Hoy
José María Arteaga Magallanes

Por Arturo Vásquez Urdiales

En este día, 21 de octubre, recordamos —con el corazón tensionado entre el duelo y la gratitud— al general José María Arteaga Magallanes. Su vida, breve pero fulgurante, se convirtió en símbolo de lealtad, entrega y fuego republicano. Permíteme desgranarla en cada uno de sus matices, para que no quede en el tintero ni una sola gota de su historia.


  1. Orígenes y primeros años

Nacido el 7 de agosto de 1827 —aunque en algunas versiones aparece 1832—, en la Ciudad de México, Arteaga fue hijo de don Manuel Arteaga y doña María Polonia Magallanes. Huérfano en edad temprana y criado por su tío, se dedicó primeramente al oficio de sastre. Pero ese rincón del mundo no le bastaba: el retumbar de las armas, el clamor por la patria, lo llamaron.

Alrededor de 1846, con la invasión estadounidense, abandona la sastrería y se incorpora como voluntario al ejército. En 1852 se integra formalmente, ascendiendo primero a sargento y luego a capitán.


  1. El camino de bandera liberal

Arteaga combate en la campaña del Plan de Ayutla, primero bajo bandera conservadora, luego convencido de las ideas liberales. En 1857 se convierte en gobernador del estado de Querétaro y pone en marcha la Constitución de 1857.

Durante la Guerra de Reforma (1857-1861) mostró su temple, participando en campañas en Michoacán, fabricando municiones, cañones, armamento para la causa liberal.


  1. La intervención francesa y las batallas que forjaron su leyenda

En abril de 1862, en la batalla de las Cumbres de Acultzingo, Arteaga resulta herido en una rodilla. Esa herida le impide participar en la célebre batalla del 5 de mayo. Pero su ausencia en ese día no disminuye su valor: luego, como general de división bajo la presidencia de Benito Juárez, combate en Jalisco, Colima, Guanajuato, Michoacán, desplegando una resiliencia feroz aun cuando su pierna ya no lo sostenía bien.

Se cuenta que montaba una mula de raza “Kentucky”, grande, fuerte —un símbolo de su fuerza y presencia en el campo—, y que cuando la herida le impedía montar, debía ser transportado en camilla, sin que ello quebrantara su mando ni su entrega. (Tu texto referencia este detalle, aunque la fuente directa no lo documenta ampliamente; el espíritu se recoge en la narrativa de su entrega.)


  1. El episodio fatal: captura y fusilamiento

El 3 de octubre de 1865, el emperador Maximiliano de Habsburgo promulga el temido decreto que permite la ejecución sumaria de los guerrilleros republicanos. Arteaga, entonces jefe del Ejército del Centro, junto con el general Carlos Salazar Ruiz y otros oficiales—los coroneles José Trinidad Villagómez, Jesús Díaz Ruiz y el capitán Juan González—es sorprendido en Santa Ana Amatlán por las tropas del coronel conservador Ramón Méndez.

El 21 de octubre de 1865, en la plaza de Uruapan, Michoacán, frente al pelotón de fusilamiento, Arteaga se dirige a sus asesinos:

“Muero defendiendo la integridad de mi patria, no como general, sino como ciudadano.”
Salazar, a su lado, se desabrocha la camisa, ofreciendo el costado para el tiro:
“Voy a enseñar cómo muere un leal republicano asesinado por traidores.”

A la voz de “¡Fuego!”, los cinco caen. Fusilados. Sus cuerpos reposaron en Uruapan, y tras la victoria republicana fueron trasladados al Panteón de San Fernando en la Ciudad de México.

Por este sacrificio se les conoce como los “Mártires de Uruapan”.


  1. Legado que florece

Fue declarado Benemérito de la Patria.

El apellido Arteaga fue añadido al nombre del estado de Querétaro como “Querétaro de Arteaga” en 1867, en reconocimiento a su entrega.

Numerosos municipios en México llevan su nombre o apellido en su honor.

Su figura simboliza la entrega absoluta por la libertad, incluso cuando la guerra parecía devorar cualquier esperanza.


  1. Una visión orientada al futuro

Al recordar hoy a José María Arteaga, no únicamente rememoramos su fusilamiento ni su epopeya, sino que recogemos su legado como semilla para el mañana. Desde su vida podemos aprender que la auténtica libertad se defiende no solo con la espada, sino con la coherencia de la palabra y del acto. En un país que continúa buscando su propia plenitud, su ejemplo susurra: “No te rindas, aunque la montaña sea alta y la pierna esté herida”.

Que su memoria inspire a quienes leen estas letras a construir una patria donde la justicia no sea un eco olvidado, donde el ciudadano y el general, la sastrería y la batalla, se unan en la esperanza de un mañana posible.

— Acordeón 🪗

Hoy, 21 de octubre, al evocarse el fusilamiento del general José María Arteaga Magallanes en 1865, nuestras letras se tiñen de república, sacrificio y memoria. En este apunte no solo honramos su entrega, sino que visitamos su huella geográfica: cuántos lugares en México llevan su nombre, en municipios, ciudades, calles y avenidas, para que su recuerdo no sea solo un susurro, sino un latido visible en el mapa.


Lugares que llevan su nombre

Los espacios que adoptan “Arteaga” como denominación son múltiples. A continuación, algunos de los más destacados:

Municipio de Arteaga, Michoacán (Michoacán): lleva el nombre en honor de Arteaga.

Municipio de Arteaga, Coahuila (Coahuila): municipio que también lo honra con su nombre.

Municipio de Pabellón de Arteaga (Aguascalientes): su nombre indique explícitamente “de Arteaga”.

Ocuilán de Arteaga (Estado de México): la cabecera municipal se denomina así en alusión a Arteaga.

En Oaxaca encontramos un municipio llamado San Marcos Arteaga (aunque allí “Arteaga” se atribuye, en su toponimia, a otro personaje llamado Simón Arteaga).


Algunas cifras y matices

No he podido encontrar una cifra exacta y completa que contabilice todos los municipios, ciudades, calles y avenidas del país que llevan “Arteaga” en honor al general José María Arteaga Magallanes. Pero, con los datos recopilados:

Al menos 3 municipios de los que investigamos directamente lo adoptan explícitamente como homenaje: Michoacán, Coahuila, Aguascalientes.

Al menos 1 municipio más (Estado de México) tiene la denominación “de Arteaga”.

En el estado de Oaxaca, el municipio de San Marcos Arteaga lleva “Arteaga” pero no en homenaje al general, sino a otra figura.

Como complemento, calles o avenidas: por ejemplo, en Ciudad Juárez aparece una Calle José María Arteaga.

En Monterrey existe una Calle José María Arteaga.


Reflexión poética

Las galaxias de carteles urbanos, letreros y nombres propios que recuerdan a Arteaga nos muestran que su martirio no se quedó en la tierra de Uruapan aquella mañana del 21 de octubre de 1865. Su sacrificio germinó en territorios, en calles, en municipios que llevan su estatura como bandera. Y así, cada transeúnte que recorra una “Calle José María Arteaga” sin saberlo, respira un pedazo de memoria republicana.

Que cada “Arteaga” visible en el mapa sea un susurro que nos convoque a la justicia y al valor. Y que nuestras letras, como hoy lo hacen, lo mantengan vivo y nos orienten hacia un futuro donde el nombre no sea solo honrado, sino vivificado.


URDIALES Zuazubiskar Fundación de Letras Hipnóticas A.C. les invita a compartir esta columna y a desplegar un mundo lleno de buenos lectores. Agradezco mucho su atención. ©®

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