Apunte diario sobre letras hipnóticas
Columna de Pésame
Ozzy Osbourne: el aullido eléctrico de los siglos
Por Arturo David Vásquez Urdiales Zuazubiskar
Murió Ozzy.
Y con él, una parte del ruido que nos salvó del silencio.
Ese ruido bendito, estruendoso, metálico,
ese que se parece tanto al corazón cuando está vivo.
Ozzy Osbourne no fue solo el vocalista de Black Sabbath.
Fue el profeta mugroso de un evangelio eléctrico.
Un hombre que, con su voz desquiciada y temblorosa,
rompió los vitrales del rock para que entrara la sombra.
Nació en Aston, Inglaterra, el 3 de diciembre de 1948,
en una casa sin lujos, entre fábricas y hollín.
Vivió con dislexia, robó, bebió, se perdió y se encontró
en una banda que cambiaría para siempre la historia del sonido:
Black Sabbath, el nombre prohibido,
el conjuro que hizo temblar a la reina madre
y a los curas con su liturgia demoníaca.
Ozzy era el viejo loco que mordió la cabeza de un murciélago en el escenario,
que fue expulsado de su banda por exceso de excesos,
pero volvió como ave fénix con un solo nombre: OZZY.
Su voz sonaba como si el infierno suplicara redención.
Y así fue: en cada grito suyo había una lágrima.
En cada canción, un padre ausente, un niño perdido,
una oración por los marginados, los sucios, los poetas.
Hoy que ha muerto, no nos queda el silencio.
Nos queda el eco.
El eco eterno del heavy metal,
esa música que es más que ruido:
es el llanto de los rebeldes
y la danza de los espíritus que se niegan a morir.
Ozzy fue uno de ellos.
Y nosotros también.
Feliz viaje, viejo brujo.
En el Valhalla hay guitarras eléctricas. ⚡🖤🕊️

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