Apunte diario sobre letras Hipnóticas
Por el Dr. Arturo David Vásquez Urdiales.
Juno ha abierto sus manos
Primero de junio.
La tierra despierta con aroma a maíz cocido, y en los jardines invisibles de las horas, la luz se enrosca como serpiente de sol en torno al alma del día. Hemos llegado al mes de Juno —la diosa que guarda los nacimientos, los pactos, las coronas y los comienzos sagrados—, y con su cetro invisible marca el compás de nuestras voluntades. Junio abre con promesa y júbilo, con el canto de los pájaros renovando sus nidos, y con el deber, sí, el deber espiritual y ciudadano de elegir el rumbo del país en libertad.
Este día no es un día cualquiera.
Es día de elecciones.
Y en el calendario simbólico, la jornada se escribe con tinta de esperanza o de advertencia.
Hoy cada mujer y cada hombre, cada joven primerizo y cada anciana sabia, cada albañil y cada doctora, cada maestra rural y cada comerciante de tianguis, están llamados no solo a tachar una boleta: están llamados a escribir con su voto la dirección del viento.
Pero que nadie, nadie, ose ponerle precio a esa pluma invisible.
Que ninguna voz oscura ni lengua disfrazada intente guiar lo que sólo el corazón debe dictar.
Que el voto sea libre, sin coacción, sin amenaza, sin atadura, sin promesa ni prebenda.
Porque solo un pueblo que se mira de frente puede fundar un porvenir con dignidad.
Y sin embargo —ah, maravilla cotidiana—, votar no significa renunciar al gozo ni al encuentro.
Después del deber, viene la fiesta.
Después del gesto cívico, la calidez de la comunidad.
Por eso, hoy invitamos con alegría y buena fe a todas y todos los ciudadanos que ya hayan ejercido su voto, a pasar por la Notaría Pública Número 100, en Alelihes 403, Colonia Las Flores, Santa Lucía del Camino, Oaxaca.

Allí, bajo un toldo de palabras nobles y voluntad compartida, se sirven —con manos generosas y vapor de amanecer— deliciosos tamalitos con su champurrado, ese néctar de maíz y cacao que calienta la sangre y fortalece la hermandad.
Este gesto no es una dádiva ni una nostalgia del pasado.
No es recomendación, no es trueque, no es disfraz.
Es bendición.
Es acto de agradecimiento por la democracia.
Es la mesa compartida del México que queremos construir: libre, plural, respetuoso, y alegre.
Porque también el desayuno es patria.
Porque también el chocolate es símbolo de unidad.
Porque también el tamal —envuelto, firme y suave a la vez— representa ese México que resiste, que abraza y que sueña.
Hoy que comienza junio,
hoy que Juno nos observa desde el pórtico astral del tiempo,
hoy que cada voto es un gesto de eternidad en miniatura,
bendecimos este día como se bendicen los campos antes de la siembra.
Con manos abiertas.
Con palabra recta.
Con sabiduría antigua.
Y con tamales. Porque en Oaxaca, también se construye el futuro desde el fogón.
Urdiales Zuazubiskar fundación de letras hipnóticas AC ®© quienes les invitamos a compartir esta columna y desarrollar un mundo mejor llenitito de buenos lectores, agradezco mucho su atención.


