Apunte diario sobre letras hipnóticas

Las frases que Maquiavelo nunca dijo (y sin embargo todos le atribuyen)

Por Arturo David Vásquez Urdiales Zuazubiskar

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En el altar de los malinterpretados, Nicolás Maquiavelo ocupa el sitial de mármol negro. No hay político, criminal de cuello blanco, dictador tropical ni pensador oportunista que no lo haya citado con fervor o lo haya condenado como si de un diablo con toga se tratara. Sin embargo, el autor de El Príncipe no escribió ni dijo muchas de las frases que hoy circulan como mantras del cinismo universal.

Y si los cerdos pudieran votar —nos dice una imagen viral que aparece una y otra vez— elegirían siempre al hombre del balde de comida, aunque ese hombre los haya llevado antes al matadero. La frase concluye que el poder no se gana con mérito ni justicia, sino con la ilusión de alimentar necesidades básicas. Firmada, claro, por “Nicolás Maquiavelo (1469-1527)”, como si el florentino hubiese tenido visión de TikTok y oído para la retórica de red social.

Pero Maquiavelo nunca escribió eso.

Ni en El Príncipe, ni en sus Discursos sobre la primera década de Tito Livio, ni en El arte de la guerra, ni siquiera en sus Cartas familiares. La frase es apócrifa. Una invención moderna que, si bien capta una sombra de su filosofía, distorsiona su contenido más profundo.

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I. El verdadero Nicolás: más romano que demoníaco

Maquiavelo no era el maquiavélico de caricatura. Era un republicano florentino, enamorado de la Roma clásica. Su ideal no era el déspota tramposo, sino el estadista virtuoso que sabe gobernar con equilibrio entre astucia y ley. Sí, escribió que es mejor ser temido que amado si no puedes ser ambas cosas. Pero también dijo que un príncipe debe buscar la estabilidad, la prosperidad de su pueblo, y la permanencia del Estado como fin supremo.

No glorificó la traición; la entendió. No aplaudió la crueldad; la explicó. No celebró la ignorancia de las masas; temía su manipulación.

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II. Las frases que no dijo pero el mundo le adjudica

Como buen profeta del poder, muchos han puesto en sus labios palabras ajenas. Entre las más repetidas:

“El fin justifica los medios.”
No está en El Príncipe ni en ningún texto suyo. La frase es una condensación vulgar del pensamiento maquiaveliano, nacida posiblemente de opositores posteriores. Maquiavelo sí dice que hay momentos en los que los medios deben adaptarse a la necesidad del Estado, pero jamás lo resume así.

“Es mejor ser temido que amado, si no puedes ser ambas cosas.”
Esta sí la escribió. Pero se le olvida al vulgo la segunda parte de la frase: “pero debe evitar a toda costa ser odiado”. Maquiavelo no alienta el terror puro; alienta el respeto estratégico.

“El pueblo es ignorante y debe ser manipulado.”
Falso. Maquiavelo afirma en los Discursos que el pueblo, si se educa y organiza, puede ser más sabio que los príncipes. Es un defensor de las repúblicas bien estructuradas, no un elitista de salón.

“El político nunca debe decir la verdad.”
Tampoco lo escribió. Decía que un gobernante debe saber cuándo hablar y cuándo callar, cuándo prometer y cuándo desdecirse, pero no recomienda la mentira como norma, sino como recurso en situaciones límite.

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III. ¿Y qué hay de la famosa frase de los cerdos?

La frase es una parábola ingeniosa, sí. Tiene la estructura de un aforismo moderno: rápida, memorable, provocadora. Pero no tiene fundamento histórico ni literario en la obra de Maquiavelo. Proviene de un conjunto de frases que circulan por internet desde 2016, atribuida indistintamente a Maquiavelo, Churchill, Orwell y hasta Bukowski. Es probable que se trate de un texto anónimo que encontró su camino al mito a través del hambre de cinismo de nuestra era.

El Maquiavelo real jamás usó la imagen de cerdos votantes. Su visión del pueblo era más compleja: oscilaba entre el respeto a su juicio colectivo y el temor a su manipulación. Sabía que el hambre podía ser herramienta del poder, pero no reducía la voluntad del pueblo a una ración de comida.

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IV. ¿Por qué falsificamos a Maquiavelo?

Quizá porque necesitamos un monstruo erudito que justifique el egoísmo de nuestra política. Un demonio que hable con voz culta. Alguien que diga, con acento florentino, lo que muchos piensan en secreto: que el poder es más fuerte que la virtud, y que el hambre manda más que la razón.

Pero Maquiavelo, el real, no es un diablo. Es un espejo. Y el que se asome a él ve el rostro de la política sin maquillaje, pero también —si observa con atención— la posibilidad de una república más firme, más sabia, más viva.

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V. Conclusión: el Maquiavelo que necesitamos

En estos tiempos de slogans y algoritmos, de promesas que se desvanecen antes del amanecer, conviene leer El Príncipe sin prejuicios. Maquiavelo no escribió para los cerdos, sino para los príncipes. No nos dijo cómo manipular al pueblo con raciones de maíz, sino cómo sobrevivir en un mundo que cambia de rostro y de traición cada hora.

Más que un autor oscuro, fue un poeta de la necesidad, un filósofo del poder sin ilusiones. Y si lo entendemos bien, no será el autor del cinismo, sino el arquitecto lúcido de una política que no se disfraza.

“Donde hay buena milicia, hay buena ley. Donde hay buena ley, hay virtud.”
—Nicolás Maquiavelo (esta sí es auténtica).

Urdiales Zuazubiskar fundación de letras hipnóticas AC quienes le invitamos a compartir esta columna y desarrollar un mundo mejor llenitito de buenos lectores agradezco mucho su atención©®

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Dr. Arturo David Vásquez Urdiales
Arturo David Vásquez Urdiales Zuazubiskar es notario público, abogado y escritor oaxaqueño. Fundador de la serie Apunte diario sobre letras Hipnóticas y autor de obras como Los siete ojos del gato negro y La piedra del tiempo, su estilo mezcla historia, mística, crítica social y visión futurista. Con más de 35 años de trayectoria jurídica, ha sido Consejero Jurídico del Estado de Oaxaca y hoy encabeza la Notaría Pública número 100. Su escritura explora los umbrales entre lo real y lo invisible. También es creador del idioma universal Zawki y promotor de la Fundación de Letras Hipnóticas AC.

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