✒️ Apunte diario sobre letras hipnóticas
15 de julio de 2025
por Arturo David Vásquez Urdiales Zuazubiskar
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🌿 El último kilómetro de Fauja Singh
Crónica lírica sobre un alma que corrió más allá del tiempo
“Cuando corro, siento que la muerte se aleja.”
— Fauja Singh
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En la aldea de Beas Pind, en el corazón místico del Punjab, un anciano de 114 años cruzaba la calle como quien atraviesa un umbral invisible entre el mundo y el más allá. No llevaba reloj, ni bastón, ni miedo. Solo llevaba la eternidad en sus pasos.
Ayer murió Fauja Singh, y con él se apagó uno de los fuegos humanos más asombrosos del siglo. No murió viejo, ni enfermo, ni dormido. Murió como mueren los que aún tienen prisa: atropellado por el tiempo, por un coche sin rostro, en una calle cualquiera. Como si la vida se negara a esperarle un minuto más.
Y sin embargo, su muerte no fue tragedia. Fue testimonio. Fue himno. Fue el último paso de una carrera que empezó cuando muchos ya se retiran a mirar el crepúsculo desde una silla.
🕯 Un maratonista de la vida🐝

Nació, dicen, en 1911. Pero nadie puede afirmar la certeza del día. En su país las fechas se borran con las tormentas, y los papeles no siempre sobreviven. Lo que sí sobrevivió fue su fe en la vida, ese combustible místico que lo impulsó a correr su primer maratón a los 89 años, tras perder a su esposa. Algunos toman pastillas. Él tomó aire. Y corrió.
Desde ese momento, cada maratón fue un acto de poesía. Un salmo escrito con los pies. Toronto, Nueva York, Londres… ciudades que lo vieron llegar el último, sí, pero con el corazón latiendo como un tambor de guerra contra la vejez, contra el olvido, contra el “no se puede”.
A los cien años rompió récords. A los ciento uno, seguía entrenando. A los ciento diez, aún trotaba en Ilford con la bandera de su club Sikhs In The City. A los ciento catorce, la muerte no lo alcanzó en la pista, sino en la calle. Porque hasta el final, Fauja caminaba con propósito.
🌍 Un símbolo universal
🐝No fue famoso por marcas. Fue inmortal por significados.
Su turbante blanco, su barba de profeta, sus piernas huesudas que desafían la física: era un Quijote con tenis. Una afirmación viviente de que el cuerpo humano puede ser templo, si el espíritu lo habita con alegría.
Su vida fue tan improbable como gloriosa. No hablaba inglés. No sabía leer. Y sin embargo, recibió una carta de la Reina de Inglaterra, portó la antorcha olímpica en 2012 y protagonizó campañas publicitarias globales como símbolo de longevidad, coraje y fe.
¿Acaso no son los verdaderos santos los que no predican con palabras, sino con sudor?
🕊️ El accidente, la metáfora
El coche que lo atropelló escapó. Se fue. Nadie vio su rostro. Pero esa sombra sin nombre representa algo más profundo: el olvido que nos arrolla, la modernidad que ignora a los sabios, la prisa ciega que pasa sobre los ancianos.
Fauja Singh no murió por un coche. Murió porque el mundo olvida que los abuelos son raíces. Murió porque las calles no respetan a los que caminan lento. Murió porque el tiempo, en este siglo veloz, ya no tiene paciencia para los héroes que no caben en un algoritmo.
🌺 El legado que florece

Pero su muerte no es el fin. Su club ha prometido honrarlo hasta marzo de 2026, en lo que llaman “El desafío de cumpleaños de Fauja Singh”. Han lanzado una campaña para construir la Casa Club Fauja Singh en Ilford, allí donde él entrenaba con constancia mística, rodeado de jóvenes que ahora lo llaman “abuelo espiritual”.
Y es que ese es su verdadero legado: no dejar de correr nunca, aunque las piernas duelan, aunque el corazón pese, aunque el camino sea cuesta arriba.
Porque correr, para él, era una oración. Una forma de hablar con Dios.
Y si el Creador existe —como él creía— ayer lo recibió en la línea de meta con un abrazo eterno, diciéndole: “Bien hecho, hijo. Has vencido el tiempo.”
✨ Reflexión hipnótica
Vivimos rodeados de velocidad sin dirección. Nos empuja la agenda, el teléfono, la notificación. Y olvidamos que el verdadero movimiento no es el de las máquinas, sino el del alma.
Fauja Singh nos enseñó que empezar a los 89 no es tarde, que el cuerpo sigue si el corazón arde, y que la fe es el mejor calzado para transitar esta vida con dignidad.
No tenía superpoderes. Solo tenía voluntad.
No predicó. Pero inspiró.
No buscó fama. Pero se convirtió en faro.
Por eso hoy, en esta columna, dejamos de escribir para ponernos de pie —aunque sea en silencio— y aplaudir al anciano que corrió más que todos nosotros, no por velocidad, sino por verdad.
Que descanse en paz el maestro de los pasos.
Y que el mundo no lo olvide.

🕯 URDIALES Zuazubiskar fundación de letras hipnóticas AC quienes le invitamos a compartir esta columna y desarrollar un mundo mejor llenitito de buenos lectores, agradezco mucho su atención ©®


