{"id":822,"date":"2025-02-21T20:21:28","date_gmt":"2025-02-21T20:21:28","guid":{"rendered":"https:\/\/letrashipnoticas.org\/?p=822"},"modified":"2025-02-24T02:43:13","modified_gmt":"2025-02-24T02:43:13","slug":"el-prisionero-de-la-sierra-cap-iv","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/letrashipnoticas.org\/?p=822","title":{"rendered":"El Prisionero de la Sierra (Cap. IV)"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por Arturo V\u00e1squez Urdiales<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">PARTE IV&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Las noches en la sierra se sucedieron con inusitada tensi\u00f3n tras el incidente del caballo robado. Con cada anochecer, Ilhuicamina, P\u00e1nfilo, Eleuterio y Hutzilopochtli manten\u00edan la vista fija en el reducido ventanuco de su improvisada celda de troncos, esperando el momento adecuado para llevar a cabo el plan de fuga. Mientras tanto, el campamento franc\u00e9s se hallaba en un estado de agitaci\u00f3n permanente. El capit\u00e1n Fouch\u00e9 se mostraba m\u00e1s rudo y exig\u00eda disciplina extrema. El general Montparnase, por su parte, daba \u00f3rdenes contradictorias, presa de la indecisi\u00f3n entre reforzar su posici\u00f3n o retirarse a un terreno m\u00e1s seguro.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El d\u00eda antes de la fuga<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Faltaba apenas una jornada para el d\u00eda pactado por los prisioneros para intentar su evasi\u00f3n. A lo largo de la ma\u00f1ana, se les orden\u00f3 cavar un foso adicional alrededor del corral de las mulas. Mientras trabajaban, compartieron pocas palabras, pero intercambiaron miradas de complicidad y, con gestos m\u00ednimos, confirmaron los \u00faltimos detalles.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Se har\u00e1 por la noche, justo en el cambio de guardia \u2014musit\u00f3 Hutzilopochtli, sin mover los labios apenas, mientras un soldado franc\u00e9s pasaba muy cerca.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014S\u00ed. Y debemos tomar agua y comida antes de escapar \u2014a\u00f1adi\u00f3 Eleuterio, d\u00e1ndole la espalda al guardia para que no leyera su expresi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">P\u00e1nfilo, por su parte, manten\u00eda la compostura, removiendo la tierra con la pala mientras observaba de reojo a los vig\u00edas. Al fondo, Ilhuicamina levantaba troncos para apuntalar la zanja. Desde all\u00ed pod\u00eda ver la bodega de provisiones, su objetivo primordial para obtener v\u00edveres. Cerca de la puerta, un soldado de complexi\u00f3n fornida vigilaba con pereza, a ratos bostezando y apoy\u00e1ndose en su fusil. Ilhuicamina pens\u00f3 que ese hombre podr\u00eda resultar vulnerable al cansancio si la noche se prolongaba.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Una vez completado el foso, Fouch\u00e9 se present\u00f3 para inspeccionar el trabajo. Con el ce\u00f1o fruncido y la barbilla levantada con altivez, dedic\u00f3 una mirada de desconfianza a los prisioneros.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Fini, capit\u00e1n \u2014dijo un sargento franc\u00e9s, se\u00f1alando el per\u00edmetro reci\u00e9n cavado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Bien \u2014respondi\u00f3 Fouch\u00e9, sin ocultar su desprecio hacia los mexicanos\u2014. Ll\u00e9venlos a la caba\u00f1a. No quiero que anden merodeando.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">As\u00ed, sin m\u00e1s, los cuatro terminaron la faena y fueron empujados de vuelta a su encierro. Ni siquiera tuvieron la oportunidad de almorzar algo m\u00e1s que un pedazo de tortilla dura y un pu\u00f1ado de frijoles fr\u00edos. Consciente del maltrato, Eleuterio escupi\u00f3 al suelo en se\u00f1al de rebeld\u00eda, arriesgando un bofet\u00f3n de uno de los guardias, pero \u00e9ste se limit\u00f3 a gru\u00f1ir y a apurarlo con el fusil.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La noticia de un inminente ataque<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ya por la tarde, se escuch\u00f3 un revuelo en el centro del campamento. Gritos en franc\u00e9s, jinetes que llegaban a toda prisa, el resonar de cascos contra el suelo rocoso. Alguien golpe\u00f3 la puerta de la caba\u00f1a y se oy\u00f3 la voz agitada de un oficial:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014\u00a1Revisen el corral! \u00a1Tenemos informes de que Moctezuma ha sido avistado al norte, y podr\u00eda lanzar una ofensiva!<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A trav\u00e9s de las rendijas de la caba\u00f1a, los prisioneros vislumbraron c\u00f3mo los soldados corr\u00edan de un lado a otro, preparando armas y municiones, revisando la disposici\u00f3n de los vig\u00edas. Montparnase, con el rostro tenso, conversaba airadamente con Holtmez y Jeimez, quienes insist\u00edan en la necesidad de marchar cuanto antes. El general, sin embargo, no parec\u00eda dispuesto a ceder:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014No cederemos territorio. \u00a1Esta posici\u00f3n es estrat\u00e9gica! \u2014lo escucharon bramar en un espa\u00f1ol cargado de acento\u2014. Si Moctezuma ataca, lo recibiremos con fuego cruzado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hutzilopochtli esboz\u00f3 una sonrisa amarga:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Por un lado, esto puede favorecer nuestro escape: el caos de un posible ataque podr\u00eda distraer a los guardias. Pero tambi\u00e9n supone que estar\u00e1n en m\u00e1xima alerta.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ilhuicamina asinti\u00f3, cruzando los brazos:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Tendremos que ser muy cuidadosos. Con tantos movimientos, nos conviene no precipitar nada hasta el cambio de guardia, tal como planeamos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El \u00faltimo atardecer en cautiverio<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Poco antes del ocaso, lleg\u00f3 un inesperado alivio: la guardia francesa que se encargaba de los prisioneros les permiti\u00f3 salir a asearse en un riachuelo que corr\u00eda a pocos metros del campamento. Algo as\u00ed no hab\u00eda ocurrido antes y, sin duda, respond\u00eda a la inminente actividad militar: necesitaban a los cautivos m\u00ednimamente presentables y con energ\u00edas para los trabajos que se avecinaban. Con las manos atadas por delante, los escoltaron hasta la orilla del arroyo, donde bebieron agua y se lavaron el polvo de la cara y el cuello.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ilhuicamina sinti\u00f3 el frescor del agua como un b\u00e1lsamo renovador. Record\u00f3 su hogar, su gente, y el motivo por el que luchaba. Aquel momento, aunque breve, fortaleci\u00f3 su determinaci\u00f3n de escapar. Pudo notar que uno de los dos soldados que los vigilaba era el mismo que hab\u00eda prestado su ung\u00fcento a Eleuterio d\u00edas atr\u00e1s. Este galo, de cejas claras, manten\u00eda la mirada baja, con un gesto de incomodidad, como si quisiera disculparse por su participaci\u00f3n en el cautiverio de inocentes. Pero no pronunci\u00f3 palabra.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A la vuelta, ya en la caba\u00f1a, el grupo se sent\u00f3 a compartir el escaso pan que les dieron por cena. Un silencio cargado de expectaci\u00f3n reinaba entre ellos. Fuera, el cielo adquir\u00eda un color malva, y la silueta de los cedros se proyectaba como gigantes silenciosos. Llegada la noche, todo estar\u00eda dispuesto.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La hora se\u00f1alada<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pasada la medianoche, el campamento se hallaba sumido en un ritmo extra\u00f1o: los soldados se hab\u00edan repartido en turnos de guardia m\u00e1s densos de lo habitual, ante el temor de un posible ataque republicano. No obstante, precisamente por esa sobreactividad, se vislumbraban zonas con mayor relajaci\u00f3n, pues algunos hombres, tras largas horas de vigilia, se rend\u00edan al cansancio.<\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"alignright size-full is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"1024\" src=\"https:\/\/letrashipnoticas.org\/wp-content\/uploads\/2025\/02\/DALL\u00b7E-2025-02-21-14.19.20-A-dark-shadowy-cabin-where-prisoners-lie-in-silence-waiting.-The-dim-interior-is-barely-illuminated-by-faint-moonlight-filtering-through-cracks.-Nea.webp\" alt=\"\" class=\"wp-image-823\" style=\"width:565px;height:auto\" srcset=\"https:\/\/letrashipnoticas.org\/wp-content\/uploads\/2025\/02\/DALL\u00b7E-2025-02-21-14.19.20-A-dark-shadowy-cabin-where-prisoners-lie-in-silence-waiting.-The-dim-interior-is-barely-illuminated-by-faint-moonlight-filtering-through-cracks.-Nea.webp 1024w, https:\/\/letrashipnoticas.org\/wp-content\/uploads\/2025\/02\/DALL\u00b7E-2025-02-21-14.19.20-A-dark-shadowy-cabin-where-prisoners-lie-in-silence-waiting.-The-dim-interior-is-barely-illuminated-by-faint-moonlight-filtering-through-cracks.-Nea-300x300.webp 300w, https:\/\/letrashipnoticas.org\/wp-content\/uploads\/2025\/02\/DALL\u00b7E-2025-02-21-14.19.20-A-dark-shadowy-cabin-where-prisoners-lie-in-silence-waiting.-The-dim-interior-is-barely-illuminated-by-faint-moonlight-filtering-through-cracks.-Nea-150x150.webp 150w, https:\/\/letrashipnoticas.org\/wp-content\/uploads\/2025\/02\/DALL\u00b7E-2025-02-21-14.19.20-A-dark-shadowy-cabin-where-prisoners-lie-in-silence-waiting.-The-dim-interior-is-barely-illuminated-by-faint-moonlight-filtering-through-cracks.-Nea-768x768.webp 768w, https:\/\/letrashipnoticas.org\/wp-content\/uploads\/2025\/02\/DALL\u00b7E-2025-02-21-14.19.20-A-dark-shadowy-cabin-where-prisoners-lie-in-silence-waiting.-The-dim-interior-is-barely-illuminated-by-faint-moonlight-filtering-through-cracks.-Nea-420x420.webp 420w, https:\/\/letrashipnoticas.org\/wp-content\/uploads\/2025\/02\/DALL\u00b7E-2025-02-21-14.19.20-A-dark-shadowy-cabin-where-prisoners-lie-in-silence-waiting.-The-dim-interior-is-barely-illuminated-by-faint-moonlight-filtering-through-cracks.-Nea-696x696.webp 696w\" sizes=\"auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los prisioneros aguardaban echados en la penumbra de la caba\u00f1a. Al fin, cerca de las doce en punto, escucharon el cambio de guardia: pasos, murmullos, linternas que iban y ven\u00edan. Ilhuicamina, que hab\u00eda estado atento con el o\u00eddo pegado a la pared, alz\u00f3 la cabeza e hizo una se\u00f1a a los dem\u00e1s. Era el momento.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Con suma cautela, Hutzilopochtli se incorpor\u00f3 y empuj\u00f3 la puerta con la esperanza de encontrarla sin tranca. Sab\u00eda que, en los relevos, a menudo se cambiaba tambi\u00e9n al guardia que vigilaba la caba\u00f1a, provocando una breve confusi\u00f3n al cerrar y abrir. Para su fortuna, el pasador interno estaba suelto. Desliz\u00f3 la madera con lentitud, evitando cualquier crujido brusco.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La puerta se abri\u00f3 un palmo y, a trav\u00e9s de la rendija, observaron la parte trasera del campamento. El cielo, tachonado de estrellas, les permit\u00eda ver que no hab\u00eda guardia justo en ese \u00e1ngulo. Al fondo, un centinela pasaba con una linterna, pero con la atenci\u00f3n puesta en las sombras del bosque, no en la caba\u00f1a.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Ahora \u2014susurr\u00f3 Ilhuicamina.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Con un movimiento r\u00e1pido y silencioso, se descolgaron de la caba\u00f1a y se agacharon junto a unos barriles vac\u00edos. Desde all\u00ed, rastrearon el camino hasta la bodega de provisiones, su siguiente objetivo. El aire ol\u00eda a p\u00f3lvora y al humo de las fogatas que se hab\u00edan encendido para calentar a los soldados. A lo lejos, se o\u00edan voces dispersas. Era la perfecta banda sonora para una fuga clandestina.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El robo de provisiones<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Apenas diez metros separaban los barriles de la bodega, pero se sent\u00edan como una eternidad. Uno tras otro, los cuatro prisioneros se deslizaron pegados a la empalizada, evitando la luz de la luna que ba\u00f1aba el centro del campamento. Cuando atisbaban alguna silueta rondando, se deten\u00edan conteniendo el aliento.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Llegados a la puerta de la bodega, descubrieron que estaba asegurada con un simple candado. P\u00e1nfilo, que llevaba d\u00edas estudiando la cerradura, extrajo un pedazo de metal doblado que hab\u00eda logrado ocultar en su camisa. Con mano temblorosa, empez\u00f3 a manipular el candado. Tard\u00f3 unos angustiosos segundos. En cualquier momento pod\u00eda aparecer un soldado, y el coraz\u00f3n de los fugitivos lat\u00eda con fuerza. Por fortuna, tras un par de giros, se oy\u00f3 un clic. El candado cedi\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Se escabulleron dentro, donde un leve aroma a ma\u00edz y frijol reseco les invadi\u00f3. Con la prudencia propia de quien sabe que un crujido puede delatarlos, llenaron un par de sacos peque\u00f1os con los granos m\u00e1s f\u00e1ciles de cargar. Tambi\u00e9n consiguieron cantimploras con agua y algo de tasajo salado, apto para resistir varios d\u00edas sin descomponerse. Hutzilopochtli, mientras tanteaba en la penumbra, hall\u00f3 un viejo cuchillo de monte abandonado en un rinc\u00f3n, sin funda. Se lo guard\u00f3 con cuidado en la cintura.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Mientras sal\u00edan, escucharon pasos que se acercaban. Un soldado franc\u00e9s avanzaba, quiz\u00e1 alertado por alg\u00fan ruido, o simple rutina de vigilancia. R\u00e1pidos como el rayo, los cuatro se arrimaron tras unos costales apilados junto a la bodega. El uniformado se detuvo apenas a un par de metros de ellos, mirando hacia la puerta abierta. Durante un instante que pareci\u00f3 eterno, el soldado ote\u00f3 la oscuridad, y pareci\u00f3 disponerse a entrar. Pero en ese preciso momento alguien lo llam\u00f3:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014\u00a1Eh, Renaud! \u00a1Ven, necesito ayuda aqu\u00ed!<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El soldado gir\u00f3 sobre sus talones y se march\u00f3 con paso apresurado, dejando el acceso libre. Ilhuicamina, sintiendo la adrenalina hervirle en la sangre, asinti\u00f3 hacia los dem\u00e1s para retomar la marcha.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La huida hacia el barranco<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Con los sacos de provisiones al hombro, se dirigieron hacia la parte occidental del campamento, donde un cerco de palos improvisado daba paso a la zona m\u00e1s escarpada de la sierra. All\u00ed sab\u00edan que la vigilancia sol\u00eda ser menor. Avanzaron con sigilo, esquivando una hoguera apagada y varios montones de escombros, restos de los trabajos de fortificaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cuando al fin divisaron el barranco, sintieron un escalofr\u00edo. La pendiente era pronunciada y el terreno irregular, pero no hab\u00eda otra alternativa que descender con cautela para alcanzar el lecho del arroyo seco. Hutzilopochtli fue el primero en asomarse, tanteando las rocas y ra\u00edces que podr\u00edan servir de apoyo. Un paso en falso pod\u00eda provocar un estr\u00e9pito fatal, alertando a los soldados y condenando su fuga.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Con cuidado, pisen firme \u2014indic\u00f3, en voz baj\u00edsima.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ilhuicamina, P\u00e1nfilo y Eleuterio siguieron sus pasos, aferr\u00e1ndose a las ramas y extremidades del terreno para no rodar cuesta abajo. La penumbra jugaba a su favor, pero hac\u00eda el descenso m\u00e1s peligroso. A pesar de todo, avanzaron con determinaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">De pronto, se escuch\u00f3 un lejano grito de alarma en el campamento:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014\u00a1Los prisioneros no est\u00e1n! \u00a1Han escapado!<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La noticia se propag\u00f3 con rapidez. En cuesti\u00f3n de segundos, resonaron voces de mando, silbatos y disparos de advertencia. Algunos soldados franceses aparecieron en lo alto del barranco con linternas, intentando localizar a los fugitivos. Sin embargo, la densa noche y la maleza dificultaban su visi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014\u00a1R\u00e1pido, apresur\u00e9monos! \u2014apremi\u00f3 Eleuterio, mientras se descolgaba de una roca y casi resbalaba.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ilhuicamina, jadeando por el esfuerzo y la tensi\u00f3n, alz\u00f3 la vista. Vio las linternas movi\u00e9ndose fren\u00e9ticamente en el borde del barranco. El coronel Holtmez y el capit\u00e1n Fouch\u00e9 vociferaban \u00f3rdenes, intentando organizar a los soldados. Se o\u00eda c\u00f3mo algunos se dispersaban por el flanco sur, buscando un descenso menos arriesgado. El clamor de la persecuci\u00f3n estaba a punto de encenderse.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No obstante, la oscuridad brindaba a los prisioneros una ventaja inestimable. Con cada metro que bajaban, las voces francesas se iban atenuando, y la cortina de vegetaci\u00f3n resultaba un excelente escudo natural. Al llegar al fondo, notaron que la corriente del arroyo estaba seca, dejando un cauce angosto y pedregoso por el que se pod\u00eda caminar a media altura, sin ser vistos desde arriba.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Lo conseguimos\u2026 al menos de momento \u2014dijo P\u00e1nfilo, luchando por recobrar el aliento.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ilhuicamina se gir\u00f3 para ver a sus compa\u00f1eros: Hutzilopochtli apretaba su costado herido, pero segu\u00eda firme. Eleuterio, con la respiraci\u00f3n acelerada, manten\u00eda el cuchillo en la mano, listo para repeler cualquier ataque sorpresa. Los cuatro se miraron con una mezcla de alivio y v\u00e9rtigo. Sab\u00edan que la cacer\u00eda apenas comenzaba, y que el ej\u00e9rcito de Montparnase y sus oficiales no se quedar\u00edan de brazos cruzados.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El eco de gritos y \u00f3rdenes francesas resonaba en la noche, record\u00e1ndoles el peligro. Aun as\u00ed, la libertad, esa brisa revitalizante, les inflaba el \u00e1nimo. Por primera vez en d\u00edas, dejaron de sentir en los tobillos y las mu\u00f1ecas el peso de las cadenas. Ya no eran prisioneros, sino fugitivos resueltos a cruzar la sierra para reunirse con la patria. Aunque sab\u00edan que la traves\u00eda ser\u00eda dura y el enemigo no les perder\u00eda la pista, albergaron la convicci\u00f3n profunda de que su causa \u2014la defensa de M\u00e9xico\u2014 los guiar\u00eda entre los riscos y las sombras hasta un nuevo amanecer.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Arturo V\u00e1squez Urdiales PARTE IV&nbsp; Las noches en la sierra se sucedieron con inusitada tensi\u00f3n tras el incidente del caballo robado. 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