La Verdad desnuda y la Mentira vestida

¿Está México en un peligro inminente de invasión y guerra?

¿Cuando dejó México de estar en Guerra? Lea está paradoja hasta el final.

Por Arturo Vásquez Urdiales

Cuenta la alegoría que un día la Verdad y la Mentira se encontraron en un camino abierto, de esos que parecen inocentes porque el cielo está limpio.

—Buenos días —saludó la Mentira.
—Buenos días —respondió la Verdad.

—Qué día tan hermoso —dijo la Mentira.
La Verdad, desconfiada por oficio, miró alrededor para comprobar. Y era cierto: el día era hermoso.

—Es un día hermoso —admitió entonces la Verdad.

La Mentira siguió caminando con esa calma que tienen los que no cargan conciencia.

—Y mira qué hermoso el lago —añadió.
La Verdad observó el agua: transparente, serena, tentadora. Y también era cierto. La Mentira estaba diciendo verdades, una tras otra, como quien pone flores sobre un hoyo.

—Nademos —propuso la Mentira—. El agua está perfecta.

La Verdad tocó el agua con los dedos. Era agradable. No había trampa visible. Y como el mundo suele premiar a quien habla con seguridad, la Verdad hizo lo que hace pocas veces: confió.

Se desvistieron y entraron al lago. Nadaron sin prisa. Por un momento todo fue calma.

Hasta que ocurrió lo previsible.

La Mentira salió primero. En silencio. Y allí, junto a la orilla, tomó las ropas de la Verdad y se las puso como si fueran hechas a su medida. Después se marchó caminando con la frente alta, bien vestida, bien creíble, bien aceptable.

La Verdad salió después. Buscó sus ropas. No estaban. Intentó ponerse las prendas de la Mentira, pero no le quedaron: no por talla, sino por esencia.

Y entonces la Verdad hizo lo único que podía: caminar tal como es.

Desnuda.

La gente, al verla, no celebró su pureza. No agradeció su honestidad. No quiso escucharla. Se horrorizó. La insultó. Le arrojó piedras con los ojos. Le cerró puertas. La llamó indecente.

Y así —dice la alegoría—, desde aquel día la humanidad prefiere una mentira bien vestida, antes que una verdad sin abrigo: desnuda.

— Llamemos a la verdad

Filosofía inmediata

Esta historia no trata del lago. Trata del público, de la esencia humana.

La Mentira triunfa porque conoce el arte que el mundo recompensa: la puesta en escena.

La Verdad fracasa porque llega sin escenografía: solo trae el hecho.

La Mentira no necesita inventarlo todo. Le basta con decir una parte cierta, para que el resto parezca confiable. Es su técnica: la verdad usada como maquillaje.

La Verdad, en cambio, es torpe para el teatro. No tiene modales de propaganda. No halaga. No seduce. No “administra” el golpe. Simplemente aparece.

Y eso, en una sociedad cansada, es insoportable.

—🫆

Lección moral.

Hay una mordida invisible en el alma colectiva:

la mordida del atajo,

la mordida del relato fácil,

la mordida de “quiero creer”, aunque sea mentira.

Porque la Verdad no solo informa: exige.

Exige responsabilidad. Exige renuncias. Exige admitir que uno se equivocó.

Y la mayoría de los seres humanos, antes que aceptar el costo, prefieren una Mentira que les deje el orgullo intacto.

—*

Realidad 2026: ¿qué parte es verdad, qué parte es mentira?

En 2026 el mundo es un lago enorme: todos se meten al agua, todos creen distinguir, pero pocos miran el fondo.

Hay aviones de guerra sobre territorio mexicano —o rumores de ello— y a veces el dato se confunde con el miedo.

Hay quien desea apropiarse de Groenlandia como si los mapas fueran escrituras.

Hay quien pretende quedarse con Ucrania después de millones de vidas, como si la sangre fuera moneda.

Hay voces que exigen cárcel para un expresidente mexicano y sus hijos, y otras voces que aseguran que es persecución, y otras que juran que es justicia.

Hay presidentas y vicepresidentas en América Latina, y alrededor de cada una se construye un traje: el traje de la salvadora, el traje de la tirana, el traje del “todo es montaje”, el traje del “todo es revelación”: ¿La verdad desnuda o la mentira con un abrigo de Mink?

¿Y nosotros? Nosotros, espectadores, somos el jurado más voluble:
a veces odiamos la verdad porque duele;
a veces amamos la mentira porque nos calma.

El gran problema no es que existan hechos confusos. El gran problema es que la mentira ya aprendió a usar el lenguaje de la verdad: habla de democracia, de orden, de paz, de justicia, de seguridad… y al mismo tiempo se sirve del hambre, del miedo, del rencor y de la necesidad.

Y entonces, como en el cuento:

la Verdad aparece desnuda, y la gente pregunta “¿pero dónde está el traje?”.

¡Qué horror!.

—🫆

Metáfora de la mordida, del engaño y del mal comportamiento.

La mordida es la mentira pequeña con uniforme elegante.

No siempre es dinero; a veces es un favor, un silencio, una llamada, una palmadita, una amenaza suave.

El engaño funciona igual que el robo de ropas en la orilla:

  1. primero te dicen verdades para ganarte,
  2. luego te piden que confíes,
  3. luego se visten con tu credibilidad,
  4. luego te dejan expuesto ante el mundo.

Y el mundo —cansado, hambriento, distraído— suele culpar al desnudo, no al ladrón.

—🙃

El pacto viejo: Dios y el diablo.

Cuenta el pueblo bueno y sabio:
—otra alegoría urdialiana— que Dios y el diablo tienen un pacto antiquísimo.

Se reúnen cada semana en una sede alterna: a veces en el cielo, a veces en el infierno, según quién quiera fingir que manda esa semana, y lo logran con gran sutileza, al final parecen padres he hijo.

En esas reuniones se mienten sin pudor.

Uno le ofrece al otro un soborno eterno, -un dinero- como si hasta lo infinito tuviera precio, y al parecer, si.

¿Y cuál es el gran problema de la humanidad?

Que no sabemos quién le da el dinero a quién.

Quien le pone el varo en las manos al otro.

Para que todo cambie, todo debe de seguir igual.

Porque cuando el mal se disfraza de bien, y el bien guarda silencio, la gente ya no sabe si el soborno sube o baja; solo sabe que el mundo sigue igual.

Mejor, más moderno, más vivible, Pero con más desigualdad y voces de guerra, el viejo diablo vestido de traje de confort, Pero al mismo tiempo el mismo diablo agarrando un varo, una pasta, una feria, una morralla, una plática, como se le diga en su engañada región.

Por eso hoy hasta Pedro el facturero es multimillonario y el más malote de malolandia; Pero en el fondo es un niño asustado ayudando al diablo -o a Dios- a agarrar el varo eterno del desmadre del mundo mundial y humano.

—🫆

Diez leyes fundamentales de la verdad y la mentira de Arturo Vásquez Urdiales

  1. La mentira no necesita inventar todo: le basta con mezclar una verdad pequeña para hacerse creíble.
  2. La verdad no compite en espectáculo: compite en consistencia.
  3. Quien se beneficia de que no preguntes suele ser tu primer sospechoso.
  4. La emoción es el vehículo favorito de la mentira: si algo te enciende demasiado, detente y verifica.
  5. La verdad acepta revisión; la mentira se ofende cuando la revisas.
  6. La mentira pide prisa (“decide ya”); la verdad tolera tiempo (“piensa”).
  7. La verdad no necesita enemigos; la mentira sí: para explicar sus grietas.
  8. El poder ama la ambigüedad: donde todo es “relato”, nadie rinde cuentas.
  9. La verdad desnuda no siempre es agradable, pero siempre es útil; la mentira vestida puede ser amable y mortal.
  10. La regla final: antes de creer, pregunta quién gana; antes de repetir, pregunta a quién dañas.

México de a verdad o de a mentiras

Me recuerda El Gallo de oro del ingenio Rulfiano.

La guerra toca la puerta

Aquí la pregunta es: Si un soldado en cada hijo te dió, ¿Por qué los descarnados hijos de Huitzilopochtli se siguen comiendo? O ¿Cuando los hijos de la Guadalupana han dejado de matarse?

México no está en riesgo como territorio, ni como nación histórica, ni como pueblo profundo.

México ha sobrevivido a imperios, invasiones, traiciones internas, dictaduras, saqueos y mesías fallidos. Eso no es fragilidad: es densidad histórica.

Lo que sí está en riesgo —y aquí la respuesta se vuelve incómoda— es la percepción.

Hoy el mayor peligro no entra con tanques, sino con relatos.
No cae del cielo: se posa en la mente.

La mentira ha aprendido algo crucial en este siglo:
ya no se presenta como mentira.

Se presenta como alerta, como cuidado, como preocupación responsable, como verdad técnica, como información “clasificada”, como análisis experto.

Y ahí ocurre el truco viejo del lago.

México es nombrado “en riesgo” tantas veces, con tal insistencia, que la palabra deja de describir y empieza a producir realidad.

No porque sea cierta, sino porque se repite con el traje correcto.

Porque la mentira se repite históricamente tanto que se volvió evangelio, un permanente año de Hidalgo sin preveer las consecuencias.

—“Riesgo” dicho por un analista.

—“Riesgo” dicho por un medio.

—“Riesgo” dicho por un aliado.

—“Riesgo” dicho en nombre de la seguridad.

La mentira no afirma: insinúa.

No acusa: sugiere.

No invade: prepara el terreno.

Y entonces la verdad —que es más sobria— queda desnuda diciendo cosas menos espectaculares:

Que el país sigue funcionando.

Que la vida cotidiana continúa.

Que no hay colapso generalizado.

Que no hay invasión real.

Que no hay guerra declarada.

Que no se pueden explicar las madres buscadoras.

Que hay millones de muertos y desaparecidos con o sin intervención extranjera

Que a una señora la mataron a cuchilladas en el centro, adentro de su negocio, por robarle 350 pesos de mercancía (15 dólares)

Que es cómodo echar culpas a quien se deje.

Pero eso no vende.

Eso no moviliza.

Eso no justifica decisiones.

Así que la verdad es ignorada por falta de dramatismo, y la mentira vestida es aceptada por exceso de narrativa.

La pregunta correcta, entonces, no es si México está en riesgo, sino:

¿Quién necesita que México parezca en riesgo?

Porque el riesgo real suele anunciarse tarde y sin adjetivos.

Mientras que el riesgo fabricado se anuncia temprano, con urgencia y con micrófono.

México no es ingenuo. Pero tampoco es inmune.

Hay un México que sirve a Dios y un México que sirve al Diablo, por eso hay un México Guadalupano y un México del pueblo bueno y sabio, pero están al revés y los mexicanos no sabemos hasta hoy -¡Ho, humanidad doliente!- ¿Quien le da el Varo a quien?

-¿O usted, amable lector, si lo sabe?-

El verdadero peligro no es externo:
es confundir la vigilancia con paranoia,
la crítica con demolición,
la verdad con el volumen del discurso.

Hoy no vivimos una amenaza clara.
Vivimos un tiempo de confusión intencional.

La local es peor porque la verdad y la mentira trae. Ya uniformes cambiados.

Y en ese tiempo, la tarea no es elegir bandos, sino aprender a reconocer los trajes.

Porque cuando la mentira se viste de verdad,
la verdad no grita:
espera a que alguien tenga el valor de mirarla sin ropa.

Cambie usted el nombre de México y póngale el de España, Alemania, Ucrania, Groenlandia, El Salvador, Nicaragua, Honduras, San Andrés Torres Mochas, Zacatecas, Durango, Jalisco, Estados Unidos, está columna aplica a todos los países del planeta, reconocidos o no por la ONU: está columna ¿Es una verdad desnuda o una mentira disfrazada?

Si ya le cambio el nombre ¿Que opina?

URDIALES fundación de letras hipnóticas AC, Fundación integrada por un mexicano muy asustado y sus pequeños diablitos.

Posdata: nosotros no agarramos varo.

Quizá nosotros sabemos dónde se da el intercambio, Pero la Literatura tiene la más poderosa arma: La mentira. Pero al usarla, nosotros los escritores contamos con el más fiel escudo: La ficción.

Le invito a compartir esta columna.

Muchas gracias por su lectura.

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Dr. Arturo David Vásquez Urdiales
Arturo David Vásquez Urdiales Zuazubiskar es notario público, abogado y escritor oaxaqueño. Fundador de la serie Apunte diario sobre letras Hipnóticas y autor de obras como Los siete ojos del gato negro y La piedra del tiempo, su estilo mezcla historia, mística, crítica social y visión futurista. Con más de 35 años de trayectoria jurídica, ha sido Consejero Jurídico del Estado de Oaxaca y hoy encabeza la Notaría Pública número 100. Su escritura explora los umbrales entre lo real y lo invisible. También es creador del idioma universal Zawki y promotor de la Fundación de Letras Hipnóticas AC.

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