Por Arturo Vásquez Urdiales

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I. Hypnos y la frontera de los sueños

En la mitología griega, Hypnos —el sueño— habitaba una cueva profunda donde ningún rayo de sol podía penetrar. A la entrada crecían adormideras y hierbas somníferas, y del lecho del dios manaba el río Lete, el olvido . Pero hay otra frontera, igualmente sombría, por la que atraviesan los que buscan una vida mejor: el río Bravo, el Grande, ese cauce que separa y une a la vez.

Los hijos de Hypnos, los oniroi, visitaban a los mortales para tejer visiones. Morfeo modelaba rostros humanos, Fobétor tomaba formas de bestias para infundir terror, y Fantaso se manifestaba como rocas, árboles o aguas . Pero hay sueños que no necesitan de dioses: los que cruzan la frontera sin papeles, los que buscan trabajo en tierras extrañas, los que terminan, sin saberlo, en las trincheras de una guerra que no es suya.

Hablo de Marcelino Serna.

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💣II. El niño de Chihuahua (1896-1916)💣

Marcelino Serna nació en 1896 en la ciudad de Chihuahua, en el seno de una familia pobre . No hay registros precisos de su infancia, pero sabemos que creció en los años turbulentos de la Revolución Mexicana, cuando el país se desangraba en facciones y el futuro era incierto para todos, especialmente para los pobres.

A los veinte años, como tantos otros, tomó una decisión que cambiaría su vida: emigrar a Estados Unidos en busca de una vida mejor. Desde Ciudad Juárez cruzó el río Bravo —río Grande, del otro lado— y terminó en El Paso, Texas. No hablaba inglés. Solo pudo encontrar empleos precarios de mantenimiento, trabajos que nadie más quería .

Pronto se trasladó a Denver, Colorado, donde trabajó como peón en un campo de remolachas. Era una vida dura, solitaria, de sol a sol. Pero era una vida, y eso bastaba .

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💣III. El indocumentado que eligió la guerra (1917)💣

En 1917, Estados Unidos declaró la guerra a Alemania. La Primera Guerra Mundial, la Gran Guerra, llevaba tres años devastando Europa, y ahora los estadounidenses se preparaban para enviar soldados al otro lado del Atlántico.

Ese año, funcionarios federales realizaron una redada en Denver. Reunieron a un grupo de jóvenes, entre ellos Marcelino Serna, y los retuvieron mientras verificaban su situación legal. Serna era indocumentado, un mexicano sin papeles en tierra extranjera. La opción más probable era la deportación .

Pero ocurrió algo inesperado. Ante los oficiales de inmigración, Marcelino tomó una decisión que desafía cualquier lógica: se ofreció como voluntario para el Ejército de los Estados Unidos. Iba a pelear en una guerra que no era la suya, por un país que no era el suyo, en un continente que nunca había visto. Y todo, probablemente, para evitar ser devuelto a la pobreza de la que había escapado .

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💣IV. Tres semanas de entrenamiento y un barco a Liverpool💣

Con apenas tres semanas de entrenamiento, insuficientes para cualquier estándar militar, Marcelino Serna fue enviado a Liverpool, Inglaterra, con la División de Infantería 89, conocida como la “División del Medio Oeste” porque la mayoría de sus soldados procedían de Kansas, Colorado, Utah, Dakota del Sur, Nuevo México y Arizona .

Serna no hablaba inglés. Se comunicaba a través de un compañero bilingüe. Cuando llegó a Francia, el ejército descubrió que era ciudadano mexicano y le dijeron que no tenía por qué estar ahí: podía volverse a casa. Marcelino, según contó después, respondió que prefería quedarse con sus amigos .

Esa frase —”quedarse con sus amigos”— revela algo profundo sobre el espíritu humano. En medio de la guerra, en tierra extraña, aquellos soldados se habían convertido en su familia. Y él no los abandonaría.

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V. Saint-Mihiel: el día que un mexicano capturó a un pelotón alemán

La unidad de Serna participó en operaciones cruciales para la victoria aliada, especialmente la ofensiva de Meuse-Argonne, una de las más sangrientas de la guerra. Pero fue durante la batalla de Saint-Mihiel cuando ocurrió la hazaña que lo convertiría en leyenda .

Su unidad avanzaba bajo una fuerte lluvia. Un ametrallador alemán había matado ya a doce soldados. Mientras otros se cubrían, Serna, que era el explorador de su unidad, siguió adelante solo.

Años después, contó la escena a un periodista del El Paso Times:

“Me puse de pie, corrí unos diez metros y me metí en la tierra. Cuando me acerqué lo suficiente, arrojé cuatro granadas en el nido. Ocho alemanes salieron con las manos levantadas, otros seis murieron. Retuve a mis prisioneros hasta que llegó la ayuda” .

Un solo hombre, con cuatro granadas, había neutralizado un nido de ametralladoras enemigo, matado a seis soldados alemanes y capturado a ocho más. Y los retuvo, él solo, hasta que llegaron refuerzos. Los anales militares registran pocas hazañas individuales comparables.

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VI. El francotirador y las piernas heridas

Marcelino Serna sobrevivió a innumerables combates sin un rasguño. Parecía tener un ángel de la guarda. Pero ese ángel no lo acompañaría hasta el final.

Cuatro días antes del armisticio —el 11 de noviembre de 1918, cuando la guerra terminaría— un francotirador alemán lo alcanzó en ambas piernas . Herido, sangrando, logró arrastrarse de regreso a las líneas estadounidenses usando su rifle como muleta. No se rindió. No pidió ayuda. Regresó solo.

En el hospital de campaña, un general norteamericano le impuso la Cruz por Servicio Distinguido, la segunda condecoración militar más importante de Estados Unidos, solo detrás de la Medalla de Honor .

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VII. Las medallas de un héroe anónimo

La lista de condecoraciones de Marcelino Serna es asombrosa. Además de la Cruz por Servicio Distinguido —convirtiéndose en el primer hispano en recibirla—, obtuvo :

· Dos Croix de Guerre francesas (la más alta condecoración bélica de Francia)
· La Croce al merito di guerra italiana
· La médaille militaire francesa
· La medalla conmemorativa francesa
· La Medalla de la Victoria con cinco estrellas de la Primera Guerra Mundial
· La Medalla de la Victoria con tres barras de campaña
· La Medalla de St. Mihiel
· La Medalla de Verdún
· Dos Corazones Púrpuras de las Fuerzas Armadas

Con todo esto, Marcelino Serna se convirtió en el soldado más condecorado de Texas en la Primera Guerra Mundial .

Pero hay un detalle crucial: nunca recibió la Medalla de Honor, la máxima condecoración estadounidense. ¿La razón? Era un soldado raso, mexicano, sin papeles . En 1918, el origen étnico pesaba más que el valor demostrado en el campo de batalla.

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VIII. El regreso a casa (1919-1992)

Terminada la guerra, Marcelino Serna regresó a Estados Unidos. A diferencia de muchos veteranos que regresaron con traumas y dificultades, él logró construir una vida. Se estableció en El Paso, Texas, donde continuó viviendo hasta su muerte.

Se convirtió en ciudadano estadounidense. Trabajó, formó una familia, vivió en paz. Pero nunca buscó notoriedad. Su historia permaneció prácticamente desconocida durante décadas, incluso en Texas, el estado que lo había adoptado y al que había dado tanto .

Murió en 1992 en El Paso, a los 96 años. Para entonces, pocos recordaban al indocumentado que se había ofrecido como voluntario para la guerra, al soldado que solo había capturado a ocho alemanes, al hombre que había regresado herido arrastrándose con su fusil.

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IX. El reconocimiento tardío

En las últimas décadas, historiadores y veteranos han comenzado a recuperar la memoria de Marcelino Serna. Se han publicado artículos, se han realizado documentales, se ha intentado —sin éxito hasta ahora— que reciba póstumamente la Medalla de Honor que mereció y que le fue negada por prejuicios étnicos .

En 2014, el presidente Barack Obama condecoró a 24 veteranos hispanos de la Segunda Guerra Mundial, Corea y Vietnam con la Medalla de Honor, en un acto de reparación histórica por la discriminación sufrida. Entre ellos estaban Pedro Cano, nacido en Tijuana, y Jesús Durán, nacido en Ciudad Juárez . Pero Marcelino Serna, de la Primera Guerra Mundial, no estaba en esa lista.

Su caso sigue pendiente.

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X. Hipnóticas reflexiones

Las letras hipnóticas, decíamos al principio, participan del sueño. Y la historia de Marcelino Serna tiene algo de sueño —o de pesadilla— según se mire.

Porque este hombre, que cruzó el río sin papeles, que trabajó en campos de remolacha por un salario de hambre, que fue detenido por inmigración y eligió la guerra antes que la deportación, este hombre dio todo por un país que no lo reconocería plenamente. Mató enemigos, capturó prisioneros, arriesgó su vida, quedó herido. Y a cambio, le negaron la máxima condecoración por su origen.

Hoy, más de cien años después, la frontera que cruzó Marcelino Serna sigue siendo motivo de disputa. Los migrantes mexicanos son perseguidos, criminalizados, encerrados en jaulas. Se olvida —o se ignora deliberadamente— que hombres como Serna construyeron con su sangre el derecho a llamarse estadounidenses. Que en las trincheras de Francia, en los bosques de las Ardenas, en las selvas de Vietnam, había miles de apellidos como el suyo: González, Ramírez, Fernández, López, Serna. Mexicanos. Migrantes. Héroes.

Marcelino Serna no buscó la gloria. Cuando le preguntaban por la guerra, respondía con sencillez. No se consideraba un héroe. Solo un hombre que hizo lo que tenía que hacer.

Pero los pueblos necesitan héroes. Necesitan recordar que la grandeza no entiende de papeles, ni de fronteras, ni de idiomas. Que un indocumentado puede ser más valiente que un general. Que un peón de remolacha puede enseñarle al mundo lo que significa el honor.

El soldado más condecorado de Texas fue un mexicano sin papeles. Que esa paradoja nos acompañe en las discusiones sobre migrantes, sobre muros, sobre quién merece llamarse estadounidense.

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XI. Epílogo en la cueva de Hypnos

La cueva de Hypnos, la del dios del sueño, tenía una entrada cubierta de adormideras. Quienes entraban, olvidaban. Quienes salían, recordaban apenas sombras.

Pero hay hombres que no necesitan entrar en ninguna cueva para ser inolvidables. Marcelino Serna, el indocumentado de Chihuahua, el soldado más condecorado de Texas, el hombre que capturó a ocho alemanes con cuatro granadas, sigue vivo mientras su historia se cuente.

Y nosotros, desde esta columna, la contamos.

Con afecto y admiración perpetua,

Arturo Vásquez Urdiales

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Fuentes: Gizmodo / EPCC Libraries ; El Diario NY / Notimex ; Vanguardia MX / SDP Noticias ; investigaciones históricas sobre veteranos hispanos en la Primera Guerra Mundial.

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