Por Arturo David Vásquez Urdiales

02 de diciembre de 2024

Agárrate de lo mero mero principal: en el nombre de Júpiter.

En el umbral del tiempo, cuando las civilizaciones emergían con leyes y juramentos como pilares de su convivencia, encontramos en la antigua Roma una curiosa práctica de solemnidad jurídica.

Los testigos, aquellos encargados de declarar la verdad ante los tribunales, no tenían una Biblia sobre la cual jurar.

No existía.

El cristianismo no había transformado aún las liturgias legales. En su lugar, los romanos empleaban un gesto cargado de simbolismo y anatomía: los hombres juraban agarrándose los testículos con la mano derecha.

El juramento romano: solemnidad en carne viva

El juramento, que probablemente habría resonado en los foros y tribunales de la época, podría haber sido algo así:

“Per testimonium mea, et per honorem patrium, veritatem dicam neque mentiar”

(“Por mis genitales [testículos] y por el honor de mis antepasados, diré la verdad y no mentiré”).

Era un juramento que vinculaba al testigo con su linaje, su futuro, y el legado de su descendencia.

Los testículos, etimológicamente emparentados con testis (testigo en latín), representaban no solo la fecundidad sino también la continuidad del honor familiar.

Las declinaciones del testigo en latín

El término testis se declina como sigue:

  • Nominativo: testis (el testigo)
  • Genitivo: testis (del testigo)
  • Dativo: testi (al testigo)
  • Acusativo: testem (al testigo, objeto directo)
  • ablativo: teste (por/desde el testigo)
  • Plural:
  • Nominativo: testes
  • Genitivo: testium
  • Dativo: testibus
  • Acusativo: testes
  • Ablativo: testibus

El vocablo no solo nombraba a los testigos de un evento, sino que también derivó en palabras como testículo y testificar, ambas ligadas por la raíz común de dar fe o ser testimonio de algo.

El proceso judicial romano

En la Roma republicana y posterior, el acto de jurar era esencialmente un contrato espiritual y físico con los dioses y la comunidad.

Antes de testificar, el testigo era llevado ante el magistrado, quien le exigía realizar el juramento de forma pública.

Sostener los testículos simbolizaba la verdad inalterable, pues mentir bajo este juramento era insultar a la propia descendencia y arriesgarse al castigo divino.

Si un testigo incumplía su juramento, las consecuencias no solo eran legales sino también religiosas, pues se creía que los dioses lo perseguirían con desgracias personales.

Ejemplos claros: testigos y juramentos en acción

  1. El juicio de un comerciante estafador: Un hombre acusado de adulterar el peso de los cereales fue llevado al foro. Los testigos del mercado, tras jurar sobre sus genitales, declararon cómo el acusado utilizaba pesas falsas. El acusado fue condenado al exilio. (Claudio).
  2. El soldado que juró falsamente: Un legionario aseguró haber cumplido su deber en una batalla perdida. Juró falsamente sosteniéndose los testículos. Tiempo después, murió en circunstancias misteriosas, lo que se interpretó como castigo divino por perjurio. (Flavio)
  3. La disputa sobre tierras familiares: Dos hermanos acudieron al tribunal para resolver una disputa sobre la herencia paterna. Ambos juraron, y el tribunal confió en el testimonio del mayor, quien tenía la reputación de hombre justo. (Cesar, el código de honor del Pretor).

Sociedades diferentes, juramentos distintos

Cada sociedad tiene formas únicas de validar la verdad. Los romanos, con su juramento testicular, veían el cuerpo como un puente entre lo divino y lo humano. En contraste, en la Edad Media, los cristianos introdujeron la Biblia como símbolo de la fe y la moralidad divina.

En la cultura musulmana, jurar sobre el Corán tiene el mismo efecto de solemnidad. En otras tradiciones, se emplean objetos sagrados, como las máscaras rituales en África o los tótems en América precolombina.

Historias al respecto: el juramento como testimonio de la humanidad

Un relato que ilustra el peso del juramento proviene de la República romana, cuando un testigo declaró haber visto a un patricio conspirar contra el Senado. Su juramento fue tan solemne que, tras comprobarse su veracidad, el Senado concedió al testigo tierras como recompensa. Sin embargo, jurar en falso podía acarrear la pena de muerte, como le ocurrió a un hombre que mintió en un juicio para proteger a su hermano. (Séneca).

Reflexión final: testificar y la humanidad

El acto de testificar, aunque varíe en forma, nos recuerda la profunda necesidad humana de buscar la verdad y garantizar la justicia. Desde los foros romanos hasta los tribunales modernos, el juramento ha sido y sigue siendo un contrato sagrado con la comunidad y la historia.

Tal vez la próxima vez que escuchemos a alguien “testificar”, podamos recordar que detrás de esa palabra hay testigos, testículos y un compromiso milenario con la verdad.

Narrador Arturo Vásquez Urdiales quien le invita a compartir esta columna

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Dr. Arturo David Vásquez Urdiales
Arturo David Vásquez Urdiales Zuazubiskar es notario público, abogado y escritor oaxaqueño. Fundador de la serie Apunte diario sobre letras Hipnóticas y autor de obras como Los siete ojos del gato negro y La piedra del tiempo, su estilo mezcla historia, mística, crítica social y visión futurista. Con más de 35 años de trayectoria jurídica, ha sido Consejero Jurídico del Estado de Oaxaca y hoy encabeza la Notaría Pública número 100. Su escritura explora los umbrales entre lo real y lo invisible. También es creador del idioma universal Zawki y promotor de la Fundación de Letras Hipnóticas AC.

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