua y arte, entre los mejores ejemplos de la literatura clásica georgiana. En 1907, Stalin utilizó su prestigio como Soselo para obtener información de un admirador que necesitaba para un robo a un banco. El poeta se había convertido en ladrón, y el ladrón en tirano.


VIII. La advertencia final

El 30 de julio de 2026, al leer los poemas de Soselo, uno no puede evitar preguntarse: ¿dónde termina el poeta y comienza el tirano? ¿Fue la poesía una máscara, un engaño, una fase pasajera? ¿O fue, más bien, la prueba de que la capacidad de sentir belleza no es garantía de bondad, del mismo modo que la capacidad de infligir dolor no es garantía de maldad?

La poesía no contiene un germen secreto de dictadura, y las flores no se convierten inevitablemente en tumbas. Eso es precisamente lo que hace que esta historia sea tan difícil de soportar. El joven que una vez escribió sobre la luz del amanecer se convirtió en el hombre que ordenó que la oscuridad cayera sobre millones. El poeta que firmaba como Soselo se convirtió en el dictador que no podía permitir que ese nombre sobreviviera.

Los poemas sobreviven. También lo hace la contradicción. Y en esa contradicción, en esa imposible coexistencia de la belleza y el terror, se encuentra la lección más profunda: que la historia no es un cuento moral, sino un espejo roto que refleja nuestras propias contradicciones. Que incluso los monstruos, antes de ser monstruos, fueron humanos. Y que esa humanidad, lejos de redimirlos, los hace más aterradores.


Referencias

· El Debate. (2023, 18 de diciembre). Cuatro impensables poemas de Stalin, el genocida comunista al que cantaron Alberti y Neruda. https://www.eldebate.com/cultura/20231218/cuatro-impensables-poemas-stalin-genocida-comunista-cantado-alberti-neruda_160485.html
· Imperial. (2024). The Poetry of Joseph Stalin. Google Books. https://books.google.com.sg/books?id=qFXgEAAAQBAJ[reference:15]
· Rayfield, D. (1985). Stalin as Poet. PN Review, 41, 44-47. https://pnreview.co.uk/archive/stalin-as-poet/6036[reference:16]
· Rayfield, D. (2007, 19 de mayo). To the Moon by Soselo (Josef Stalin). The Guardian. https://www.theguardian.com/books/2007/may/19/featuresreviews.guardianreview34
· Wikipedia. (2011). Poetry of Joseph Stalin. https://en.m.wikipedia.org/wiki/Poetry_of_Joseph_Stalin[reference:17]

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