x Arturo Vásquez Urdiales
17 de noviembre
*Domingo:
“Uno nunca está solo cuando es esquizofrénico”*
En el vasto campo de La Mancha, donde los vientos cantan canciones antiguas y los molinos se alzan como gigantes desafiantes, Don Quijote y Sancho Panza, esos dos extremos de la existencia humana, se encuentran en un diálogo que trasciende lo común. *
“Uno nunca está solo cuando es esquizofrénico”
Declara el caballero andante mientras su lanza tiembla con la brisa, y la frase, cargada de ironía y sabiduría, reverbera en el horizonte.
Sancho, con su sencillez terrenal, no puede evitar arquear las cejas.
Para él, el mundo es sólido, tangible, y los molinos son simplemente molinos, no monstruos mitológicos que aguardan la batalla.
Pero para Don Quijote, cada aspaviento del viento contra las aspas es un llamado a la épica, un recordatorio de que la vida está compuesta por más que pan y vino: está hecha de sueños, locuras y diálogos con las sombras que acompañan al hombre.
El reflejo de los molinos

¿Acaso no somos todos, en algún momento, como Don Quijote?
Habitantes de una mente que no se conforma con la rutina, que escucha voces cuando el mundo calla y ve monstruos donde los demás ven máquinas.
La esquizofrenia, metafórica o real, nos da un espejo fragmentado donde cada pedazo refleja una verdad parcial.
Quizás esa multiplicidad de voces, de pensamientos cruzados, sea la compañía que nos rescata del vacío existencial.
Sancho Panza, siempre pragmático, representa la cordura. Pero la cordura sola, sin el toque de locura del Quijote, es una jaula.
Sancho necesita al caballero como nosotros necesitamos esa chispa de locura que nos permita pintar con colores brillantes los lienzos grises de la cotidianidad. Entre los molinos y las sombras, entre la esquizofrenia y la soledad, se encuentra el equilibrio precario que nos hace humanos.
El sarcasmo como defensa
Cuando Don Quijote pronuncia su frase, no solo ríe de sí mismo, sino que desmonta el concepto de soledad. “Uno nunca está solo cuando es esquizofrénico” es un guiño al lector, una confesión velada de que su locura no es más que un disfraz para soportar un mundo que ha perdido la magia.
El sarcasmo, en su máxima expresión, es una armadura brillante para combatir el dolor de la incomprensión.
Quijote, el loco, es el hombre libre. Sancho, el cuerdo, es el hombre atado. Y nosotros, los lectores, oscilamos entre ambos, intentando decidir si luchamos contra los molinos o nos resignamos a llamarlos máquinas de viento.
Conclusión: Somos todos molinos
Al final del día, cada uno de nosotros lleva un molino por dentro, con aspas que giran al compás de las corrientes de la mente. Algunos luchan contra ellos, como Don Quijote. Otros los observan en silencio, como Sancho.
Pero todos compartimos el mismo paisaje interior, donde la soledad nunca es absoluta, porque siempre hay voces, pensamientos y sueños que nos acompañan.
¿Y tú? ¿Qué haces cuando los molinos de tu mente comienzan a girar?
[ [Posdata, El gato está muerto: Yo no estoy loco, solo llevo 2 divorcios y una separación.] ]
Feliz domingo
Urdiales Zuazubizkar fundación de letras hipnóticas ac ©®
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