Apunte diario sobre Letras Hipnóticas

Por Arturo David Vásquez Urdiales

“Amanecer de Gracia: el Dios que despierta contigo”

Hay días en que la luz no entra por la ventana, sino por el alma. No es el sol quien despierta, sino el corazón que recuerda: aún estamos vivos. Aún hay oportunidad. Aún hay redención.

Hoy es martes, y podría parecer uno más entre el rebaño de los días. Pero no lo es. Este martes, como un rosal oculto en el desierto, viene con perfume sutil a hablarnos de lo invisible. Nos recuerda que cada nuevo amanecer es una misericordia renovada, un telón que se abre para una obra que aún no se ha escrito: tu mejor versión.

¿Qué es vivir?
Es mirar al espejo y sonreírle al que fuiste, mientras bendices al que estás siendo. Es dar gracias por el pan que no tenías ayer, y pedir perdón por la piedra que arrojaste sin querer. Es abrir la boca y que la primera palabra del día no sea queja, sino gracia.

Este martes, el Universo te entrega un cuaderno limpio. No importa si ayer fue incendio, pantano o laberinto. Hoy puedes volver a escribir. Y en tu caligrafía, temblorosa o firme, colocar estas palabras sagradas:

“Gracias”,
“Perdón”,
“Te amo”,
“Aquí estoy, Señor.”

¿Y si alguien te dijo que no podías? ¿Que estabas perdido? ¿Que eras solo un número en la estadística? No escuches. El alfarero divino aún modela con barro como tú. A Él le gustan los imperfectos, los que lloran en silencio, los que caen pero se levantan sin cámaras. Le gusta moldear con manos rotas, soplar vida en cenizas viejas. Porque en cada grieta, entra su luz.

“Vive la VIDA como a TI te guste VIVIRLA,” dice la sabiduría de hoy. Y esa voz no es banal. Esa voz tiene eco de Evangelio, de libertad interior, de viento que sopla donde quiere. Es la voz del Dios que no impone, sino inspira. Que no grita, pero susurra. Que no exige, sino llama.

Este martes no está hecho de minutos. Está hecho de milagros.
El milagro de que estás leyendo estas palabras.
El milagro de que aún puedes AMAR, aún puedes REÍR, aún puedes CAMBIAR.

Dios no está allá arriba: está en este instante.
En el suspiro que das, en la taza que se enfría, en el niño que corre, en el viejo que ora. Está en tu debilidad y en tu intento. En la luz que filtra por la persiana y en la voz que dice desde dentro:
“Empieza hoy.”

Así pues, lector querido, si ayer dolía, que hoy te sane.
Si ayer fallaste, que hoy te enmiendes.
Si ayer te olvidaste de agradecer, que hoy lo digas en voz alta, aunque sea al cielo vacío.
Porque el cielo no está vacío: te escucha.

Que este martes sea tu piedra angular. Que hoy renazcas con gozo y gratitud.
Que no se te olvide que tú también puedes ser luz.

Feliz martes.
Y que Dios —ese que despierta con nosotros—
te abrace con su misericordia eterna.

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