Apunte diario sobre letras Hipnóticas

Por Arturo Vásquez Urdiales

La Talla de madera de zompantle.

Hay maderas que recuerdan el pulso del árbol aun después del corte. El zompantle —colorín— guarda un rojo íntimo, tibio, como si la savia no quisiera irse. De esa madera nació esta talla: pequeña, viajera, traviesa. No es ídolo ni fetiche. Es umbral.

Tallé despacio, como quien aprende a escuchar. Y luego vino el poema, no para explicar la forma, sino para abrir una grieta de silencio donde la oración pueda posarse. Aquí no se adora la madera ni el metal: se honra el símbolo universal que nos reúne cuando faltan las palabras—amor, fe, paz, esperanza.

Este Niño no exige credo; ofrece aliento. Su desnudez no pide permiso y su risa ordena el miedo. Quien lo mira no se inclina ante la materia, sino ante la posibilidad de creer mejor, de pedir con humildad, de implorar milagros sin estruendo.

Que esta imagen —y estos versos— sean una pausa. Un gesto mínimo para todas las manos. Donde respira el símbolo, la casa se aquieta; y el corazón, sin prisa, aprende a estar.

Les dejo a todos los hombres de buena voluntad de todos los -benditos, divinos, egregios, dignos- Credos de todos los pueblos de todos los tiempos y de todos los humanos que hemos habitado y habitaremos, está motita de polvo que llamamos planeta tierra -nuestro azul hogar- las siguientes estrofas: hermanitas y hermanitos humanos: (*)

Mi niño Dios

Mi Niño Travieso:

Mi Niño Dios, Mi Niño viajero
Mi niño Dios, Mi Niño travieso:

Este niño de mi alma, luz temprana,
pan de la casa humilde y soberana;
descalzo guarda el fuego del hogar,
su risa es muro, umbral y es sal y mar.

No pide manto, trono ni señal,
su piel es pacto de gracia natural;
en cuna pobre siembra su calor,
y el miedo duerme al filo de su flor.

Con mano breve ordena el temporal,
y el hambre aprende a hacerse manantial;
vigila el sueño, endulza la razón,
y al llanto le compone una canción.

Si falta el pan, su aliento lo hará grano;
si tiembla el mal, lo vence siendo humano.
Este niño de mi alma cuida y da:
donde él respira, Mi Yo, humilde y con Dios
aprende a estar.

2.

SONETO

Este niño de mi alma, luz serena,
desnudo va sin daño ni recelo;
su faz es paz que vence al duro celo
y al miedo torna en gracia que lo ordena.

No pide abrigo, al mal no da cadena,
su aliento basta al pobre y al desvelo;
con breve pulso sostiene tierra y cielo
y al pan ausente vuelve cosa llena.

Si llora, el llanto aprende a ser consuelo;
si calla, el mundo escucha lo que espera;
su voz es ley sin voz, verdad sin duelo.

Guarda la casa humilde en luz entera:
quien mira en él, no teme al hondo suelo,
que donde está su ser, la fe prospera.

Arturo Urdiales

Para mi comadrita Shantal respetuosamente

(*) El poema está compuesto por dos partes:

Primera sección: un poema en estrofas libres (no estrictamente cerradas), escrito en versos endecasílabos predominantes (11 sílabas), con cadencia clásica y tono meditativo. La rima es consonante intermitente, no rígida, lo que le da fluidez orante y musicalidad suave.

Segunda sección: un soneto clásico de 14 versos endecasílabos, organizado en dos cuartetos y dos tercetos, con rima consonante regular, de corte tradicional.

Muchas gracias por su lectura.[✓]

En conjunto, el poema combina lírica devocional y estructura clásica, con un ritmo sereno, contemplativo y casi litúrgico.

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