{"id":825,"date":"2025-02-21T20:26:07","date_gmt":"2025-02-21T20:26:07","guid":{"rendered":"https:\/\/letrashipnoticas.org\/?p=825"},"modified":"2025-02-24T02:48:18","modified_gmt":"2025-02-24T02:48:18","slug":"el-prisionero-de-la-sierra-cap-v","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/letrashipnoticas.org\/?p=825","title":{"rendered":"El Prisionero de la Sierra (Cap. V)"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por Arturo V\u00e1squez Urdiales<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">PARTE V (Final)<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El eco de los gritos franceses los persegu\u00eda en la oscuridad, mientras Ilhuicamina, Hutzilopochtli, P\u00e1nfilo y Eleuterio corr\u00edan por el lecho pedregoso del arroyo seco, con las provisiones a cuestas y el coraz\u00f3n al galope. La adrenalina de haber burlado la guardia les manten\u00eda en vilo; sent\u00edan en la nuca la respiraci\u00f3n del enemigo, como si un tropel de jinetes pudiera aparecer en cualquier recodo. La noche, sin embargo, les ofrec\u00eda complicidad. Bajo la b\u00f3veda estrellada, avanzaban sin apenas ver m\u00e1s que siluetas y sombras, guiados por la memoria de Hutzilopochtli sobre los senderos monta\u00f1osos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Este arroyo se ensancha m\u00e1s adelante. A su izquierda hay una vereda que asciende al bosque de encinos \u2014susurr\u00f3 Hutzilopochtli, respirando con dificultad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Seguiremos tu consejo \u2014repuso Ilhuicamina\u2014. Si nos mantenemos aqu\u00ed, ser\u00e1 m\u00e1s f\u00e1cil que nos encuentren desde el borde del barranco.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El grupo camin\u00f3 a paso ligero, descalzo de voces pero calzado de determinaci\u00f3n. Solo se escuchaba el ruido de piedras sueltas, el roce de ropa y el agitado latido de los fugitivos. Ahora que el primer impulso de la huida se atenuaba, notaban el cansancio acumulado por los d\u00edas de trabajos forzados y el hambre que, pese a las provisiones robadas, ya empezaba a morderles el est\u00f3mago.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Tras un par de horas de marcha, el arroyo les condujo a un punto donde el terreno se abr\u00eda en una hondanada m\u00e1s amable, con arbustos y peque\u00f1os \u00e1rboles. No obstante, segu\u00eda siendo dif\u00edcil orientarse en plena noche. Hutzilopochtli enfil\u00f3 a la izquierda, tal como hab\u00eda anunciado, y empez\u00f3 a ascender por una ladera salpicada de rocas. Sus compa\u00f1eros le siguieron. Se sent\u00edan an\u00f3nimos en la inmensidad de la Sierra Madre; aunque extenuados, el hecho de no cargar ya con grillos en las mu\u00f1ecas les insuflaba coraje para proseguir.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Primeras luces del alba<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cuando el cielo comenz\u00f3 a te\u00f1irse con la palidez del amanecer, los cuatro se hallaban en un promontorio boscoso. Desde all\u00ed se divisaba, en la lejan\u00eda, el contorno de riscos y barrancos que hab\u00edan quedado atr\u00e1s. Observaban con atenci\u00f3n, temiendo ver filas de soldados franceses escalando las lomas, pero nada se mov\u00eda m\u00e1s all\u00e1 de las aves que sobrevolaban la arboleda.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Debemos encontrar un lugar donde refugiarnos y descansar \u2014sugiri\u00f3 Eleuterio.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Y ver c\u00f3mo redistribuir nuestras provisiones \u2014a\u00f1adi\u00f3 P\u00e1nfilo\u2014. El tasajo y el ma\u00edz nos alcanzar\u00e1n para un par de d\u00edas, si racionamos bien.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Buscando una protecci\u00f3n natural, subieron un poco m\u00e1s. Al cabo, encontraron un claro rocoso rodeado de pe\u00f1ascos y matorrales. All\u00ed se refugiaron y, antes de echarse a dormir por turnos, se repartieron unos bocados de tasajo y sorbos de agua. El cuerpo les exig\u00eda reposo. Ilhuicamina asumi\u00f3 la primera guardia, vigilando cualquier ruido inusual mientras el sol despuntaba entre los cerros.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pese a su extrema fatiga, sent\u00eda su coraz\u00f3n encendido por la convicci\u00f3n de haber dado un paso crucial hacia la libertad. Pensaba en el capit\u00e1n Moctezuma y en la posibilidad de reunirse con las tropas republicanas. Record\u00f3 tambi\u00e9n el rostro del soldado franc\u00e9s de cejas claras, aquel que les ofreciera un ung\u00fcento, y lo imagin\u00f3 acaso lament\u00e1ndose de participar en una guerra ajena. Involuntariamente, Ilhuicamina tuvo un atisbo de compasi\u00f3n hacia esos hombres que, obligados por sus mandos, luchaban en un territorio extra\u00f1o.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El rastro de la persecuci\u00f3n<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Al caer la tarde, reanudaron la marcha con cautela. Su objetivo era llegar a un paraje desde donde pudieran descender hacia el valle, donde con un poco de suerte encontrar\u00edan a fuerzas republicanas o, al menos, a paisanos que los guiasen a un lugar seguro. A medida que avanzaban entre los pinos y encinos, el sol proyectaba sombras alargadas, y una brisa fresca aliviaba el calor diurno.<\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"alignright size-full is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"1024\" src=\"https:\/\/letrashipnoticas.org\/wp-content\/uploads\/2025\/02\/DALL\u00b7E-2025-02-21-14.23.27-Huitzilopochtli-stumbles-while-jumping-over-a-fallen-log-and-falls-face-first-onto-the-ground.-Ilhuicamina-rushes-to-help-him-only-to-feel-warm-blood.webp\" alt=\"\" class=\"wp-image-826\" style=\"width:587px;height:auto\" srcset=\"https:\/\/letrashipnoticas.org\/wp-content\/uploads\/2025\/02\/DALL\u00b7E-2025-02-21-14.23.27-Huitzilopochtli-stumbles-while-jumping-over-a-fallen-log-and-falls-face-first-onto-the-ground.-Ilhuicamina-rushes-to-help-him-only-to-feel-warm-blood.webp 1024w, https:\/\/letrashipnoticas.org\/wp-content\/uploads\/2025\/02\/DALL\u00b7E-2025-02-21-14.23.27-Huitzilopochtli-stumbles-while-jumping-over-a-fallen-log-and-falls-face-first-onto-the-ground.-Ilhuicamina-rushes-to-help-him-only-to-feel-warm-blood-300x300.webp 300w, https:\/\/letrashipnoticas.org\/wp-content\/uploads\/2025\/02\/DALL\u00b7E-2025-02-21-14.23.27-Huitzilopochtli-stumbles-while-jumping-over-a-fallen-log-and-falls-face-first-onto-the-ground.-Ilhuicamina-rushes-to-help-him-only-to-feel-warm-blood-150x150.webp 150w, https:\/\/letrashipnoticas.org\/wp-content\/uploads\/2025\/02\/DALL\u00b7E-2025-02-21-14.23.27-Huitzilopochtli-stumbles-while-jumping-over-a-fallen-log-and-falls-face-first-onto-the-ground.-Ilhuicamina-rushes-to-help-him-only-to-feel-warm-blood-768x768.webp 768w, https:\/\/letrashipnoticas.org\/wp-content\/uploads\/2025\/02\/DALL\u00b7E-2025-02-21-14.23.27-Huitzilopochtli-stumbles-while-jumping-over-a-fallen-log-and-falls-face-first-onto-the-ground.-Ilhuicamina-rushes-to-help-him-only-to-feel-warm-blood-420x420.webp 420w, https:\/\/letrashipnoticas.org\/wp-content\/uploads\/2025\/02\/DALL\u00b7E-2025-02-21-14.23.27-Huitzilopochtli-stumbles-while-jumping-over-a-fallen-log-and-falls-face-first-onto-the-ground.-Ilhuicamina-rushes-to-help-him-only-to-feel-warm-blood-696x696.webp 696w\" sizes=\"auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Sin embargo, poco despu\u00e9s de retomar el camino, Hutzilopochtli tropez\u00f3 al saltar un tronco ca\u00eddo y cay\u00f3 de bruces. Ilhuicamina corri\u00f3 a auxiliarlo, y al levantarlo sinti\u00f3 en su mano la sangre caliente que manaba del costado de su compa\u00f1ero: la antigua herida de bala se hab\u00eda reabierto.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014No\u2026 se preocupen. Puedo continuar \u2014jade\u00f3 Hutzilopochtli, con el rostro p\u00e1lido.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Eleuterio improvis\u00f3 un vendaje con parte de su camisa, apret\u00e1ndolo contra la herida para contener la hemorragia. Se dieron cuenta de que la marcha deb\u00eda ser m\u00e1s lenta, o el compa\u00f1ero no resistir\u00eda. Esto aumentaba la incertidumbre: si los franceses ven\u00edan tras ellos, los alcanzar\u00edan con facilidad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Para colmo, no hab\u00edan caminado mucho m\u00e1s cuando divisaron, en un collado cercano, varias figuras montadas. A la distancia, por sus uniformes y brillantes equipamientos, se adivinaba la presencia del enemigo. El coraz\u00f3n de los fugitivos dio un vuelco: los galos, en efecto, los estaban buscando por la sierra. Quiz\u00e1 un explorador hab\u00eda hallado sus huellas o unas pisadas descuidadas en el arroyo seco.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Debemos ocultarnos en la maleza \u2014musit\u00f3 P\u00e1nfilo\u2014, o nos ver\u00e1n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Con un esfuerzo supremo, Hutzilopochtli logr\u00f3 sostenerse en pie, apoy\u00e1ndose en un hombro de Ilhuicamina. Los cuatro se sumergieron en un denso matorral y se arrastraron por un declive, intern\u00e1ndose en el sotobosque. Permanecieron all\u00ed, conteniendo la respiraci\u00f3n. Escucharon relinchos, pasos de caballos y voces de mando. Durante unos eternos segundos, el crujir de ramas quebradas son\u00f3 a escasos metros de donde se ocultaban.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Rien, rien! \u2014grit\u00f3 uno de los jinetes, en franc\u00e9s, a sus compa\u00f1eros. Al parecer, no hab\u00edan logrado dar con la pista exacta. Unos minutos m\u00e1s tarde, los cascos se alejaron en direcci\u00f3n contraria, perdi\u00e9ndose entre las hondonadas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Eleuterio solt\u00f3 por fin el aire contenido. \u2014Esa estuvo cerca \u2014susurr\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ilhuicamina cerr\u00f3 los ojos en un ruego silencioso: la sierra segu\u00eda si\u00e9ndoles propicia\u2026 por ahora.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Encuentro inesperado<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ya en la noche cerrada, hallaron un estrecho sendero con huellas de pezu\u00f1as de burro, se\u00f1al de que alg\u00fan arriero deb\u00eda transitarlo con frecuencia. Lo siguieron con prudencia, esperando que condujese a alg\u00fan asentamiento de rancheros. A cada paso, Hutzilopochtli sufr\u00eda un poco m\u00e1s. La fiebre le quemaba las sienes, y Eleuterio deb\u00eda sostenerlo de un costado para que no cayera.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Poco antes de la medianoche, un destello de luci\u00e9rnagas apareci\u00f3 entre los matorrales. Al acercarse, se dieron cuenta de que no eran luci\u00e9rnagas, sino faroles: un grupo de hombres armados con sombreros de ala ancha y cananas cruzadas, encabezados por un individuo de porte gallardo que los apunt\u00f3 con un fusil.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014\u00a1Alto ah\u00ed! \u00bfQui\u00e9n vive?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los cuatro alzaron las manos, agotados. Unos segundos despu\u00e9s, oyeron una voz profunda y, para su asombro, familiar:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014\u00bfIlhuicamina, P\u00e1nfilo, Eleuterio? \u00bfSon ustedes?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La voz pertenec\u00eda al capit\u00e1n Moctezuma. Ilhuicamina casi no daba cr\u00e9dito a sus o\u00eddos. Incapaz de contener la emoci\u00f3n, exclam\u00f3:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014\u00a1Mi capit\u00e1n! \u00a1Hemos escapado de los franceses!<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los hombres de Moctezuma corrieron a sostenerlos, al ver el estado en que estaban. Hutzilopochtli se desvaneci\u00f3 en los brazos de uno de los soldados republicanos, como si su \u00faltimo aliento de resistencia se consumiera. El capit\u00e1n, con voz grave, orden\u00f3:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Tiendan a ese hombre; busquemos un curandero en el pueblo m\u00e1s cercano.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">De la alegr\u00eda al dolor<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La peque\u00f1a columna del capit\u00e1n Moctezuma conduc\u00eda a los fugitivos por un sendero oculto hasta un rancho donde podr\u00edan guarecerse. Durante el trayecto, les contaron c\u00f3mo se hab\u00edan internado en la sierra para rescatarlos, aunque la geograf\u00eda escarpada y los continuos movimientos de los galos lo hab\u00edan dificultado todo. Las noticias eran agridulces: aunque el ej\u00e9rcito republicano resist\u00eda, las tropas francesas a\u00fan controlaban varias posiciones importantes.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Aun as\u00ed, el reencuentro con sus camaradas era la mayor bocanada de esperanza que hab\u00edan sentido en semanas. Con cada paso, Ilhuicamina y los suyos recuperaban la sensaci\u00f3n de pertenecer a algo m\u00e1s grande que su penosa odisea. La lucha segu\u00eda, pero al menos ahora ya no estaban solos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La dicha, sin embargo, se vio empa\u00f1ada cuando Hutzilopochtli, abatido por la fiebre, dej\u00f3 escapar un gemido lastimero y qued\u00f3 inconsciente de nuevo. Al llegar al rancho, un anciano con conocimientos de hierbas medicinales le atendi\u00f3 con esmero, pero la bala incrustada y la infecci\u00f3n complicaban la curaci\u00f3n. Pese a los esfuerzos, al alba siguiente, el guerrero expir\u00f3, rodeado por los compa\u00f1eros que poco pod\u00edan hacer salvo acompa\u00f1arlo hasta su \u00faltimo suspiro.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Al ver a Hutzilopochtli inm\u00f3vil, con la mirada vidriosa clavada en el techo de palma, un nudo de pena anud\u00f3 las gargantas de Ilhuicamina, P\u00e1nfilo y Eleuterio. Ese hombre, casi un extra\u00f1o para ellos al principio, se hab\u00eda vuelto su hermano en la adversidad. Sus ansias de libertad hab\u00edan estado a punto de cumplirse del todo, mas la guerra, implacable, se lo llev\u00f3 en sus fauces.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Que su sacrificio no sea en vano \u2014murmur\u00f3 Moctezuma, santigu\u00e1ndose.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Un final agridulce, al modo de Tolst\u00f3i<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los d\u00edas siguientes trascendieron con los tres supervivientes integrados de nuevo a las filas republicanas. Sanaron sus magulladuras y recobraron fuerzas. Ilhuicamina, con la mente anclada en las experiencias del cautiverio, comprendi\u00f3 que la l\u00ednea entre victimarios y v\u00edctimas en una guerra pod\u00eda difuminarse. Recordaba al soldado franc\u00e9s que les ofreci\u00f3 ayuda, y al mismo tiempo las injusticias de Montparnase y sus oficiales. Sent\u00eda una mezcla de rencor, compasi\u00f3n y fatiga moral que le resultaba dif\u00edcil conciliar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El capit\u00e1n Moctezuma, tras escucharlos, insist\u00eda en que la lucha deb\u00eda continuar mientras los invasores pisaran suelo mexicano. Eleuterio y P\u00e1nfilo, encendidos por el patriotismo y la rabia por la muerte de Hutzilopochtli, asintieron resueltos. Ilhuicamina, aunque compart\u00eda la causa, sent\u00eda un peso nuevo en el coraz\u00f3n: un anhelo de paz, de que la gente sencilla no tuviera que verse arrastrada a la violencia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La campa\u00f1a militar sigui\u00f3 su curso, y se libraron escaramuzas espor\u00e1dicas en distintos rincones de la sierra. El general Montparnase y sus lugartenientes, con las tropas merma das, debieron replegarse en otra plaza. Mientras, Ilhuicamina y los suyos participaron en batallas que resonar\u00edan como parte de la resistencia republicana. Aun as\u00ed, cada vez que cerraba los ojos, en la penumbra de las noches de campa\u00f1a, evocaba la crudeza del cautiverio y el vac\u00edo que dej\u00f3 la muerte de su amigo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Conforme pasaron los meses, la intervenci\u00f3n francesa fue perdiendo \u00edmpetu. Finalmente, la causa republicana triunfar\u00eda en 1867, devolviendo la soberan\u00eda a M\u00e9xico. Pero para Ilhuicamina, P\u00e1nfilo, Eleuterio y tantos otros, nada volver\u00eda a ser igual. La guerra deja huellas que no borran ni los cantos de victoria ni la serenidad de los campos recuperados.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">As\u00ed, como en un cuento de Tolst\u00f3i, el hero\u00edsmo y la desdicha se entrelazaron en su memoria. Entre la desesperaci\u00f3n y la esperanza, el cautiverio y la libertad, la vida y la muerte, qued\u00f3 un aprendizaje: la guerra desnuda los abismos y las grandezas del alma humana, y en ese contraste cada uno decide su camino. Algunos, como Hutzilopochtli, ofrendan su vida por la patria; otros, como Ilhuicamina, aprenden que la compasi\u00f3n puede anidar incluso en el coraz\u00f3n de un enemigo; y todos, al final, anhelan que la paz sea algo m\u00e1s que un fugaz espejismo en el horizonte.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cuando, tiempo despu\u00e9s, Ilhuicamina regres\u00f3 a su comunidad, se arrodill\u00f3 ante la tumba de su madre \u2014fallecida de pena durante los \u00faltimos meses de la guerra\u2014 y dej\u00f3 caer una rosa blanca sobre la tierra reseca. Susurr\u00f3 una plegaria, pidiendo descanso para ella y para quienes se hab\u00edan ido en el fragor de la contienda. Se levant\u00f3 sintiendo, en lo m\u00e1s profundo, una gratitud humilde: al menos \u00e9l ten\u00eda la oportunidad de seguir adelante y de so\u00f1ar con un ma\u00f1ana libre de cadenas. Con esa luz interior, se alej\u00f3 entre los surcos del campo, llevando en el pecho el recuerdo de su lucha y la llama de la vida que, a pesar de todo, segu\u00eda resplandeciendo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">FIN DEL LIBRO PRIMERO.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Arturo V\u00e1squez Urdiales PARTE V (Final) El eco de los gritos franceses los persegu\u00eda en la oscuridad, mientras Ilhuicamina, Hutzilopochtli, P\u00e1nfilo y Eleuterio corr\u00edan por el lecho pedregoso del arroyo seco, con las provisiones a cuestas y el coraz\u00f3n al galope. 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